family-entradaLas consecuencias lógicas a una determinada conducta se diferencian de las consecuencias naturales en que en éstas últimas no interviene en adulto. Ejemplos de consecuencias naturales son: “si salgo a la calle mientras llueve sin paraguas, me mojo”, “si toco la llama de una vela, me quemo” o “si meto los dedos en el enchufe, me electrocutaré”. Aunque el adulto previene que algunas de estas consecuencias no tengan que darse, no interviene en ellas.

En cambio, en las consecuencias lógicas el adulto juega un papel determinante, y están enfocadas principalmente a corregir la conducta del niño. Así, “si no has desayunado antes de la hora acordada, te irás al cole sin desayunar y luego tendrás hambre” puede ser un buen ejemplo de consecuencia lógica.

Definitivamente, las consecuencias lógicas enseñan al niño a anticipar los efectos de una determinada conducta. Sin embargo, en muchas ocasiones los padres, consciente o inconscientemente, sobreutilizamos las consecuencias “lógicas” para disfrazar o enmascarar un castigo. Así, ejemplos como “Dado que te has portado mal, esta tarde no vamos al cine” o “te dije que dejaras el juguete de tu hermana, ahora, por tozudo, te quedas sin jugar” son castigos disfrazados de consecuencias lógicas.

A veces ocurre que lo que para los padres es lógico, para el niño no lo es. ¿Qué lógica puede haber en que, si ensucio el suelo de la habitación con pinturas, no vayamos al parque el próximo fin de semana? Otras veces, la lógica es totalmente arbitraria: “No puedes subirte al sillón porque lo digo yo, y punto”. Además, algunas consecuencias consideradas por los padres como lógicas son humillantes o denigrantes, lo cual no está justificado en ningún caso. Un ejemplo de este tipo podría ser el del hermano “tozudo” que no quiso dejarle el juguete a su hermana.

¿Cómo detectar si una de nuestras consecuencias lógicas es, en realidad, un castigo?

La manera más sencilla de darnos cuenta de que la consecuencia lógica que le estamos aportando a nuestro hijos es, en realidad, un castigo enmascarado es plantearnos la siguiente cuestión: ¿es obvio lo que estoy haciendo/diciendo desde mi punto de vista y el del niño? Si la respuesta es no, se trata de un castigo disfrazado de consecuencia lógica.

Hacernos esa pregunta nos bastará la mayoría de los casos, pero vamos a profundizar un poco más. Desde el enfoque de la disciplina positiva, la psicóloga Jane Nelsen propone el que considero un método muy apropiado para diferenciar una consecuencia lógica de un castigo,  “las 3 R’s y la U”:

  1. Relación.
  2. Respeto.
  3. Racionalidad.
  4. Utilidad.

Una consecuencia lógica debe tener relación directa con la conducta indeseada. Que un niño le rompa un juguete a su hermana no está relacionado con no ir al parque el domingo, por lo que esto no constituiría una consecuencia lógica, sino un castigo. En cambio, pedirle que le ofrezca alguno de sus juguetes para que pueda jugar con él sí guarda relación a los ojos de ambos, padres e hijos.

Cuando enseñamos al niño una consecuencia lógica, debemos hacerlo siempre desde el respeto mutuo, de manera firme y amable a la vez. Levantar la voz, descalificarle, darle un azote, etc., invalida la lógica de la consecuencia, aún cuando ésta guarde relación con la conducta. Por cierto, especialmente dañina para el niño es la humillación pública (“¿Ves como tu hermanito sí lo hace bien? No seas torpe y hazlo igual que él”).

Otra razón para que cualquier consecuencia lógica no se convierta directamente en castigo es dotarlas de racionalidad. “Como has ensuciado el suelo con la comida, ahora vas a fregar toda la cocina” no es razonable. Tampoco es una consecuencia lógica quedarse todo un verano sin jugar a la pelota en el jardín por haber roto un cristal un día.

Por último, las consecuencias lógicas deberían resultar de utilidad al niño para comprender que no debe repetir la conducta indeseada en el futuro.  Un castigo no es útil en este sentido, porque lo que de verdad aprende el niño con él es a evitar la sanción, no a comprender los motivos por los que no debe actuar de una forma determinada.

Si alguna de las R o la U no forman parte de una consecuencia lógica, entonces se trata un castigo encubierto, por lo que el niño experimentará las sensaciones propias de los castigos. En la página de Los castigos y sus efectos abordo las repercusiones de los castigos, tanto en el niño como en los padres.

Centrándonos en la solución

A veces, nos obsesionamos tanto en mostrar a nuestros hijos las consecuencias lógicas de su conducta, que olvidamos el verdadero objetivo: centrarnos en la solución. Aunque, como hemos visto, las consecuencias lógicas pueden resultar útiles en un momento determinado, no se debería recurrir a ellas de forma sistemática. Es decir, el objetivo no es que seamos máquinas que ante un input (conducta del niño) devolvamos un output (consecuencia lógica correspondiente). En realidad, es mucho más sencillo que eso.

Imagina la siguiente situación: Juan es administrador de bases de datos en una importante empresa de banca. Un día, Juan olvida realizar la copia de seguridad diaria de la base de datos de clientes, con tan mala suerte que al día siguiente hay un fallo en los sistemas informáticos. La información del día anterior se ha perdido definitivamente, al no haber copia de seguridad.

Si fuéramos el jefe de Juan, ¿cómo seríamos más eficientes? ¿Centrándonos en las consecuencias lógicas (pérdida grave de información sensible, horas de trabajo extra, etc.) o en la solución (por ejemplo, designar otra persona para realizar una segunda copia de seguridad a modo de respaldo)?

Las consecuencias lógicas no son la mejor manera de afrontar la mayoría de los problemas de comportamiento. Hay otros métodos que pueden ser más efectivos y más centrados en el niño. Algunos ejemplos son:

  • Celebrar reuniones familiares (todos los miembros de la familia opinan y son escuchados).
  • Crear rutinas.
  • Ofrecer opciones limitadas (“¿prefieres recoger la habitación ahora, o después de cenar?”).
  • Pedir ayuda (“¿cómo podrías ayudarme a solucionar esto?”).
  • Enfrentarse a lo que hay detrás de la conducta indeseada.
  • Decidir qué harás tú en lugar de qué obligarás hacer a tu hijo.
  • Perseguir la conducta correcta con dignidad y respeto.
  • Abrazar y demostrar comprensión ante el mal comportamiento del niño.

En Paternidad con Apego hablaré de todos estos métodos alternativos, y de sus beneficios tanto en el niño como en los padres.


Más información:

1. “Logical consequences” (en inglés): Ir
2. “Cómo educar con firmeza y cariño” (Jane Nelsen): Ir

(Imagen de cabecera via Shutterstock)
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14 comentarios

  1. Carmen dice:

    Es muy interesante esto que cuentas, y muchas cosas tienen lógica. Pero más allá de todo ello, la realidad es que los niños muchas veces vuelven a hacer la misma trastada o faena por más que les digas que no lo hagan. Unas veces no lo hacen con maldad pero otras lo hace para fastidiar a su hermano o a su amigo. . Por suerte, no me pasa a menudo… En cualquier caso, una vez que ya les has dicho al niño por activa y pasiva, sin gritar, que algo no se hace y vuelve a reincidir, no creo que privarle de otra cosa a modo de castigo, sea tan malo… Yo no sé cómo serán los adultos que ahora son niños, a la gente de mi generación nos castigaron y creo que somos personas bastante normales, sin traumas y con un amor infinito hacia nuestros padres… Como siempre digo, cada caso es distinto, cada niño es distinto, cada situación es distinta, por tanto, las soluciones son distintas….

  2. Papacangrejo dice:

    Tienes razón, nos aprovechamos de ello, o lo usamos demasiado, pero creo que en esos momentos somos poco racionales y más impulsivos, al menos yo. Como te decia en twitter, siempre explico el motivo del castigo, y lo hablamos los tres, porque en una ocasión le pregunte si sabía porque del castigo, y nos dijo que porque era malo. Ahi me di cuenta de que su perspectiva no era real, de modo que se lovexplicamos, pero si no se lo decimos el se hubiese quedado con que es malo. A partir de ese día si hay castigo hay conversación entre los tres. Por suerte tenemos un hijo muy bueno y no suelo castigarle, pero alguna vez toca. Creo que tienes razón tambien en la necesidad de hablar. No me enrollo más, una gran entrada, curioseare un poco más por el blog a ver si aprendo algo más.

    • Sin duda fue muy significativo que el niño creyera que había sido “malo”. Y es que ésa es una de las sensaciones que dejan en la mente del niño los castigos.

      Eso sí, aún habiendo conversación después, un castigo siempre es un castigo. Poniéndonos por un momento en su punto de vista, aunque haya habido conversación, “el castigo me ha sido aplicado, luego no hago las cosas bien y merezco ser castigado”.

      En cualquier caso se nota que eres un padre muy comprometido con la crianza de tu peque. Permíteme que te felicite :-) ¡Gracias de nuevo por comentar!

    • ¡Hola cinthia!

      Muchas gracias por tus comentarios :-) Por supuesto que puedes proponer lo que quieras. En este mismo blog hay un formulario de contacto a través del cual puedes escribirme.

      ¡Un saludo! Y bienvenida :-)

  3. Paola dice:

    Gracias, claro como el agua! Soy madre primeriza y este es mi mayor desafío…el ser madre me ha motivado a leer y aprender sobre crianza respetuosa, con apego y natural…me siento identificada…aún que no muy acompañada por amigos e incluso familia que se sorprenden cada vez que tocamos algunos temas como este…es romper paradigmas! Muchas felicidades, me siento acompañada al leer tus publicaciones. Mi bebe tiene 10 meses!!! Ya reclama y llora cuando no le salen bien las cosas, trato de acompañarlo en su frustración pero es tan peque que creo que aveces me va a sacar de control cuando reclama a llanto alzado! Un niño de 4 años…si puedes hablar pero a un bebe? Qué hacer ?

    • Hola Paola,

      Enhorabuena por esa maternidad “recién” estrenada :-) Y también por tener tan claro lo que quieres para tu pequeño. Encontrarnos en nuestro entorno con gente que no está de acuerdo con nuestro ideal de crianza de los hijos es bastante habitual. Hay que entender que “antes” las cosas se hacían de otra manera y que resulte chocante para muchas personas, incluso a veces para nuestros padres, hermanos, etc.

      Desde la edad que ahora tiene tu bebé hasta los dos o tres años expresará sus emociones muy intensamente, sin ningún tipo de control (porque todavía no lo tiene), por lo que lo mejor sería exactamente lo que ya haces, acompañarlo, darle muchos abrazos, etc. También puedes dedicarle palabras cariñosas, pero aún es muy pronto para explicarle el por qué de las cosas -y que lo entiendan-.

      Muchas gracias por tu comentario. Un placer que te resulten útil las entradas del blog.

  4. Andrea dice:

    que consecuencia logica se pódria usar en el caso en que los niños,,,,2 hermanos cuando llegan del colegio y es hora de almorzar..la mayoria del tiempo NO se quedan quietos en la mesa…para comer…Yo (mama) no puedo x el trabajo ir a casa a almorzar….estan las domesticas.-.YO LES hablo que hagan caso…que no se paren si no acaban etc etc..pero sencilamente LA MAYORIA de las veces NO OBEDECEN…

    • Himar Viera dice:

      Hola Andrea. Por favor, disculpa la tardanza tan grande en responder a tu comentario. Desgraciadamente, para poder darte una opinión razonada necesitaría más detalle sobre el momento en que se produce esa situación. ¿Qué dicen los niños? ¿Qué razones dan, si acaso lo hacen, para no obedecer? ¿A qué deben obedecer, al simple hecho de estar quietos, o también a comer lo que se les pone y la cantidad que se les pone?

      Sin conocer sus motivos no es posible pensar en una consecuencia lógica centrada en ellos… :-/

  5. Andrea dice:

    Hola gracias por responder..Basicamente es que al sentarse a almorzar ( yo no estoy, estoy en trabajo) les es dificil quedarse quietos…MAS AL DE 7 AÑOS…el de 9 años lo hace bastante bien..pero empiezan , como creo que es normal, a molestarse…etc..y el de 7 años..muchas veecs se para, esta intranquilo..etc..SI SE COMEN la comida..ese no es el punto..las domesticas le dicen ya quietos…etc..y no siempre obedecen…….yo como en sept….se me ocurrio decirles la siguiente regla: que tenian 1 adevrtencia de quedsarse quietos..NO PARARSE si no acababan su almuerzo..si las domesticas teniasn que decirles OTRA vez…..que se aquietaran….les quitaban el plato de comida…y sencillamente NO ALMORZABan no merienda…hasta la cena…..GRACIAS A DIOS..y si las domesticas siguen la regla..no ha tenido que pasar..1 dia creo que no se “atrevieron” a hgacerlo..pero si me dijeron LOS NIÑOS no hacen caso….les dije Y LA REGLA DE QUITARLES la comida…osea tienen mi permiso….ellos tienen que aprender…y SI lees estamos dando chance

  6. Lucía dice:

    Buenas noches,
    Mi hija tiene 6 años y nunca hemos utilizado el castigo como método educativo, más bien hemos actuado en base a la disciplina positiva y la crianza con apego y en muchos aspectos nos ha ido bien, pero ahora llevamos una temporada bastante larga en la que ella nos quiere pegar, nos insulta, nos saca burla y nos chulea. Es una actitud que sólo tiene con nosotros y en casa, ya que en el colegio nos dicen que se porta genial.
    Hemos hablado mil veces con ella sobre este comportamiento, intentamos saber porqué lo hace, le decimos y ha visto lo mal que nos sentimos cuando nos trata así, le paramos cuando pega, le decimos que no nos hable mal, que es importante que nos respetemos, etc, etc. También me voy a otra habitación si empieza a ponerse así y no se controla. Y le digo que me voy porque yo no quiero estar con alguien que me pega o insulta ya que no consiento que nadie me trate mal. Esto lo puedo hacer en casa, pero si me pilla en la calle o en el coche es imposible, claro. O si tenemos prisa por ir al cole o algún sitio, no puedo irme a otra parte hasta que se calma porque entonces llegamos tarde. En este caso le tengo que contener como puedo. He probado a enfadarme con ella, a ponerme seria, a hacer caso omiso a lo que dice, a ausentarme, a quedarme e intentar pararla, pero nada funciona. Ella luego pide perdón, pero al siguiente enfado que coge vuelve a hacer lo mismo, y así cada día. Tanto su padre como yo pensamos que nada funciona y estamos desesperados porque nos da miedo que vaya a más. Estamos los dos muy involucrados en su educación y nos preocupa su actitud. Pasamos bastante tiempo con ella y hacemos muchas cosas juntos. Yo he leído muchísimos libros desde antes de nacer ella, artículos, blogs, he ido a charlas sobre educación y además soy técnico en psicología infantil, pero tengo la sensación de que nada de esto me sirve. Hemos pensado en privarle de cosas que le gusten cuando se comporte así, aunque de momento no lo hemos hecho, pero es que ya no se me ocurre que hacer, porque vemos que las consecuencias lógicas no están funcionando en esta parte de su educación y cuando se enfada le dan igual nuestros sentimientos, o quizás seamos nosotros los que no sepamos ver que consecuencias tiene que tener su comportamiento. Te agradecería muchísimo que nos dieras algunas ideas sobre que podemos hacer para cambiar este comportamiento ya que ha llegado un punto en el que es insostenible. ¡Ah! También empecé a hacer una tabla semanal con las cosas que más le costaba hacer y el día que lo conseguía le ponía un sello o le escribía ” Conseguido” o algo similar, sin premios ni nada, simplemente era, y eso lo hablé con ella, para que viera las cosas que iba consiguiendo hacer y así darse cuenta de como se iba haciendo mayor y aprendiendo. Con estas tablas estuvo motivada a hacer las cosas bien, aunque algunos días le daba igual o se olvidaba. Entre estas cosas puse el no pegar ni gritar. Estoy pensando en volver a hacer estas tablas semanales, pero necesito algo más y que sea a largo plazo, porque las tablas le motivan durante 4 o 5 semanas, pero luego ya empieza a pasar del tema.
    Muchas gracias por tu atención. Un saludo.

    • Himar Viera dice:

      Hola Lucía,

      Siento mucho que estéis en esa situación tan preocupante. Comprendo perfectamente vuestro temor y preocupación, sobre todo porque en vuestro caso ponéis mucho empeño en criar de forma positiva y respetuosa. Algo que alabo y que, sin duda, os pediría que siguiérais haciendo.

      Sin duda habéis tenido buenas ideas en el pasado, y algunas de ellas (como la de las tablas que comentas) creo que sería bueno retomarlas, en tanto en cuanto no representan premio alguno sino un reconocimiento a sus esfuerzos. Pero parece claro que, si en el cole su comportamiento es correcto y en casa tiene un clima de respeto y cariño, debe haber algo más. Algo por lo que seguro habéis hecho esfuerzos en conocer, pero todavía sin éxito. De todos modos, con respecto al cole, ¿habéis intentando que os cuente cómo son sus relaciones con los compañeros durante la hora del recreo, cuando los profesores no están tan atentos a su comportamiento? No digo que necesariamente tengan que venir de ahí los problemas, ni mucho menos, pero que sí es un aspecto de su relación con el medio sobre la que los profesores no siempre pueden estar en conocimiento.

      Sinceramente, Lucía, la omisión de privilegios no os la recomiendo, dudo mucho que mejore la situación, más bien es probable que la complique. Ponte en su situación: sea lo que sea lo que le ocurre, por el motivo que sea no quiere contároslo o no sabe cómo hacerlo; ante esto, privarle de esas cosas que le gustan no hará más que convertiros en “el enemigo”. El objetivo final (y sé que esto es fácil decirlo, pero creo que conviene no desviarse de él) debe ser que ella tenga la confianza suficiente como para contaros lo que le ocurre (aunque aún pueda no saber expresarse muy bien, pero esto no es tan importante como el que quiera hacerlo).

      Por supuesto, no privarle de beneficios no significa reforzar malos comportamientos. Un poco lo que dice la entrada: las consecuencias deben de ser lógicas y no disfrazar un castigo encubierto.

      Mi principal consejo, y por supuesto desde la limitación que me supone no ver su comportamiento (ni el vuestro) cada día, es que aprovechéis precisamente los momentos en los que estáis fuertemente conectados para tratar de indagar en el problema. Si la niña está superada por las emociones será poco probable que esté dispuesta a contaros lo que le ocurre. En estos momentos es mejor esperar (si no quiere hablar de ello) a otra ocasión en la que esté fuertemente conectada con vosotros.

      Puedes probar algo así cuando estéis en medio de una actividad o momento “especial”. “Cielo, sé que puedo confiar en ti y contarte las cosas que me preocupan. Y estoy muy preocupada porque a veces, cuando te enfadas, te pones muy nerviosa y empiezas a pegar, insultar… ¿Por qué crees que te ocurre? ¿Cómo te podríamos ayudar Papá y Mamá?”. Y a partir de ahí tratar de profundizar en el tema, sin que se sienta agobiada y sobre todo muy escuchada.

      No perdáis la fe en vuestros principios, en aquellos que os impulsan a criar de forma respetuosa, porque es así como consigueráis la mejor predisposición para la resolución de los problemas.

      Muchos ánimos y un fuerte abrazo,
      Himar

  7. Lucía dice:

    Muchas gracias. La verdad es que lo que me dices ya lo hemos hecho. Intentar saber que le pasa, escucharla cuando está tranquila a ver si cuenta algo, pero me dice que no sabe, o que no le apetece contarlo. Yo no creo que haya nada externo. Más bien pienso que es una niña impulsiva y con mucho carácter y que aún no es capaz de controlar sus emociones y por eso cuando se enfada estalla de esa manera. De todas maneras seguiré intentando averiguar que es “lo que no le apetece contar”.
    En el colegio, con sus compañeros se lleva bien y tiene muy buenas amigas que sé que le quieren mucho. Sí que es verdad que a veces juegan de forma un poco violenta, pero por lo general creo que no tiene conflictos. Son todos niños educados de forma más tradicional, es decir con castigos y a más de uno con cachetes, y no sé si eso en el cole se refleja y le puede influir a ella, aunque no creo.
    El cambio de infantil a primaria le está costando mucho, y desde entonces su agresividad se ha acentuado, aunque ya empezó antes del verano pero no de forma tan significativa. Ahora más que acentuarse el hecho de pegar, que más o menos es como siempre, lo que más hemos notado es la chulería con la que contesta y planta cara, y puede que eso sí que lo haya aprendido en el colegio. Yo creo que lo que peor lleva de este es la profesora que le ha tocado que no le gusta nada y le tiene miedo porque les grita mucho y castiga por cualquier cosa. Aunque ella dice que no le castigan casi nunca porque se porta bien. A mi no me gustan nada estos métodos, pero ella tiene bastante claro que en el colegio hay unas normas y en casa otras y yo nunca hablo mal de la profesora delante de ella, pero sé lo mucho que le está costando estar cada día con ella.
    En fin, Himar, muchas gracias por tu tiempo y enhorabuena por esta web tan buena que tienes y por tu forma de educar y vivir tu paternidad. Seguiremos en contacto.
    Un abrazo,
    Lucía

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