Diez pasos para amar incondicionalmente

Diez pasos para amar incondicionalmente

“La lección última que todos tenemos que aprender es amar incondicionalmente, lo que incluye no únicamente a los demás, sino también a nosotros mismos.” — Elisabeth Kubler-Ross

Todos sabemos que los niños necesitan amor incondicional para desarrollarse adecuadamente. Pero, ¿cuántos de nosotros nos sentimos capaces de darlo? No podemos, simplemente, dar algo que no llevamos dentro. Amar a tus hijos comienza con amarte a ti mismo.

Si no tuviste una infancia perfecta, o si eres más irritable que compasivo, ¿debes rendirte en el propósito de ser un buen padre? No. Diferentes estudios muestran que siempre podemos crecer interiormente, hasta convertirnos en más amorosos con nosotros mismos y con los demás. De hecho, el camino más rápido para ensanchar nuestros corazones es la paternidad, porque el amor por nuestros hijos nos motiva a crecer. (Te sacrificas y trabajas duro más por tu hijo que por ti mismo, ¿verdad?)

Conlleva esfuerzo, pero la buena noticia es que mientras nuestro corazón se hace cada vez más grande no sólo somos mejores padres. Somos personas más felices.

Sanar tu habilidad para amar requiere dedicación diaria y compromiso, pero es bastante factible. Piensa en ello como si de tocar el piano se tratase. Al principio, aumentar una escala supone un gran esfuerzo. Pero en un año podrás tocar una sonata. Así es como puedes conseguirlo.

1. Perdónate a ti mismo por no ser perfecto. Amar incondicionalmente significa olvidarse de esa lista de aspectos en los que necesitas cambiar para llegar a ser todo lo bueno que quieres ser. La perfección es el estandar más bajo que alguien puede tener. No vamos a conseguir ser perfectos. ¡Vamos a dar amor! Lo que tu hijo necesita es tu presencia y aprecio al completo, no perfección. A veces cometerás errores. Siempre que consigas perdonarte a ti mismo, encontrarás la manera de reparar esas pequeñas desavenencias con tu hijo, lo que reforzará vuestra relación y su capacidad para recuperarse. Empieza por cambiar la forma en que te hablas a ti mismo. Cada vez que detectes la autocrítica, recuérdate a ti mismo que tu meta no es la perfección. Tu meta es amarte a ti mismo y a los demás.

2. El amor incondicional es como un músculo. Necesita ejercicio diario. La compasión es el trabajo duro de la vida. Sabes que reforzar ese tipo de músculo requiere una práctica diaria. ¿Por qué iba a ser tu corazón una excepción? Comprométete a tratarte a ti mismo y a los demás a tu alrededor con compasión. Cada vez que sientas cómo la hostilidad crece dentro de ti, hacia ti mismo, hacia tu hijo o hacia cualquier otra persona, detente y busca algo que apreciar de esa persona. Sin excepciones. Si pudieras elegir la compasión en todas tus interacciones con el mundo, incluido tú mismo, te sentirías iluminado en muy poco tiempo.

3. ¿Quieres levantarte sobreexcitado por el día que tienes por delante? Establece un compromiso radical con el cuidado personal. Todos sabemos que cuando estamos conectados con nuestra fuente interior de bienestar, ésta alcanza a nuestros hijos, y somos padres más pacientes, amorosos y felices. Para amar a nuestros hijos incondicionalmente, debemos asegurarnos de que esa fuente no se vacíe. Pero la mayoría de nosotros vivimos en un estrés constante, que nos agota. ¿Qué tal si te comprometes a cuidarte y a mentenerte centrado? En primer lugar, porque la vida es corta, y te lo mereces. Y, segundo, para que puedas ser el padre tranquilo, paciente y alentador que tu hijo se merece. ¿Es eso una acción radical? Al fin y al cabo, ¿de quién es tu vida? Y, al final, ¿quién habrá sido el responsable de cómo te sentías -y actuaste- durante ella?

4. Perdona a tus padres por haber sido humanos. Cuando tu hijo te saca de tus casillas, ¿alguna vez te has preguntado cuándo se construyeron esas “casillas” en tu mente? Exacto, en tu infancia. Si quieres liberar a tu corazón, tienes que curar tus viejas heridas. ¿Puede que te llegara el mensaje de que fuiste demasiado dependiente, demasiado furioso, demasiado egoísta, demasiado perezoso, demasiado descuidado… incluso demasiado infantil? Nuestros padres, aunque con toda la buena intención del mundo, fueron productos del tiempo en que vivieron la paternidad, y a la mayoría de nosotros no nos llegó el mensaje de que fuimos totalmente adorables. Es hora de dejar eso atrás. Permitir a tu familia de la infancia determinar tu nivel de felicidad es como dejar que el camarero se coma tu cena.

5. Sana tu corazón, sana tu vida. La única salida es afrontarlo. Lo siento, pero esto significa acabar con esa asignatura pendiente. Encuentra una hora para ti solo. Enciende una vela y quédate sentado, en silencio. Llega hasta ese niño que hay dentro de ti, que todavía siente que no fue amado, y siente su dolor. Asegura a ese hijo que es completamente querido y adorable. Sé valiente. Una vez que atravieses ese dolor que has estado evitando, no necesitarás seguir soportando ningún tipo de ira. Puede resurgir -¡todavía eres humano!-, pero serás capaz de darte cuenta y de dejarla ir, en lugar de actuar sobre ella. Por eso perdonar a los demás nos cura. No es cuestión de ellos. Es cuestión de ser conscientes de nuestro dolor -aceptándolo en lugar de luchar contra él-, así que no necesitamos mantener la ira como método de defensa.

6. Acepta a tu hijo incondicionalmente. El amor incondicional no es únicamente lo que sentimos. Es lo que el objeto de nuestro amor siente: un amor sin cadenas. Esto significa que nuestro hijo no tiene que ser o hacer nada en particular para ganarse nuestro amor. Le amamos exactamente tal y como es. Una tarea difícil, puesto que la mayoría de nosotros tenemos una pequeña lista de cosas que querríamos “arreglar” en nuestro hijo. El truco consiste en empezar a ver las cosas desde el punto de vista de tu hijo. De repente, el mal comportamiento se vuelve comprensible, perdonable. El carácter desafiante evoca ternura. La compasión aparece con facilidad. Las barreras para amar desaparecen, y nuestro amor se vuelve incondicional.

7. Encomiéndate a criar desde el amor, no desde la ira. Amar incondicionalmente a nuestro hijo cuando está siendo encantador y nos sentimos bien es sencillo. Pero, ¿cuántos de nosotros podemos mantener esa conexión amorosa con nuestro hijo cuando establecemos límites en su comportamiento? ¿Cuántos de nosotros podemos resistir la tentación de atacar a nuestro hijo cuando nos sentimos justificadamente enfadados? ¿Cuántos podemos amar a nuestro hijo en esos momentos de irritabilidad? Un buen momento para aprender ocurre cuando las dos personas se muestran receptivas y positivas. La ira y el castigo jamás se basan en el amor. Tal vez es el momento de dar un paso adelante y encomendarse a la crianza desde el amor, no desde la ira. Fíjate en que no he dicho que hacerlo sea fácil. Pero, con cada ocasión en que controles tu ira en lugar de volcarla sobre tu hijo, se irá volviendo más fácil. En pocos meses, te darás cuenta de que ya no pierdes los nervios. Y, como consecuencia de ello, tu relación con tu hijo se habrá transformado completamente.

8. Hazte ver. Muéstrate. ¿Has cometido errores como padre? Bienvenido al club. Esos errores no son tal cosa si los utilizas para guiarte hacia una manera mejor de hacer las cosas en el futuro. No tienes que conocer todas las respuestas. No tienes que reparar a tu hijo o la situación. Todo lo que tienes que hacer es permanecer a su lado y escoger amar en lugar de temer. Tu hijo ni siquiera necesita ese vaso rojo, o lo que quiera que sea aquello por lo que llora; necesita sentir tu aceptación ante toda su maraña de sentimientos. ¿Y su decepción, su rabia, su dolor? No hay ningún problema con ello, pasarán si tú los aceptas, y él también. Sólo ofrécele tu amor mientras tanto.

9. Toma la autopista. Sabes lo que es la autopista. Cuando te sientes especialmente bien no hay nada que pueda contigo. Ante las flaquezas de tu hijo respondes con paciencia, comprensión y sentido del humor. También sabes lo que es la carretera secundaria. Es cuando estás estresado, exhausto, resentido. Cuando insistes en que sea a tu manera o en demostrar que tú tenías razón. Cuando tu mecha es tan corta que justificas tu propia pequeña rabieta. Cuando estás atrapado en tus emociones de lucha o huida y tu hijo parece el enemigo. Nadie toma la autopista en todo momento. Pero hay modos de vida que te ayudan a tomarla cada vez más y más.

10. La práctica lleva a la perfección. Sanar nuestra habilidad para amar incondicionalmente requiere una práctica diaria mientras afrontamos los momentos difíciles de la vida. Nada tiene que cambiar para que te ames exactamente tal y como eres. El padre perfecto no existe. Pero es absolutamente posible ser un mejor padre cada día. Al fin y al cabo, ¡la vida te ofrece profesores y lecciones 24 horas al día, 7 días a la semana! Sácale partido a tus errores. No son errores si aprendes de ellos, son lecciones de la vida para tu doctorado en crianza. ¡Por eso los maestros espirituales lo llaman una Práctica! Al principio, parece imposible. Pero es como tocar el piano. Al principio, una escala es todo un desafío. Pero, con la práctica, en un año eres capaz de tocar una sonata. Sigue practicando, tomando conciencia de cada interacción, encontrando ese momento de libertad entre el estímulo (el comportamiento de tu hijo) y tu propia reacción. Percibir es lo que nos ofrece una oportunidad para la próxima ocasión. El milagro de poner un pie delante del otro, en la dirección correcta, es que un día miras a tu alrededor, y todo el paisaje es diferente. Disfruta del camino.

Repetir diariamente. Contempla cómo tu vida se transforma.


Traducido del artículo “Ten Steps to Unconditional Love“, por Dr. Laura Markham, fundadora de AhaParenting.com y autora de Peaceful Parent, Happy Kids: How To Stop Yelling and Start Connecting.

(Imagen de cabecera via Shutterstock)

Himar Viera

Apasionado de la crianza basada en el respeto y el cariño. Entusiasta y estudiante de Psicología. Mi mayor logro: ser padre. Me ha cambiado la vida.

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Equilibrio personal y familiar

6 comentarios

  1. Voy a tomar nota de estos consejos para esos días malos que todos tenemos. Es más, mi día de ayer fue así. El perro me despertó golpeando en la puerta a las 5 de la mañana, el despertador no me sonó y no pude ir al gimnasio… Una buena forma de empezar mal el día. Por suerte, conforme iban pasando las horas, fui tirando de filosofía y encarando el resto del día con una sonrisa. A veces me olvido que ver cada día a mi lado a la mamá jefa y a la pequeña saltamontes es motivo más que suficiente para no dejar de sonreír nunca ;) ¡Un abrazo!

    • Exactamente de eso se trata. Los contratiempos, grandes o pequeños, ocurren y ocurrirán, pero no podemos condicionar el amor que damos (a nuestros seres queridos y a nosotros mismos) a esas situaciones.

      ¡Un abrazo fuerte y gracias por comentar y compartir!

    • Yhuri,

      Te refieres a que el botón de compartir en Facebook no se comporta correctamente, ¿verdad? ¿Podrías probar ahora? A veces Facebook se queda en caché el enlace mal configurado…

      Muchas gracias, como siempre, por leer y compartir :-)

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