El conductismo es un modelo psicológico fundado a principios del pasado siglo por John B. Watson, y cuyo máximo exponente fue B. F. Skinner. Este modelo sostiene que el único acercamiento posible al estudio científico en Psicología debe centrarse exclusivamente en la conducta, descartando por completo, en su versión más extrema, la existencia de la mente. Según este modelo, el ser humano, al igual que el resto de animales, interactúa con el ambiente por la mera asociación de estímulos y respuestas.

Quizás uno de los experimentos más conocidos en el ámbito de la Psicología es el de Pavlov, quien condicionó en uno de sus perros un estímulo previamente neutro (el sonido de una campana antes de la presentación de la comida) para que provocara una respuesta incondicionada (salivar), incluso aunque no se le presentase comida alguna. Este tipo de condicionamiento se conoce como condicionamiento clásico.

En otro experimento, Skinner enseñó a una rata encerrada en una caja que mediante la pulsación de una tecla obtendría una recompensa (alimento), pero sólo si lo hacía mientras una luz permanecía encendida. La rata aprendió rápidamente esta asociación entre el estímulo (luz), la respuesta (pulsar la tecla) y el reforzador o recompensa (alimento). Posteriormente modificó el experimento, de modo que pulsar la tecla ante la presencia de la luz producía una descarga en el suelo electrificado. Al cabo de unas pocas repeticiones, la rata eliminó su conducta de pulsar la tecla. Estas asociaciones entre estímulo, respuesta y reforzador es lo que define al condicionamiento operante.

En lo que respecta a la crianza, el conductismo ha gozado (y todavía hoy lo hace) de una gran popularidad durante décadas. En infinidad de situaciones de la vida cotidiana podemos observar métodos conductistas de crianza. Consideremos la siguiente situación:

Sofía, de 3 años,  y su mamá están en la sala de espera de la consulta del médico. Tras un rato, Sofía le dice a su mamá que “se quiere ir a casa”, a lo que su madre responde ofreciéndole jugar con su smartphone para que se entretenga. Como sigue pasando el tiempo y no llega su turno, Sofía devuelve el teléfono y dice: “Mamá, quiero ir a casa”, y su madre contesta con un “ahora no podemos”. Ante la insistencia de la pequeña (“¡me quiero ir a casa!”), la madre de Sofía le dice: “como no te calles, me enfado”. Desesperada, la niña comienza a chillar en la sala de espera, a lo que la madre responde con un grito y un cachete. Sofía llora y, cuando al poco rato se le pasa, permanece callada hasta que llega el turno de pasar a consulta.

Desde el modelo conductista, la situación vivida por Sofía y su mamá en la sala de espera se resume en una doble asociación: en un primer momento, la actitud de Sofía es reforzada con un premio (jugar con el smartphone de mamá). Posteriormente Sofía descarta el móvil y vuelve a emitir la misma respuesta (“Mamá, quiero ir a casa”), pero ahora no obtiene ningún reforzador (ni el refuerzo previamente establecido, ni ir a casa). La pequeña insiste, y recibe una amenaza. Finalmente, opta por chillar y recibe un refuerzo negativo o castigo (un grito y un cachete). Sofía ha aprendido que, callando, se libra del castigo.

Y hasta aquí. Esto es todo lo que aporta el modelo conductista a esta situación. ¿Fueron efectivos los métodos de la madre de Sofía? Sin duda alguna: Sofía primero se mantuvo entretenida tras el ofrecimiento del smartphone (refuerzo), y posteriormente acabó callándose tras el grito y el cachete (castigo).

Pero ¿y el resto? ¿Lo único que importaba en esa situación era la efectividad y el cambio de conducta? ¿Qué ocurre con los sentimientos, los procesos mentales, que han pasado por la cabeza de Sofía durante la estancia en la sala de espera? El conductismo de Skinner diría que, simplemente, no ha pasado nada, porque la mente, en caso de existir, es irrelevante para la conducta.

Seguramente tú, que me estás leyendo, y yo estamos de acuerdo en algo: los procesos mentales y las emociones sí existen. ¡Y vaya si son importantes para nosotros! Así pues, analicemos lo que ha ocurrido en la sala de espera, desde un punto de vista más global.

Para un niño de 3 años el tiempo es mucho más relativo que para un adulto. Hacen falta muy pocos minutos de espera en cualquier sitio para que un niño se sienta aburrido. Sofía hace saber a su madre cómo se siente, y le pide que la lleve a casa. La mamá responde a los deseos de Sofía ofreciéndole un reforzador que, aunque no era lo que Sofía le pedía, sirve para mantenerla distraída durante algunos minutos. Como Sofía todavía es muy pequeña para entender la mecánica de un juego de smartphone, pronto vuelve a sentirse aburrida, y pide nuevamente volver a casa. En esta ocasión no aparece el refuerzo positivo que apareció antes, sino que los deseos de Sofía son ignorados, por lo que ésta lógicamente vuelve a insistir. El “como no te calles, me enfado” no puede de ninguna manera ser comprendido por Sofía. No entiende por qué tiene que permanecer callada (aunque quizás sepa que la única razón que de verdad hay para estar callada es el miedo al cachete), en especial cuando el haber expresado sus deseos anteriormente produjo una respuesta positiva. Finalmente, ante la desesperación de no comprender por qué su madre no satisface sus necesidades -de no estar aburrida, de estar en casa-, opta por chillar, recibiendo una humillación (grito y cachete). Como Sofía no quiere que esta situación tan desagradable se repita, prefiere callar sus sentimientos y evitar, así, un nuevo castigo.

Aunque el conductismo más reciente sí abre sus puertas a ciertos procesos mentales (por ejemplo, asociación entre distintos estímulos), sigue otorgándoles un papel minoritario en la conducta de las personas. Sin embargo, hoy en día la postura científica más ampliamente adoptada es multidisciplinar, esto es, comprendiendo las aportaciones del modelo conductista al aprendizaje, pero dando especial relevancia y trascendencia a los aspectos cognitivos y emocionales.

Es importante que sepamos identificar aquellas situaciones en las que, como padres, buscamos únicamente la mejora conductual sin tener en cuenta los procesos mentales, las emociones y los sentimientos del niño, y para esto es esencial que adoptemos una perspectiva empática ante sus necesidades fisiológicas y psicológicas.

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11 comentarios

  1. Luci dice:

    Holaa,amigo ladrillo! Jeeje soy la ladrillo 2!
    Enhorabuena por el post,muy interesante, aun que tengo una pega.

    La madre de Sofía lo ha hecho todo mal. Para empezar (y voy a hablar en términos conductistas aunque yo no sea partidaria) no debería haber reforzado su conducta y menos aún castigarla despues de haberla reforzado!

    Si el conductismo es claro en algo es en la rígidez. Si no quieres que esa conducta se repita lo peor que puedes hacer es premiarla.
    Y si,después de esto, por la misma conducta la castigas (ademas de no estar escuchando los sentimientos de tu hija) estas confundiendo a la pequeña,que pensará: si protesto me dan un premio o me castigan? Está bien protestar?o está mal?

    Dices que esto a la madre,según el conductismo, le ha funcionado ya que la niña se ha estado quietecita con cada consecuencia que le han impuesto.En este punto discrepo.
    Ni siquiera para el conductismo esto se considera un éxito.

    En modificación de conducta lo que se pretende es extinguir o aumentar una conducta con entrenamientos a largo plazo, es decir realizando la asociación E-R (y consecuencia) durante un cierto periodo de tiempo y ensayos. Con la primera asociación no se adquiere la respuesta deseada. Quiero decir,no se busca tener éxito en el primer ensayo,si no a largo plazo.

    Y en este caso,ademas, las técnicas estan mal aplicadas (desde el punto de vista conductista) con el único resultado de una niña confundida que,aunque ha dejado de mostrar esa conducta,no ha aprendido nada.

    Un saludo!

    • ¡Hola Luci! :-) Muchas gracias por pasarte y comentar.

      ¡Ya lo creo que la madre de Sofía lo ha hecho todo mal! No puedo estar más de acuerdo contigo en esto. También en lo inconveniente de haber reforzado primero y luego castigado. Por desgracia, son situaciones que se ven muy a menudo (el ejemplo de Sofía es un caso real que yo mismo pude observar hace un tiempo).

      En cuanto a tus discrepancias, no comprendo muy bien a dónde quieres llegar. Me explico: independientemente de si la madre de Sofía utiliza o no (ensaya) de forma habitual con estos métodos, éstos han sido conductistas, en tanto en cuanto han buscado reforzar (positivamente primero, negativamente -castigo- después) una conducta sin tener en cuenta en ningún momento las emociones, motivaciones e inquietudes de la pequeña. El llamado “análisis experimental de la conducta” (cuyos postulados explicas en tus comentarios) no se centra en cuántos ensayos hacen falta para erradicar o promover un comportamiento, sino en la metodología en sí misma. Aún así añadiré que algunas asociaciones E-R sí se establecen con un único ensayo, e incluso aunque haya pasado cierto tiempo entre la respuesta y el reforzador. Un ejemplo, tanto en seres humanos como animales, lo constituye el ingerir un alimento tóxico o que nos produce una intoxicación; la asociación entre ese alimento y nuestra reacción al mismo se establece tan fuertemente que muchas veces ya nunca más querremos volver a tomar ese alimento, aunque pudiera no haber sido en sí mismo la causa de nuestro malestar posterior.

      En lo que de nuevo estoy de acuerdo es en tu conclusión: las técnicas que ha usado la madre de Sofía están mal aplicadas (incluso dejando de lado mi rechazo al conductismo, en este caso), porque cuando una misma conducta es reforzada y castigada de forma alternativa lo único que se consigue es confundir.

      Lo dicho: ¡muchas gracias por pasarte por mi blog y comentar! :-)

  2. Luci dice:

    Aqui estoy otra vez.

    A dónde quería llegar es a que esa mujer,en realidad no está aplicando técnicas conductistas. Simplemente es una mujer que trata de educar a su hija como puede y,seguramente, con poca información tanto sobre conductismo como sobre crianza con apego.
    Quiero decir que tu,que sabes lo que es el comductismo, has puesto nombre a lo que esta señora ha hecho, pero ella no lo sabe. Y aún así creo que no es del todo correcto decir que ha utilizado técnicas conductistas ya que están mal planteadas y mal ejecutadas, si fuera conductista de verdad no hubiera reaccionado asi.

    En cuanto a la adquisición de la asociación E-R en un solo ensayo tienes razón,a veces se condiciona con ese único ensayo, pero estos casos son los que usan inhibidores muy aversivos y que ponen en riesgo la supervivencia y en este caso no es así.

    Saludos!

    • ¡Hola de nuevo!

      Me parece que no vamos a llegar a estar de acuerdo con respecto a si las técnicas que empleó la madre de Sara son o no conductistas. En cualquier caso, ahí quedan nuestras dos posturas.

      ¡Muchas gracias otra vez por comentar! :-)

  3. Rebeca Scharf dice:

    Hola! Me gustaría saber, para el caso de Sofía, desde el punto de vista de Disciplina Positiva, cual habría sido la manera correcta de proceder.

    Por otro lado, tengo un hijo de 2 años y medio y estamos en la etapa de los berrinches y lloriqueos, tirar las cosas, etc. Además particularmente la dejada del pañal ha sido muy complicada y demorada (después de un mes y medio diariamente hay accidentes). Sería muy útil un blog sobre lo que en México llamamos “los terribles dos años” desde el punto de vista de la disciplina positiva.

    Mil gracias!!!

    • ¡Hola Rebeca!

      Por favor, discúlpame por la tardanza en responder a tu comentario :-( En el ejemplo de Sofía hay muchas formas más respetuosas de gestionar la situación. Lo primero y fundamental es comprender las necesidades de una niña de 3 años que tiene que pasar un buen rato (una eternidad, a sus ojos) sentada en la consulta del médico. En una situación así es conveniente ir “preparados” (llevar juguetes, cuentos, o cualquier otra cosa que le divierta).

      Pero aún más importante es la sensibilidad a la hora de pedirle las cosas. Aunque Sofía es un poco pequeña todavía para comprender las verdaderas razones por las que debe no alborotarse, una madre o un padre que actúe con calma y respeto en esos casos tendrá una niña mucho más dispuesta a colaborar, aún sin comprender los motivos. Y, por supuesto, se debería evitar las amenazas, ya sea en forma de castigo, de chantaje emocional, o cualquier otra manera.

      Sobra decir que lo más censurable de todo es el extremo al que llega su madre en el ejemplo: la violencia física. Esto, sin duda, es lo más grave de la situación planteada.

      Con respecto a los “terribles dos años” (en España también es conocida esta etapa), tengo que decir que, en mi opinión, es “terrible” para nosotros precisamente porque estamos (consciente o inconscientemente) preparados para ello, lo que nos hace perder la paciencia con mayor facilidad. Por supuesto, es una etapa complicada para los padres, pero también para el niño, que poco a poco va a observando cómo se siente sobrepasado por unos sentimientos muy, muy intensos, ante los que no puede hacer nada (aún no sabe cómo gestionar sus emociones). En esta etapa, lo mejor es reconsiderar nuestras expectativas como padres hacia el comportamiento de un niño de esa edad (¿de verdad creemos o queremos que nuestra hija haga esto o sepa hacer aquello? ¿es comprensible esperar algo así de alguien de esta edad?). Y, en cualquier caso, afrontar la etapa difícil con mucho, mucho amor.

      Ojo, no estoy diciendo que no “esté permitido” pasarlo mal, sino que es en las etapas difíciles cuanto más amor necesitamos todos. ¿O no es así?

      ¡Gracias por comentar!

  4. Muti dice:

    Bonito ejemplo. Me gusta como ha sido explicado el caso del ejemplo. Desgraciadamente hay web de apoyo a crianza con apego, que parecen todo menos sensibles. En el ejemplo no se dice que sofia tendrá un Gran Trauma!!! y la madre es una irresponsable por hacer eso. Ver que se puede actuar mejor como padres pero sin exageraciones ni crearnos sentimientos de culpa

  5. Neus dice:

    Aun no soy madre, de hecho me quedan solo un par de semanas…. Me encantan todas las entradas en general, estoy muy de acuerdo con lo que expresar. Sobretodo porque me pasa lo mismo, estoy canviando muchas percepciones sobre maternidad/paternidad.
    Me ha encantado el ejemplo de Sofia, yo también he visto casos similares y te planteas eso, el niño/a no puede estar mas perdido.
    Me soprendre que ni en la situación, ni en tu respuesta a Rebeca (que es obvio que no hay formula magica para resolver la situación) pero yo solo me planteo/pregunto….. Alguien se ha “molestado” en darle apoyo/comprensión a la niña, su madre no le ha dicho que la entiende o comprendre que quiera ir a casa….no se, pero a lo mejor la niña no estaria tan desconcertada por lo menos. A lo mejor continuaría reclamando irse, pero creo importante que por lo menos sepa que su madre la comprendre…. no?
    Creo que muchas veces los tratamos como pequeños irracionales y que no comprenden….. Pero si eso de irse a casa te lo dice tu pareja en la misma situación, verdad que la conversación seria con una actitud de mas comprensión, o sea, seguro que le contestaria “yo tambiém mi amor”, Pues eso…. simplemente sentirse apoyado por quien mas quieres. (En ambos casos).

    • Hola Neus,

      Por favor, perdóname por la tardanza en responder a tu mensaje. He estado una larga temporada sin poder atender al blog. Estoy totalmente de acuerdo con tu reflexión sobre la incomprensión que sienten los niños en situaciones como la planteada de “Sofía”. El gran reto es no caer en la tentación de pensar que, como el niño se adapta a cualquiera que sea nuestro estado de ánimo ante una situación, ello signifique que no le afecta de una u otra forma.

      Muchas gracias por tu comentario y, de nuevo, disculpa la tardanza en mi respuesta. ¡Un saludo!

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