10 alternativas a las “consecuencias” cuando tu hijo no coopera

10 alternativas a las “consecuencias” cuando tu hijo no coopera

Elimina por completo la palabra “consecuencia” de tu vocabulario y reemplázala por la expresión “resolución-de-problemas”.Becky Eanes

Mi hija de 3 años y medio estaba sentada en el sofá después del baño envuelta en la toalla y me respondió con un NO unas 5 veces cuando le pedí que se pusiera su pijama. Yo estaba ocupada con el bebé, y escuché a mi marido decir “Vale, muy bien. ¡Pues no hay cuento!” , así que dije “¡Eh! Parece que tenemos un problema. Es hora de ir a la cama y necesitas llevar puesto el pijama. ¿Cómo crees TÚ que podríamos solucionarlo?” . Entonces esbozó una gran sonrisa, y propuso que todos fuéramos formando una fila y dando palmas hasta su habitación… ¡alegremente! ¡Y lo mismo para cepillarse los dientes y hacer caca después! En cada ocasión dije: “¡Ey!, ¡excelente habilidad para resolver los problemas! ¡Gracias!”. ¿Y cuál fue su respuesta?”¡De nada, mamá!” – Carrie

La mayoría de los expertos en crianza sugieren que cuando los hijos “se portan mal” la mejor manera de actuar es mediante “consecuencias”. A los padres se les dice que dejar a los niños experimentar las consecuencias de sus erróneas decisiones les enseñará lecciones. Tiene sentido, ¿verdad?

Bien, pues no.

Me encantan las consecuencias naturales como maestra. Todos hemos tenido que aprender que si no recordamos llevarnos el almuerzo, estaremos hambrientos.

Pero cuando la mayor parte de los padres emplean las “consecuencias” para disciplinar, éstas no son el resultado natural de las acciones de los hijos (“Olvidé llevarme el almuerzo hoy, así que me quedé hambriento“). En su lugar, se han convertido para los hijos en las amenazas que escuchan en boca de sus padres: “Como tenga que detener el coche e ir ahí atrás, ¡¡¡habrá consecuencias!!!” .

En otras palabras, Consecuencia significa Castigo. Si amenazas con la pérdida de un privilegio o con un “tiempo para pensar”, eso es castigo, lo cual significa causar dolor físico o emocional a otra persona con el propósito de conseguir que haga las cosas a tu manera (o por venganza). Y el castigo se ha demostrado repetidamente que resulta inapropiado en la crianza de los hijos1 2. Es muy simple: los castigos dan lugar a luchas de poder, y no ayudan al niño a interiorizar una auto-regulación.

¿Preocupado acerca de qué harás sin la amenaza de las consecuencias para mantener la cooperación en tu hijo? La próxima ocasión en que tu hijo rechace tu guía y te encuentres apunto de soltar una amenaza, intenta en su lugar optar por una de las siguientes acciones:

1. Deja que tu hijo solucione el problema. “Todavía no te has cepillado los dientes y quiero estar seguro de que tenemos tiempo para un cuento. ¿Qué podemos hacer?Es sorprendente cómo los niños asumen la responsabilidad cuando se la ofrecemos. Les encanta ayudar y solucionar problemas. A veces lo único que necesitan es un poco de respeto.

2. Busca soluciones en las que todos salgáis ganando. Si tu hijo no ofrece una solución válida para ti, explícale por qué y ayúdale a buscar otra nueva.”¿Crees que podrías saltarte el lavarte los dientes esta noche? Mmm… eso no me vale porque tus pobres dientes seguirían con gérmenes que podrían hacerte agujeritos en ellos. ¿Qué otra cosa podríamos hacer para que tus dientes queden limpios y tengamos tiempo para un cuento? ¿Quieres ponerte el pijama primero y luego cepillarte los dientes?” Una vez que tu hijo crea que vas en serio con las soluciones en las que todos ganan, estará mucho más dispuesto a cooperar contigo en la búsqueda de soluciones válidas para todo el mundo.

3. Invita a la cooperación con tus palabras. Considera la diferencia entre estas aproximaciones:

  • Ve a cepillarte los dientes ya” – Puesto que a nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer, una orden directa como ésta invita con frecuencia a la resistencia, ya sea de forma igualmente directa o dejando las cosas “para luego”.
  • ¿Puedes ir a cepillarte los dientes ahora?” – Muchos niños se apoyarán en esta pregunta y simplemente contestarán con un “No”. No formules tu petición en la forma de preguntas “sí o no” a menos que estés dispuesto a aceptar un “No” por respuesta.
  • ¿Quieres cepillarte los dientes ahora, o después de ponerte el pijama?” – Esta estrategia funciona porque estás extendiendo a tu hijo el respeto de otorgarle algo de control, al mismo tiempo que mantienes la responsabilidad de tomar las decisiones que necesites como padre. Por supuesto, ofrece solamente opciones que puedas aceptar.
  • Ya puedes ir a cepillarte los dientes” – Casi suena a privilegio, ¿verdad? Es una orden, pero calmada y respetuosa. Funciona especialmente bien con los niños que están sobre estimulados a la hora de ir a la cama y sobrepasados por las opciones de elección.

4. Pide una vuelta a empezar. “Vaya… Te dije que te cepillaras los dientes, me ignoraste y entonces empecé a gritar. Lo siento. Volvamos a empezar.” Ésta es una excelente manera de interrumpir la dinámica cuando estás atascado por el mal camino. Sitúate a la altura de tu hijo y establece una conexión cálida con él. Mírale a los ojos. Tócale. “Vale, intentémoslo de nuevo, cariño. ¡Es la hora de cepillarse los dientes! ¿Cómo podemos trabajar juntos, como un equipo, para conseguir echar a esos gérmenes fuera de tus dientes?“.

5. Más vale prevenir que curar.

  • Antes de pedirle al niño que deje de hacer lo que está haciendo para pasar a otra cosa, avisa con suficiente antelación Y dedica unos pocos minutos a conectar con tu hijo.
  • Reflexiona sobre aquello que habitualmente dispara los problemas en tu hijo y lleva a cabo acciones preventivas.
  • Reserva siempre algo de tiempo extra para dejar hecho aquello ante lo que tu hijo suele mostrar resistencia, así estarás más relajado.
  • Evita las luchas de poder en general, así aumentará su predisposición para colaborar cuando realmente necesites que lo haga.

6. Cuando tu hijo te desafíe, céntrate en la relación, en lugar de en la disciplina. Una buena relación entre tu hijo y tú es la base; tratar de guiarle sin ella no es efectivo, porque el niño dejará de preocuparse por complacer tus peticiones. Un niño con mal comportamiento está, o bien muy alterado, o bien expresando su necesidad de una mejor relación contigo. En cualquier caso, las “consecuencias” harán que la situación empeore. No te estoy sugiriendo que hagas la vista gorda con el mal comportamiento, sino que simplemente lo interpretes como una “bandera roja” ante la cual es necesario efectuar alguna reparación en la relación con tu hijo.

7. Asegúrate de que tus expectativas son apropiadas para la edad del niño.

  • Un bebé de un año necesita una casa a prueba de bebés, no aprender mediante consecuencias cómo dejar en paz al reproductor de DVD.
  • Un niño de cuatro años necesita tu ayuda para adaptarse a la rutina de ir a la cama, no perder tiempo de lectura de leer cuentos contigo porque se distraiga o se entretenga.
  • Un niño de diez años necesita tu ayuda para hacer que la rutina de hacer los deberes se convierta en un hábito que funcione para él, no perder sus privilegios de ver la televisión. (Aunque dejar que los niños vean la televisión durante la semana repercutirá casi con total seguridad de forma negativa en sus notas escolares. Pero eso es una elección de estilo de vida, no un castigo).

8. Céntrate en la raíz del problema. Con frecuencia, cuando los hijos nos desafían, en realidad nos están pidiendo ayuda con sus emociones. Sabrás que esto está ocurriendo cuando tu hijo se muestre infeliz y te esté haciendo a ti infeliz; cuando sea lo que sea que intentes, simplemente no funcione. En esos momentos, tu hijo te está mostrando que tiene algunos grandes sentimientos que necesita expresar, y que necesita tu ayuda. Puede estar enfadado, o asustado, o triste. Puede que lo único que necesite sea llorar. De modo que si estableces un límite y tu hijo te desafía, olvídate de los castigos y de las consecuencias. Se trata de una bandera roja que te indica que el niño necesita tu ayuda. Conecta con él, reafirma el límite, y permítele tener su crisis. Tan pronto como tu hijo tenga la oportunidad de mostrarte abiertamente todos esos sentimientos que estaba reprimiendo, lo encontrarás mucho más cooperativo.

9. Involucra al cerebro. Cuando los humanos estamos alterados, nuestro cerebro no funciona del todo bien porque la estrategia de “lucha o huída” toma el mando sobre nuestra capacidad para pensar. Empieza respirando hondo y calmando tus propias emociones, para mostrar a tu hijo que esto no es una emergencia. Después, conecta estrechamente con tu hijo para que se sienta seguro de nuevo. Ello desplazará a la “lucha o huída”, por lo que podrá volver a pensar. Finalmente, invita a su cerebro a participar ayudando a entender lo que está sucediendo:

Estás muy alterado. Te estabas divirtiendo mucho jugando con Papá. Entonces te dijo que te cepillaras los dientes. Y enloqueciste, ¿verdad? … Papá te dijo que esta noche no habría cuento, ¿no? … Y ahora te sientes muy disgustada y triste. Estoy aquí, contigo. Te quiero. Papá te quiere. Él también estaba alterado, pero ahora está aquí para abrazarte… Busquemos la manera de que todos podamos tener una noche agradable y no sentirnos mal cuando te llevemos a tu cama. ¿Qué tal si empezamos todos de nuevo desde el principio?

Esto construye inteligencia emocional en tu hijo (y en tu pareja). E incluso si no consigue poneros a todos de acuerdo, ¡al menos estaréis en la misma onda!

10. Usa consecuencias naturales. No estoy sugiriendo que muevas cielo y tierra para proteger a tu hijo de las consecuencias naturales de sus elecciones. Todos necesitamos aprender lecciones, y si tu hijo puede hacerlo por sí mismo sin demasiado daño, la vida es una gran maestra. (Entiéndase; no vas a permitirle que tenga una conmoción cerebral para que aprenda que debe llevar el casco mientras monta en bici.) Pero deberás asegurarte de que se tratan de consecuenciales “naturales que no serán percibidas por tu hijo como castigo, por lo que no dispararán todos los efectos negativos de estos. Es más, querrás estar seguro de que tu hijo está convencido de que no eres tú quien está orquestando la consecuencia y de que estás firmemente a su lado, por lo que no estarás perjudicando tu relación con él. Observa la diferencia entre estas aproximaciones:

  • Por supuesto que te llevaré tu almuerzo a la escuela, cielo. No quiero que estés hambriento. Pero procura recordar llevártelo mañana.” – El niño puede o no recordarlo mañana. No hay problema en llevarle la comida una o incluso dos veces, si puedes permitírtelo. Todos hemos olvidado alguna vez cosas como el almuerzo, y no es ningún tipo de señal de que tu hijo será un irresponsable de por vida. Pero sí es una señal de que necesitas ayudar a tu hijo con el uso de estrategias de auto-organización.
  • De ninguna manera voy a dejar lo que estoy haciendo para llevarte el almuerzo. Espero que esto te sirva de lección.” – El niño probablemente aprenderá a recordar llevarse el almuerzo. PERO llegará a la conclusión de que sus padres no se preocupan por él, y se empezará a mostrar menos cooperativo en casa. (Y como dice mi hija adolescente, “Yo nunca le pediría ayuda a un padre así cuando realmente la necesite“.)
  • Vale, te llevaré el almuerzo pero te aseguro que será la última vez. Olvidarías tu cabeza si no estuviera pegada. Y no esperes que siempre deje todo para sacarte de tus apuros.” – El niño no aprende a recordar llevarse el almuerzo, sino que aprende que es una persona olvidadiza que irrita a sus padres. En el futuro actuará en concordancia con esta expectativa.
  • Siento mucho que olvidaras tu almuerzo, cariño, pero llevártelo no es una opción válida para mi. Espero que no pases demasiada hambre. Cuando llegues esta tarde a casa te estará esperando la merienda.” – El niño aprende a recordar llevarse el almuerzo, Y se siente atendido, Y su imagen de sí mismo se mantiene intacta.

 

Re-entrenarte a ti mismo puede ser difícil. Pero como dice Becky Eanes, simplemente suprime la palabra consecuencias de tu vocabulario, y sustitúyela por la expresión “resolución-de-problemas”. Te sorprenderán los milagros que puedes lograr.


Traducido del artículo “10 Alternatives to “Consequences” When Your Child Isn’t Cooperating“, por Dr. Laura Markham, fundadora de AhaParenting.com y autora de Peaceful Parent, Happy Kids: How To Stop Yelling and Start Connecting.

1 Por qué el castigo no enseña al niño su responsabilidad (en inglés).

2 Los castigos y sus efectos.

(Imagen de cabecera usada bajo licencia CC – Amanda Tipton via Flickr)
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Crianza respetuosa Equilibrio personal y familiar

26 comentarios

  1. BuggyMama dice:

    Como siempre muy interesante!!!
    Me encanta que nos muestres estos recursos para resolver conflictos. Yo tengo un problema y es que estoy de acuerdo con esto y me gustaría actuar así, pero reconozco que en caliente pierdo los nervios!!! Algún consejo?

    Un abrazo

    • ¡Hola BuggyMama! :-)

      ¿Un consejo? Bueno, mejor te respondo con una situación similar: imagina que estás en el trabajo y últimamente tu jefe te está exigiendo un esfuerzo extra que te tiene muy agotada y con mucho estrés. Entonces viene tu jefe y te pide que, además de lo que tienes pendiente, le saques un nuevo informe trimestral (por ejemplo). ¿Cómo reaccionarías? ¿Perderías los nervios y le chillarías o amenazarías? En este caso es obvio que los costes de esa actitud serían mucho mayores que los beneficios.

      Lleva esa situación al hogar, a los hijos. ¿Cuáles son los costes y los beneficios de perder los nervios y amenazar a los hijos? ¿Consideras justo perder los nervios con tus hijos y saber reprimirlos con tu jefe?

      La gran diferencia entre uno y otro caso está en la presentación del efecto de perder los nervios: el niño baja la cabeza, llora, se asusta, pero dentro de media hora estará otra vez jugando, y parecerá como si no hubiera pasado nada. El jefe nos deja en el paro, efecto inmediato.

      Date tiempo para ir progresivamente controlando ese impulso, esa pérdida de nervios. La sociedad ha aceptado chillar, amenazar e incluso pegar a los niños. Y tenemos que asumir que estamos influenciados, en mayor o menor medida, por ella. Pero con tiempo y sobre todo con ganas se puede encontrar un equilibrio entre la manera en que desearías criar a tus hijos y la manera en la que realmente lo haces.

      Perdón por el “speech”, ¡ja, ja, ja! ¡Gracias, como siempre, por pasarte y comentar! :-)

      • BuggyMama dice:

        Me parece muy interesante el simil con el jefe, aunque te advierto que con él me cuesta casi más reprimirme y no estrangularlo. Pero llevas razón muchas veces somos comprensivos con los demás y no con nuestros propios hijos.
        Y no te preocupes, me tu speach me ha resultado muy útil!

        Un abrazo!

  2. Sonia dice:

    Excelente! me gusta más que las consecuencias que propone “Disciplina positiva”…no sé si has tenido la oportunidad de escuchar alguna de sus conferencias. Lo compartiré y lo más importanté: lo pondré en práctica.

    Cariños!

    • Muchas gracias, Sonia :-) “Disciplina positiva” lo conozco como método (originalmente etiquetado así por Jane Nelsen). No sé si te refieres a ella cuando hablas de esas conferencias…

      Un placer para mi que te guste este artículo y más aún que lo compartas :-) ¡Gracias!

  3. ingrid dice:

    Hola! me parece muy interesante el articulo, mi hijo tiene 10 años y de un tiempo para aca quitamos por completo eso de “una nalgada a tiempo” y hemos tratado (y mucho) de eliminar gritos, castigos, etc…. Desafortunadamente no ha funcionado como quisieramos pues el aun se reusa hacer lo que le toca en casa (como su cama, juguetes, area de la tarea) sin embargo tengo la certeza que con el tiempo lograremos acoplarnos perfectamente. A veces mi esposo se desespera mas pues su familia no esta de acuerdo con nuestras ideas y sabes que eso influye mucho. Pero bueno, me da gusto leer articulos y comentarios como este pues se que no soy la unica “con ideas raras para criar” como me dicen. Saludos. ;)

    • Hola Ingrid,

      Enhorabuena por esos grandes pasos que habéis dado con vuestro hijo retirando los castigos y tratándole con el mayor respeto posible. Precisamente porque durante mucho tiempo fue educado con otros métodos, es normal que os parezca que el nuevo método más respetuoso “no funciona” todo lo bien que creíais. Pero mi recomendación es que no sólo busques los progresos a corto plazo, sino que también lo hagas a medio y a largo plazo. Sin duda, la decisión que habéis tomado es la más acertada. Para el caso concreto de las tareas domésticas, una buena aproximación sería conseguir que se involucrara en ellas, no tanto por “lo que le toca” sino por “lo que puedes hacer por ayudarnos”. En este sentido, algo que suele funcionar muy bien es establecer acuerdos (escuchando y teniendo en cuenta sus preferencias) y darle alternativas de elección.

      Con respecto al entorno, ocurre demasiado a menudo que critique este tipo de decisiones. Pero lo importante es cómo lo veáis vosotros, no como lo ven los demás.

      ¡Muchas gracias por leer y comentar!

  4. adrian dice:

    Hola! Me encanta leer este tipo de consejos y los veo en su mayoria como una gran alternativa a la educacion tradicional, choco un poco porque me preocupa que al practicar unicamente este tipo de crianza el niño se tope con un muro.de intolerencias en el mundo exterior, donde la gente no tiene la paciencia que sus padres le dan, ni sus maestros la sabiduria emocional, o sus compañeros el tacto de un adulto y él que esta acostumbrado a un ambiente distinto sufra. También me cuesta trabajo lidear con sus negativas a hacer algo cuando en verdad, no tengo esos 2 min para encontrar la solucion en equipo.

    • Hola adrian,

      Muchas gracias por tu comentario. Tu preocupación sobre la diferencia entre los dos tipos de ambiente (hogar y externo) es del todo lógica y bastante habitual, por cierto, en los padres que desean una crianza más respetuosa y cariñosa pero que todavía albergan algunas dudas. Sin embargo, de ninguna manera este tipo de crianza “produce” futuros adultos menos adaptados al medio, sino todo lo contrario: precisamente la crianza respetuosa provee al niño de las herramientas necesarias para afrontar adecuadamente las dificultades de la vida. Un niño que ha aprendido a gestionar sus emociones en su infancia, y que éstas fueron siempre respetadas y comprendidas por sus padres, se sentirá mucho más seguro al enfrentarse a los problemas de la etapa adulta.

      A raíz de tu comentario, en los próximos días publicaré una nueva entrada en el blog sobre este tema, porque en cuanto se profundiza un poco en él se da uno cuenta de que, lejos de ser de un inconveniente, es uno de los grandes beneficios de la crianza con apego.

      Con respecto a la segunda cuestión, la falta de tiempo, decirte que te comprendo, porque llevamos un ritmo de vida frenético y apenas tenemos tiempo para nada. Pero merece la pena intentar hacer el esfuerzo de buscar esos “2 minutos”. Cada situación es distinta, y cada niño es distinto, pero quizás lo que está pidiendo el niño es precisamente esos 2 minutos de tu atención.

      Muchas gracias de nuevo por leer y por comentar.

  5. Erika dice:

    Hola, es la primera vez que leo este blog y justo a tiempo que lo hago pues mi pequeña tiene 6 meses apenas y me gustaría estar preparada para cuando me toque enfrentar estas situaciones poderlo hacer con amor y respeto, pero teniendo bajo control la situación.
    En teoría suena lógico, ya veremos en un par de años en la práctica que tal.
    Gracias por compartir.

    • Hola Erika,

      Con sólo seis meses que tiene la pequeña aún estoy a tiempo de darte la enhorabuena por esa “recién” estrenada maternidad :-) ¡Felicidades!

      Como suelo decir en otros posts, criar con amor y respeto no significa ser permisivos, por lo que es perfectamente posible tener el control de la situación. Espero que te sigan gustando las entradas del blog y que las encuentres útiles.

      Muchas gracias a ti por pasarte y comentar.

  6. Alejandra López dice:

    Hoy Sam (2 años, 11 meses) no se quería cambiar para salir de casa… Se fue a sentar a otro cuarto muy enojado y le dije: “Sam, se hace tarde y sigues en pijama… ¿Cómo hacemos para que te vistas y puedas irte a tu clase? ¿Qué solución propones?” Respuesta: “Que me des una sorpresa de chocolate después de vestirme”…. jajajaja… Me sorprendió pues no esperaba eso… Creo que no es una buena solución que ahora me vaya a pedir chocolate cada que pida solución… ¿Qué se les ocurre a ustedes que debí haber hecho?…

    • Hola Alejandra,

      ¡Vaya, vaya, vaya…! El pequeño (¿o es pequeña, de Samantha?) Sam es muuuy listo :-D No, ahora en serio: ponte por un momento en la situación de Sam: “Me están pidiendo que busque una solución para vestirme. Mmmm… pues… ¡chuches!”. Normal, si de mi elección exclusiva se tratase, habría optado por una solución así al problema, seguro :-)

      Hiciste fenomenal en pedirle colaboración para buscar la solución. Pero un niño de esa edad necesita un poco más de ayuda a la hora de encontrar la solución adecuada (de hecho, estar en pijama no representa ningún problema para él, sino para Mamá). Por ejemplo, puedes ofrecerle opciones limitadas de elección. Por ejemplo: “Sam, se hace tarde y sigues en pijama… ¿Cómo hacemos para que te vistas y puedas irte a tu clase? ¿Prefieres vestirte ahora, o desayunar primero y vestirte después?“.

      Dos cosas a tener en cuenta en su caso: 1) como padres, debemos comprender que hay tareas que pueden resultar más agradables y otras menos agradables para los niños, y en consecuencia podemos esperar una cierta resistencia menor o mayor; y 2) si ciertas asociaciones ya han sido establecidas para Sam (por ejemplo, “si me visto deprisa me darán chocolate”), será necesario eliminar tal asociación primero para obtener su colaboración.

      Muchas gracias Alejandra por leer y comentar tu experiencia. Enhorabuena por tu actitud cariñosa y sobre todo respetuosa con Sam :-)

  7. Anna dice:

    La cuestión es cómo afrontar todo esto cuando ni siquiera escucha. Porque hay momentos en que da igual que le preguntes su opinión, o que intentes buscar su colaboración, su sugerencia o su opinión sobre cómo resolver determinado conflicto, porque ni siquiera es capaz de escuchar lo que estás diciendo. Ahí sí que no sé cómo hacer, y mira que lo he intentado mil veces.

    • Hola Anna,

      Como pasa en otros ámbitos de la vida (por ejemplo, en los problemas de pareja) no es igual intentar solucionar los problemas cuando estos son escasos y recientes que cuando son múltiples y prolongados en el tiempo. Si el niño ni tan siquiera quiere escuchar, debemos asumir que hay que trabajar más desde la base del problema, en lugar de esperar soluciones (por ejemplo, su colaboración) inmediatas.

      En esos casos como el que comentas es especialmente importante que controlemos nuestras propias emociones antes que nada, y que luego tratemos de “conectar” con el niño. Demostrarle que comprendemos y aceptamos sus emociones (las conductas pueden o no aceptarse, las emociones habría que aceptarlas siempre). Sólo así, sintiéndose comprendido, recuperará la confianza en nosotros y podrá expresarnos mejor por qué se niega tan siquiera a escuchar, y las ganas de colaborar para intentar arreglar la situación.

      Es muy importante adaptar la conversación a la edad del niño. Un niño de dos años y medio, por ejemplo, simplemente es incapaz de controlar sus emociones, tal como se producen en su interior las exterioriza como únicamente sabe hacerlo. Pero un niño algo más mayor ya es capaz de expresar rudimentariamente sus sentimientos. En cualquier caso, sea cual sea su edad, lo más importante es que el niño sienta que estamos ahí para acompañarle en esos malos momentos, y ofrecerle nuestra comprensión y ayuda.

      Muchas gracias Anna por dejar tu comentario.

  8. Lily dice:

    Es la primera vez que leo este blog y la primera que escribo en uno. Tal vez esto demuestran lo desesperada que estoy porque la relación con mi hijo mejore.
    El era un niño maravillo y no digo que ya no lo sea pero peleamos mucho porque tiene días muy rebelde y pegón. A veces me saca de control y no quiero distanciarme de él. Tan sólo tiene tres años y medio y ya parece adolescente.
    Puede estar muy bien y de repente sin la mayor provocación empuja a su hermana, si me acerco para decirle que eso no se hace me grita “vete!” (su palabra favorita desde hace días cuando lo reprendo); me pega, al pedirle que recoja sus juguetes o haga algo responde con un tajante no!, pleito a la hora del baño, dormir… en fin que todo el día es un pleito y un llorar. Y lo peor que siento que empieza a influir en su hermana de un año y medio de manera negativa.
    Intento ofrecerle alternativas y él dice ninguna! Y practicar lo de las posibles soluciones y aún no las entiende o hace que no las entiende. Algún tip? Libro? Algo?!!

    • Hola Lily,

      Lamento que la relación con tu hijo no esté precisamente en su mejor momento. Las razones que le llevan a comportarse de esa forma pueden ser muy variadas, y posiblemente, estén relacionadas entre sí. Pero sí hay una cosa que está clara: sean las que sean, las tiene. Tiene sus razones. Y hay que intentar llegar hasta ellas, porque él es todavía muy pequeño para expresarlas convenientemente.

      En la situación en la que estáis, yo te diría que la prioridad debe ser, sobre todo, reconectar con tu hijo, y para ello lo primero es regular tus propias emociones, asegurándote de que permaneces lo más calmada posible durante la situación. Reconectar significa aceptar sus berrinches y acompañarle (si quiere) mientras las tiene, para que tenga claro que estás ahí, a su lado, como soporte ante su frustración. Dile que comprendes que se siente muy mal y que por eso se comporta mal, pero que quieres ayudarle y que juntos podréis hacer que se sienta mejor. Por supuesto, aceptar su rabieta no significa permitirle pegar.

      Las alternativas de elección suelen ser muy efectivas, pero hay que tener en cuenta una cosa: un niño distanciado emocionalmente de nosotros no se mostrará colaborador ni participativo en la búsqueda de soluciones. Probablemente esa sea la razón por la que tu hijo no las acepta. No lo conseguirás en una tarde, ni en dos (ya que parece que estáis en una situación complicada), pero si permaneces “de su parte” con paciencia y sin perder los nervios, pronto se irá recuperando esa conexión, y consiguientemente estará más dispuesto a buscar una solución a los problemas.

      Éste es el mejor tip que puedo darte. Mucha suerte con tu pequeño, y muchas gracias por leer y escribir.

  9. Asombrada dice:

    Wow… estoy asombrada de esta nueva generacion de mamas. Admiro muchisimo su profundo amor x sus hijos y su completa atencion a estos. Lo que me preocupa es, sin embargo, que polarizan ciertos temas como este. El aprender consecuencias no es igual a mostrar enojo con los hijos como lo describe el articulo. Es cierto, infundir un reino del terror no es lo adecuado, pero dejar que los hijos experimenten las consecuencias si (obviamente no al punto de exponer el bienestar del niño). Finalmente, temo un poco por esta generacion de mamas, porque si bien tienen derecho a educar como mejor crean, muchas veces muestran hostilidad, critica y rechazo cuando no se comulga con sus ideas, ese mismo del que tanto ellas padecen a su vez. Lo unico que espero es que en su afan de no “dañar” sus hijos no eduquen a niños que aprendan a controlar a sus padres, que sepan como salirse con la suya, y terminen como adultos algo egoistas, desinteresados en el bien comun, faltos de xompromiso y poco preparados realmente para la vida.

    • ¡Hola Asombrada! :-D

      La época en la que estamos ahora mismo es la época de la información. Aunque en internet hay mucha información (y también desinformación), en algunas áreas se evidencia la necesidad de mejorar algunos aspectos de la vida cotidiana. Y la crianza de los hijos es uno de ellos. Ahora bien, la polarización de ciertos temas es algo inherente a cualquier objeto de debate que encontremos en la red (y en la vida real también). Así, se polarizan temas de todo tipo como política, religión, deportes, etc. Pero cada uno es libre de opinar y actuar como considere, por supuesto.

      En este sentido en particular, yo censuro abiertamente aquellas actitudes encaminadas a dañar directamente la autoestima de la otra persona sólo porque haga las cosas de manera diferente a como las hago yo (o como creo yo que deberían hacerse). En alguna publicación lo he dicho de forma clara: al final, lo importante, es hacer lo que tú consideres que es lo mejor, para tus hijos, para la familia y, sobre todo, para ti. En este blog yo pongo sobre la mesa aspectos que considero que todo el mundo debería conocer, independientemente de que, al final, decida llevarlas a cabo o no. Tengo claro que si una persona opta por hacer algo sin estar segura de que es lo que debe hacer no funciona.

      En cuanto a tu comentario más concreto sobre el artículo, el gran problema de emplear las “consecuencias” es que, la mayor parte de las veces, son en realidad castigos disfrazados de consecuencias. Las consecuencias naturales (si tiro mi juguete por la ventana me quedaré sin él, si no como el desayuno tendré hambre) son perfectas para educar, pero por supuesto evitando aquellas que puedan suponer un peligro para el niño. Sin embargo, las otras consecuencias (muchas veces llamadas “lógicas”), son en realidad relaciones arbitrarias entre dos sucesos que los adultos usamos para corregir la conducta del niño (si no te tomas la merienda no vamos al parque). Y son este tipo de consecuencias sobre las que se centra este artículo. Puedes consultar algo más sobre las consecuencias lógicas en este mismo blog: http://paternidadconapego.com/consecuencias-logicas/

      Por último, y en relación a tu comentario final, permíteme que te enlace también esta otra entrada del blog: http://paternidadconapego.com/por-que-la-crianza-con-apego-si-les-prepara-para-el-mundo-exterior/

      ¡Muchas gracias por tu comentario!

  10. Sonia dice:

    hola, acabo de leer tu artículo y me ha gustado mucho. Tengo dos hijas, de 4 y 7 años y siempre hemos tratado de criarlas con respeto, con apego, pero a veces me resulta muy difícil y me saltan los nervios. La verdad es que me ha dado para reflexionar porque aunque no de forma muy habitual pero sí usamos las consecuencias, por ejemplo, mi hija mayor estropeó un bote de homeopatía recién comprado y le dije que tenía que comprar otro con el dinero que le dan sus abuel@s (le dan 1 € cuando l@s vemos, es una cantidad muy pequeña pero para ella es importante tenerlo). El caso es que mi hija mayor en un momento determinado comenzó a hacer las típicas trastadas que te cuentan: quita las boquillas del riego automático del huerto y las tira por ahí, nos esconde cosas, rompe cosas, vacía un bote de crema en el baño, pinta en la pared… cosas que nunca hizo de pequeña las hace ahora y a veces no sé cómo actuar y reconozco que a veces me exaspera y veo que no hay nada que funcione; adema´s ella siempre dice que ella no ha sido y que 2esta vez es verdad”. Supongo que nos está diciendo muchas cosas con esto, pero no logro saber el qué; pasamos mucho tiempo con ella, de hecho no está escolarizada…
    En fin, no sé si hay algo que se me escapa.
    Mucha sgracias

    • Hola Sonia,

      Disculpa la tardanza en responder a tu comentario. Las trastadas de tu hija mayor son “normales”, es decir, habituales en los niños de su edad. El que no las hiciera cuando era más pequeña no quiere decir que haya habido un retroceso en su “buen comportamiento”, sino que, simplemente, ahora esas actividades tienen un componente de diversión y curiosidad mayor que el que tenían hace unos años. Muy a menudo los padres solemos malinterpretar estos cambios de interés de los niños sobre las cosas, pensando que su conducta está destinada a “fastidiarnos”.

      Un niño o niña que miente es un niño que teme las consecuencias de decir la verdad. En este sentido yo optaría por asegurarme de que la niña comprende que no habrá consecuencias negativas (de ningún tipo, nunca) por decir la verdad; de lo contrario, aprenderá rápidamente a que hay situaciones en las que “me conviene más mentir que decir la verdad”. Con una niña de 7 años yo intentaría hacerle saber que estoy preocupado por su conducta últimamente y que quiero asegurarme de que se encuentra bien. “¿Hay algo que te hace sentir mal cuando [situación]?”.

      Pero no hay que sorprenderse y desilusionarse si la niña no lo expresa a la primera; para conseguir que nos exprese de la mejor forma que sepa qué le hace sentir mal, es necesario demostrarle que de verdad estamos dispuestos a colaborar con ella: sin gritos, sin amenazas, sin humillaciones. Respetando su tiempo para recuperar esa confianza, y respetando también sus sentimientos.

      Muchos ánimos, Sonia. ¡Y muchas gracias por pasarte y comentar!

  11. lola dice:

    Hola, tengo tres niños y con el pequeño de cuatro años me funciona muy bien este metodo pero con los dos mayores de once y nueve años me es muy complicado, se pasan el día peleando es un juego de poder entre ellos y me involucran a mi constantemente y me resulta muy difícil yo casi siempre estoy sola con los tres y si acompaño a uno el otro se siente desplazado y por otro lado el de nueve años cuando se enfada aunque conecte con el cuando esta expresando su enfadado insulta y hasta nos desea muerte yo cuando se tranquiliza le hago entender que esta bien enfadarse pero eso no se lo consentimos pero vuelve a hacerlo tiene mucho carácter y al final recurro al castigo, luego mi marido y padre es muy autoritario y me cuesta mucho el piensa que lo desautorizo a veces es difícil no intervenir porque sus castigos son desproporcionados y el de nueve con el se lleva fatal. Qué me aconsejas?

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