“A mí me castigaron y no me ha pasado nada”

“A mí me castigaron y no me ha pasado nada”

En respuesta a mi artículo sobre Consecuencias lógicas, Carmen escribió:

“Es muy interesante esto que cuentas, y muchas cosas tienen lógica. Pero más allá de todo ello, la realidad es que los niños muchas veces vuelven a hacer la misma trastada o faena por más que les digas que no lo hagan. Unas veces no lo hacen con maldad pero otras lo hace para fastidiar a su hermano o a su amigo. . Por suerte, no me pasa a menudo… En cualquier caso, una vez que ya les has dicho al niño por activa y pasiva, sin gritar, que algo no se hace y vuelve a reincidir, no creo que privarle de otra cosa a modo de castigo, sea tan malo… Yo no sé cómo serán los adultos que ahora son niños, a la gente de mi generación nos castigaron y creo que somos personas bastante normales, sin traumas y con un amor infinito hacia nuestros padres… Como siempre digo, cada caso es distinto, cada niño es distinto, cada situación es distinta, por tanto, las soluciones son distintas…”.

Naomi Aldort, autora del libro “Raising Our Children, Raising Ourselves” (“Criar a nuestros hijos, criarnos a nosotros mismos”, en castellano), escribió que “los motivos por los que un niño actuará de forma cruel o causará daño son siempre inocentes. A veces, se sentirá jovial y con un espíritu libre, y en otras, cuando muestre agresividad o enfado, se sentirá infeliz o confundido. Cuanto más indeseable sea su comportamiento, mayor será el malestar del niño y su necesidad de tu amor y comprensión. En otras palabras, no existe el mal comportamiento en los hijos. En lugar de ello, se trata de un niño que está haciéndolo de la mejor forma que puede, y al que nosotros no comprendemos“.

Los niños no actúan con malicia o “por fastidiar”, en el entendimiento de que éste nunca es el fin último de la conducta. Un niño que no conoce cómo gestionar sus emociones de manera apropiada puede acabar recurriendo a ciertas conductas indeseables que le sirven como vía de escape ante su propio malestar (por ejemplo, hacer rabiar a su hermano). El fin último del niño no es perjudicar a los demás, sino aliviar su propia frustración.

Cómo resolver una situación frustrante es algo que el niño aprende en función directa de cómo actuamos los padres. Si, ante un comportamiento inapropiado, los padres reaccionamos con compasión y comprensión (y firmeza al mismo tiempo), el niño estará mucho más predispuesto a escuchar y asumir nuestras explicaciones. Si, por el contrario, optamos por gritarle, ignorarle o castigarle, la conexión entre el niño y los padres se debilita, propiciando en el niño conductas de desafío, rebeldía, y sentimientos de desconfianza y baja autoestima.

Cuando recurrimos a los castigos estamos “tirando la toalla” en la búsqueda de soluciones respetuosas con el niño. En lugar de retroalimentarnos con lo inadecuado de nuestras técnicas para corregir la conducta, achacamos el fallo de las mismas al propio niño. No alcanzamos a comprender los motivos intrínsecos por los que el niño ha desarrollado el mal comportamiento, y como consecuencia de ello recurrimos a los métodos punitivos. Pero castigar puede ser tan irrespetuoso (o más) que gritar o ignorar, puesto que es precisamente en los momentos de malas conductas cuando más necesita el niño nuestra guía y comprensión.

Con mucha frecuencia escucho la frase “pues a mi me castigaron cuando era pequeño y no me ha pasado nada”. Yo plantearía la pregunta de otro modo: si no hubieras sido castigado de pequeño, ¿cómo habrías sido hoy? ¿Cuántas preocupaciones, inseguridades, o pequeños “estigmas” del pasado te habrías ahorrado? Los seres humanos somos tremendamente adaptativos al medio, aún en ambientes muy hostiles, y podemos aprender a vivir con altos índices de felicidad aunque nuestro entorno sea difícil. Pero esto no significa que las circunstancias desagradables de nuestra niñez no nos hayan dejado marcados, incluso de por vida, y muchas veces de un modo muy sutil. Las consecuencias de los castigos las abordo con más detalle en mi artículo Los castigos y sus efectos.

Un niño que está siendo castigado no comprende que se trata de lo mejor para él. Únicamente siente rabia, desesperanza y ganas de que el castigo cese cuanto antes.  Aunque yo sea una persona “normal” a la que “no le ha pasado nada” en el presente por haber sido castigado en la infancia, sin duda habría preferido no haber sido castigado.

(Imagen de cabecera via 123RF)

Himar Viera

Apasionado de la crianza basada en el respeto y el cariño. Entusiasta y estudiante de Psicología. Mi mayor logro: ser padre. Me ha cambiado la vida.

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Crianza respetuosa Experiencias Preparación para la paternidad

11 comentarios

  1. Bombones dice:

    Pues totalmente de acuerdo. Esto además hay que compartirlo, para que corra la voz y todos lo vayamos teniendo cada vez un poquito más claro.
    Gracias por el post.

    • Sí, yo escucho la afirmación que da título a esta entrada muy a menudo. En realidad es fácil llegar a pensarlo, porque los castigos no tienen consecuencias “visibles” a tan largo plazo, sino psicológicas, y no siempre sabemos identificarlas.

      ¡Muchas gracias a ti por seguir el blog y por comentar! :-)

  2. charline dice:

    Buen día, me han interesado todos los artículos que has publicado acerca de la disciplina, pero me han surgido varias dudas, espero las puedas resolver…
    Cabe mencionar que aun no soy madre pero trabajo con niños con y sin discapacidad y realmente creo que hay casos en los que veo poco viable usar un método ajeno al castigo, como por ejemplo un niño que tenga problemas de raciocinio o alguna alteración en la conducta debido a una patología especifica y con el agravante de que no soy su madre, ya que muchos de estos niños necesitan observar la consecuencia en el momento de sus actos para obtener un aprendizaje ya que si dejas pasar el tiempo sus facultades les dificulta evocarlo…
    Y otra duda, en un niño sin discapacidades,¿ como das una consecuencia lógica si su comportamiento no trae consecuencias inmediatas, como por ejemplo agredir a un compañero? y siendo yo ajena a su circulo familiar. Gracias y te felicito por tu pagina.!!

    • Hola charline,

      Los métodos de crianza que abordo en este blog están enfocados hacia niños y adolescentes sin discapacidades cerebrales. Los niños que cuentan con deficiencias cognitivas requerirán, obviamente, otras aproximaciones para su educación.

      Con respeto a los niños sin discapacidad cerebral, siempre existirá una alternativa respetuosa (e incluso más efectiva a medio y largo plazo) al castigo (ya sea físico o no). Comprender por qué el niño actúa de una manera determinada, averiguar qué “se esconde” tras esa conducta, empatizar con él, ofrecerle nuestra comprensión y cariño, no centrarnos en las consecuencias más que en buscar una solución… etc., son sólo algunas pistas para educar eficazmente sin necesidad de recurrir a ningún tipo de castigo.

      En cuanto a tu última pregunta, y centrándome momentáneamente en el ejemplo que pones, ¡claro que existe una consecuencia inmediata (más de una, de hecho) en agredir a un compañero!: éste último ha quedado muy disgustado tras la agresión, puede que incluso dolorido, ya no quiere jugar, puede que la próxima vez quiera devolverle la agresión, etc. Si explicáramos todo esto al niño que agrede, sin humillaciones, gritos ni amenazas, sin castigar, estaría mucho más predispuesto a comprender los motivos por los que no debe repetir la conducta que si empleamos otros métodos menos respetuosos con él. Por ejemplo, podría abordarse de la siguiente forma:

      Alberto, veo que debes sentirte mal como para haber pegado a Carlos. ¿Quieres que hablemos sobre cómo te sientes?. Una vez establecida una conexión con el niño, entonces podemos abordar el aspecto educativo: “Carlos ahora se siente muy mal, porque no entiende por qué le has pegado. Además le duele el golpe. ¿Cómo podríamos ayudarle a encontrarse mejor?“. Si no estoy equivocado, por tus comentarios deduzco que eres maestra. En este caso, una herramienta muy poderosa es hablar en grupo. Que Alberto exprese a todos sus compañeros (siempre que lo desee, sin forzar) cómo se siente, y que los demás niños opinen sobre lo ocurrido.

      Al ser tú ajena a su círculo familiar, debemos comprender que el niño pudiera presentar más resistencia, y reincidiera. En ese caso, mi recomendación es que, después de una conversación como la del párrafo anterior, separemos a los dos niños motivándoles a desviar la atención el uno del otro (ante todo, debemos evitar las agresiones). Conviene recordar que la educación sin castigos puede ser más lenta en mostrar sus resultados, pero mucho más efectiva enseñando valores que usando métodos punitivos.

      Mis disculpas por una respuesta tan larga. ¡Muchas gracias por tu comentario y por tu felicitación! :-)

  3. charline dice:

    Muchisimas gracias por tu pronta respuesta, se que me ayudaran a mejorar mis técnicas de trabajo y casi aciertas, soy neurorehabilitadora… buen día!

  4. Míryam dice:

    A mí mis padres nunca me castigaron y sí me han pasado cosas… por ejemplo, rebelarme pasivamente contra la arbitrariedad de los castigos en el colegio, tener un gran sentido de lo que era justo y lo que no, etc. Para reflexionar :)

    • ¡Hola Míryam!

      ¿¡Cómo se me pudo pasar este comentario tan interesante el otro día!? ¡Si es de los más interesantes que tengo! :-)

      Como bien dices, para reflexionar. Castigar muchas veces (por no decir siempre) es anular. Pero no sólo conductas, sino también pensamientos, iniciativas, inquietudes, amor propio… etc.

      ¡Gracias por comentar!

  5. Maluc dice:

    Hola Himar, yo he escuchado la misma frase o parecidas. Creo que ,como vos decís, muchas veces las consecuencias de esos castigos son muy sutiles, pero están presentes y sería lindo saber como seriamos hoy en día sin esos castigos…
    Creo que todos venimos a este mundo para amar y ser amados y así como de adultos no nos gusta que nos griten, maltraten, castiguen menos le va a gustar a un niño… y menos que menos que esos castigos vengan de sus propios padres.
    También creo que nada se puede enseñar a un niño a través del miedo ( una de las consecuencias de los castigos) ya que automáticamente se anulan los procesos de aprendizaje… es así no Himar? Yo no soy estudiante ni profesional de nada, solo mamá jeje
    Bueno muchas gracias por el articulo. Me gusto mucho. Saludos!!!

    • Todo lo que nos pasa durante la infancia (y durante toda la vida, en general) nos “marca” de alguna manera, especialmente los episodios negativos. Es así incluso con sosas que parecen absolutamente inocuas, pero que de alguna manera moldean, de forma no consciente para nosotros, nuestra personalidad. ¿Cómo no lo va a hacer, entonces, el desagradable momento en que somos castigados, ya sea física o psicológicamente?

      Dices algo clave: que esos momentos tan desagradables vengan, encima, de nuestros propios padres. Es algo a lo que el niño se acostumbra pero que nunca consigue comprender de verdad; se pasa toda su infancia escuchando el argumento de que “es por tu bien”, y sin embargo cuando es adulto no tiene claro que tales castigos hayan servido de nada bueno.

      Totalmente de acuerdo contigo, Maluc. ¡Muchas gracias por tu comentario! :-)

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