En la página Los castigos y sus efectos abordé los inconvenientes de cualquier forma de castigo, tanto para el niño como para los padres. Pero, ¿existe entonces un método eficaz de educar sin castigar? La respuesta más exacta es que no sólo hay uno, sino muchos.

El niño que muestra una conducta indeseada y es castigado es un niño incomprendido. Detrás de cada desafío, rabieta o grito hay siempre una razón que le impulsa a ello. Puede tratarse de “un mal día”, de una emoción indeterminada que no sabe gestionar o de alguna necesidad fisiológica, por lo que debemos comprender que el niño es una persona con sentimientos y necesidades, y no un agente malévolo que sólo busca hacernos rabiar.

Quizá el primer paso que debiéramos dar para educar a nuestros hijos sin castigar es reeducarnos a nosotros mismos. Por un lado, debemos desterrar la vieja percepción de los padres como figuras autoritarias que deben disciplinar a sus hijos. Observar la crianza desde este punto de vista confiere al niño un cierto grado de sumisión, y entiende la educación como un adoctrinamiento. En su lugar, veámonos a nosotros mismos como agentes a través de los cuales los niños aprenden los valores y en quienes siempre encontrarán un soporte ante las complicaciones de su universo lleno de emociones. Busquemos educar, no adoctrinar.

Por otro lado, tengamos presente que los hijos aprenden lo que viven: si sus padres reaccionan ante los problemas gritando y diciendo palabrotas, los niños aprenderán a gritar y decir palabrotas cuando se sientan mal. Si en una discusión no sabemos respetar a nuestra pareja, nuestro hijo no nos respetará a nosotros o a sus hermanos. Si, como padres, no sabemos gestionar adecuadamente nuestras emociones, ¿cómo podemos pretender que nuestros hijos aprendan a gestionar las suyas y no actúen de forma inapropiada?

Existen muchas estrategias para educar sin castigar cuyos principios esenciales son la comprensión, el cariño y el respeto mutuo, por supuesto sin excluir la firmeza. Adoptando una visión holística de la educación sin castigos, voy a resumir los puntos clave a tener en consideración para poder enseñar a nuestros hijos de forma positiva, eliminando para siempre los castigos.

  1. Regula tus propias emociones. Los padres somos el modelo a seguir para nuestros hijos. Si ante una conducta indeseada respondemos de forma impulsiva y perdiendo los nervios, el niño aprende que es así como deberá responder ante una situación indeseable en el futuro. Si los padres saben regular sus emociones, los hijos aprenderán a regular las suyas. Y un niño emocionalmente estable es un niño con menos comportamientos negativos. Además, tanto nuestra capacidad para razonar como la del niño se reducen drásticamente cuando estamos sobreactivados. Cuanto más relajados guiemos al niño, más relajado estará él, y por tanto con más capacidad de razonamiento. Si, aún así, nos vemos superados por la situación, lo mejor es respirar profundamente e intentarlo de nuevo pasados unos minutos.
  2. Respeta los sentimientos. Cuando un niño tiene un mal comportamiento, en su interior se está produciendo una sobreactivación emocional. Puede que no sepa reconocer su propia emoción, y eso le genere una frustración aún mayor. Cuanto más inadecuado es el comportamiento del niño, peor se siente. Debemos respetar esos sentimientos, porque sea cual sea su causa, no hay nada más puro que los sentimientos de un niño. No le humilles, no le chilles, no le mientas. Todo ello hiere sus sentimientos. En lugar de decir: “venga, no llores por esa tontería”, permanece al lado de tu hijo durante unos minutos, dile que estás ahí por si te necesita, de forma que se sienta arropado ante sus emociones no controladas. Concédele un momento para desahogarse.
  3. Recuerda cómo (y cuándo) aprenden los niños. ¿Recuerdas cómo aprendiste a montar en bicicleta? Primero aprendiste a sentarte sobre ella, después a coordinar el movimiento de las piernas y de los brazos conjuntamente, y por último a mantener el equilibrio y montar sin ayudas. Los niños aprenden gradualmente, no de la noche a la mañana. No pretendamos que un niño aprenda una conducta inmediatamente, comprendamos y respetemos sus ritmos de aprendizaje. Igualmente, debemos respetar sus ritmos de desarrollo: ningún niño de 3 años es capaz de entender, aunque se lo expliquemos, por qué debe esperar a que mamá termine de hablar por teléfono para poder hablarle. Si un niño aprende una conducta muy rápidamente o antes de que corresponda para su desarrollo cerebral, probablemente se deba a que se han empleado con anterioridad los castigos para educarle, y lo que el niño en realidad ha aprendido es cómo evitarlos.
  4. Conecta antes de corregir. Para que el niño se sienta motivado a escuchar y comprender nuestras explicaciones, es necesario que vea en nosotros alguien en quien confiar, que respeta sus sentimientos y que le guía con cariño y comprensión mientras trata de entender sus propias emociones y las consecuencias (naturales) de sus actos. Mantén la conexión con el niño incluso cuando le guíes para corregir su conducta. Empatizar con él le hará sentirse comprendido y en conexión contigo. Sitúate a su altura, abrázale o pon tu mano en su hombro y dile: “Sé que estás enfadado, no te apetece dejar de jugar porque te estás divirtiendo mucho. A mi también me enfadaría”.
  5. Establece límites y corrige conductas, pero con empatía. Si educamos empleando los castigos, gritando o amenazando, el niño mostrará una mayor resistencia a comprender por qué una determinada conducta es inapropiada. Si, en cambio, adoptamos una postura empática (poniéndonos en su punto de vista) y conseguimos que el niño se sienta comprendido, éste tendrá una predisposición mucho mayor para aceptar nuestros límites. Piénsalo: si has tenido un mal día en el trabajo y te sientes especialmente irritable, ¿cómo preferirías que actuara tu pareja o tu mejor amigo? ¿Reprochando tu actitud, o comprendiéndola y aconsejándote, respetando cómo te sientes? Empatizar no significa no ser firme: “Sé que estás muy enfadado, pero no voy a permitir que pegues a tu hermana. ¿Cómo podríamos arreglar esta situación?”. Una buena manera de conseguir un compromiso mayor por parte del niño en mejorar la conducta es ofrecerle alternativas limitadas de elección: “¿Prefieres pedirle perdón a tu hermana ahora, o cuando estés  un poco más tranquilo?”.
  6. Sé constante. Los niños están equipados con un “radar” especial para detectar inconsistencias e incoherencias en nuestras acciones. Si, después de algunos días en que la conexión entre el niño y los padres se ha ido estableciendo, estos reaccionan de un modo severo y desproporcionado ante una determinada conducta, la conexión se debilita, provocando en el niño un sentimiento de incomprensión y desconfianza.
  7. Perdónate a ti mismo. Y hazlo siempre. No podrás dar lo mejor de ti mismo como padre si no estás en equilibrio con tu yo interior. No importa lo mal que creas que lo has hecho en el pasado, siempre hiciste lo que creías más conveniente para tu hijo. Empieza hoy mismo a ser el padre que siempre has querido ser. De padres felices, hijos felices. ¡Ah! Y perdona también a tus padres, que, al igual que tú, siempre quisieron lo mejor para su hijo, con las mejores herramientas de las que disponían.
  8. Cuando todo lo demás falle, date a ti mismo un gran abrazo. Y dale un gran abrazo a tu hijo. Lo más importante es mantener la conexión entre el niño y tú.

Para saber más:

1. 10 maneras de guiar a nuestros hijos – sin castigar (en inglés) [Ir].
2. Libro Ni rabietas ni conflictos (Rosa Jové) – ISBN-10: 849970011X.
3. Libro Cómo educar con firmeza y cariño (Jane Nelsen) – ISBN-10: 8497990331.

(Imagen de cabecera via Shutterstock)
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23 comentarios

  1. Mónica dice:

    Me sirven muchos tus artículos. Soy madre de 4 varones de 10, 5, 3 y 9 meses. Los eduque con el sistema de tiempo fuera y de castigos/cconsecuencia. Hace 3 meses con mi esposo dimos un giro en nuestro estilo de crianza hacia el apego y la disciplina positiva, el tiempo adentro, etc. Es difícil y el mayor pone mucha resistenci. Hemos buscado mucho pero no encontramos orientación para tratar con un hijo de esta edad, se ha puesto cada vez más oposicionista y ahora que no hay consecuencias, termina haciendo lo que quiere. Te agradecería alguna orientación. Un abrazo desde Chile

    • Hola Mónica,

      Mi más sincera enhorabuena por haber hecho la transición hacia una crianza más respetuosa. El mérito es especialmente grande en las personas que estaban acostumbradas a educar de un modo más autoritario.

      Perfectamente lógico lo que le ocurre a tu hijo mayor: cuanto más tiempo te acostumbras a que tu vida se rija no sólo a través de ciertas normas sino también a través de su cumplimiento por ciertos métodos, más difícil es “cambiar el chip”. No es un problema específico de la edad, porque nunca es lo suficientemente tarde para empezar a educar con amor y respeto.

      Cuando decía que tenéis mucho mérito es precisamente porque vencer esa resistencia de tantos años es muy costoso en términos de esfuerzo y paciencia, pero sin duda se puede y merece la pena. Vuestra mejor herramienta ahora debe ser el diálogo y la empatía. Hablad mucho con él, decidle que hasta hace poco las cosas se hacían de otra manera pero que ahora creéis que lo mejor para toda la familia es hacerlo así, y que necesitáis que colabore para sentiros (todos) plenamente felices. Por otro lado, si trabajáis la empatía desde el respeto le será más fácil entender vuestro estado cuando él no colabora. Sintiéndose comprendido y viendo al mismo tiempo el daño que puede inflingir con sus actos le hará tener una mejor predisposición para recibir vuestra guía.

      Ojalá pudiera decirte que es un trabajo de unas pocas semanas o pocos meses, pero no lo es. Lo normal es que lleve tiempo y mucho esfuerzo. Pero no desistáis, ¡todos lo agradeceréis!

      ¡Mucha fuerza y muchas gracias por escribir!

  2. Fran dice:

    Muchas gracias por los consejos. Yo hasta hace un tiempo utilizaba la ‘técnica’ de tiempo fuera y desde estonces he estado buscando alternativas de educar sin castigar, porque cada vez que la aplicaba sentía a mi hijo con mucho resentimiento y sufrimiento… Tiene casi 3 años, crees que es posible borrar las marcas que pudo dejar este método? Ya han pasado algunas semanas pero el daño lo veo aún. Cualquier consejo, se agradece.
    Saludos

    • ¡Hola, Fran!

      Muchas gracias a ti por leer y comentar. Sin duda creo que es posible, pero por supuesto cuanto mayor es el niño mayor esfuerzo hay que invertir. Me temo que unas semanas todavía es poco tiempo. ¿La parte buena? NUNCA es tarde para dar el paso a una crianza más respetuosa.

      Otra parte positiva en tu situación es que un niño de la edad de tu hijo ya expresa con mayor soltura sus sentimientos (aunque de una manera muy limitada todavía, claro), y eso te ayudará a entenderlo mejor y hacerte entender. Dialoga mucho con él y sobre todo céntrate en volver a conectar con él. Dile que en el pasado hacías las cosas de otra manera porque pensabas que era lo mejor pero que has descubierto que estabas equivocada.

      En cuanto se refuerce la confianza entre ambos, todo empezará a rodar…

      ¡Muchos ánimos!

  3. Elias Cassal dice:

    Muchísimas gracias en este tiempo es un verdadero reto educar a nuestros hijos y este artículo tiene mucho sentido voy a empezar a aplicar la crianza educativa y con respeto…

  4. ELENA dice:

    Felicidades por tu Blog y en especial, por este magnífico post. Me he impreso estos 8 “mandamientos” para ponerlos en la neveray tenerlos siempre presentes, sobre todo el de perdonarse a uno mismo…
    Siempre hemos intentado llevar un tipo de crianza respetuosa, pero con un pequeño de casi tres años super activo y emotivo, y todo el lastre cultural y de nuestro spadres no siempre es fácil…
    pero nada es imposible y esto merece mucho la pena! Gracias por los recursos, espero estar a la altura que mi hijo merece!
    un saludo desde Barcelona,

    Elena

    • ¡Hola, Elena! Benvinguda :-)
      Cuánto me alegro de que te haya resultado interesante esta publicación. ¡Desde luego que es difícil! Porque precisamente la razón de ser de otros métodos de crianza más convencionales es la necesidad o tendencia de los padres a llevar una crianza más “cómoda”, sin atender a las posibles consecuencias.
      En absoluto es imposible, y es más, los resultados de educar con respeto son visibles prácticamente desde el primer día. Y tu paz interior, desde el minuto cero :-)
      ¡Muy feliz de tenerte por aquí! ¡Gracias por tus palabras!

  5. Yasmin dice:

    Muy buenos días, gracias por responder tan rápido y por los bueno consejos que aqui nos ofreces, muchas gracias, ahora entiendo mas sobre la paternidad con apego.
    Mil gracias.

  6. sol dice:

    Buenas noches excelente artículo me sirve mucho sobretodo por la claridad y con los ejemplos es mucho mejor para los que estamos comenzando en esta manera “nueva” de criar a nuestros hijos.
    Mi pregunta es la siguiente. ¿Como se hace cuando no hay consenso con la pareja en el modo de abordar la crianza de los hijos sobre todo con las rabietas y cuando los hermanos se pelean de manos? Tengo claro que es desde la empatia, acompañándolos mientras la cursan con diálogo y sobretodo sin golpes, gritos ni amenazas pero el hace exactamente lo contrario y no se como reaccionar luego de su des-control de la situación. Me explico? gracias por responder

    • Hola, sol,

      En mi opinión, que los dos progenitores no estén de acuerdo en su forma de criar es una situación muy preocupante, y como tal debe ser objeto de debate y establecimiento de compromisos sobre los que ambos estéis, en conjunto, de acuerdo. Es decir, es necesario que cuanto antes los padres, sin la presencia física de los hijos en esos momentos, se sienten a hablar sobre los puntos que sí tenéis en común, y tratar de buscar soluciones globales que, si bien no colmen a ninguno de los dos, sí garanticen un compromiso de cumplimiento por parte de ambos. Al fin y al cabo, lo que está en juego es algo que va más allá de vuestra propia diferencia de puntos de vista: la educación y el desarrollo de vuestros hijos.

      Es fundamental que en esas conversaciones la actitud de ambos sea positiva, constructiva, y que no aparezcan ni de lejos reproches o ataques personales. No se puede construir nada si uno de los dos no muestra una actitud constructiva. Si no se puede estar de acuerdo en ciertos aspectos incluso después de argumentar debidamente los motivos (y teniendo la mente abierta), al menos se debe buscar la forma de estar de acuerdo en la manera en que ambas posturas sean escuchadas.

      El objetivo de ambos, independientemente de vuestra opinión particular, debe ser el mismo: ofrecer a vuestros hijos una educación y unos valores sólidos, no titubeantes, ni que puedan confundirles durante todo su desarrollo. Si, por ejemplo, la mamá lo castiga y grita y el papá lo escucha y acompaña, ¿cuál de los dos es el ejemplo que el niño debe tomar?

      Puede que te resulte interesante una entrada que publiqué hace algún tiempo, en la que abordo el tema de criar de forma respetuosa cuando uno de los padres no está de acuerdo.

      Muchas gracias por tu comentario y enhorabuena por tu visión sobre la forma más adecuada de criar.

  7. David G. dice:

    Saludos:

    Antes que nada, que chulada de artículos, de verdad que abordan las cosas de una manera clara, y tan buenos son, que inmediatamente me empece a auto-evaluar, y me estoy dando cuenta que en algunas situaciones en las cuales he regañado o castigado a mi enano (tiene 2 años de edad), pues no estuvieron nada bien (de entrada la sola acción no fue la mejor, ahora que leo su publicación), y que aunque se que no son del diario, pues me sintiendo mal, pero al mismo tiempo tengo que ponerme la pilas para mejorar en esos pequeños grandes detalles en mi papel como Papá.

    En especial recordé una situación que paso apenas, mi hijo estaba jugando con unos carritos en una barda y le dio por tirar uno y ver como rebotaba en el suelo, en alguno momento al carrito ya se le estaban rompiendo las partes y le dije que no lo hiciera, y lo volvió a aventar dos veces, y lo amenace diciéndole que a la próxima se los quitaría, y así fue, los volvió a aventar y ya no se los di, los guarde y mi hijo, naturalmente se puso a llorar y me pedí los carros, los cuales no le di, hasta que se le paso el enojo y ya no estaba en la barda desde la cual los aventaba.

    En este caso como se puede reaccionar a una situación similar, sin duda alguna estoy pensándolo yo, pero me gustarían que me comentaran como se pudo haber resulto esta situación, o empezarla a resolver, que por lo que entiendo, algunas situaciones no se resuelven de “ya ahorita”, y se tienen que ir trabajándolas poco a poco.

    Desde ya, muchas gracias y felicidades por su valioso blog.

    • Himar Viera dice:

      ¡Hola David!

      Por favor, perdona el retraso tan grande en responder a tu mensaje. Muchas gracias por todo lo que dices del blog; me ayuda a tomar aún más fuerzas para seguir escribiendo contenidos que puedan ser útiles para otros papás como yo.

      Ante un caso como el que cuentas hay que tener clara una cosa: siempre hay que avisarles de que, si sigue repitiendo una conducta que nosotros consideramos no es correcta, a continuación tendrás que asegurarte de que no vuelve a repetirla. Es un claro ejemplo de cuando hay que poner límites y cómo hacerlo: “Hijo, si sigues tirando el coche se va a romper y no podrás volver a jugar con él. Me gusta mucho que juegues pero no voy a permitir que rompas tus juguetes”. Así, si el niño continúa tirando el coche y se lo retiramos, no le estaremos castigando, sino que lo que hacemos es evitar que rompa su juguete, puesto que a pesar de haberle avisado ha optado por seguir tirándolo.

      Muchísimas gracias por tu comentario, David. Siempre me alegra leeros a todos, ¡pero admito que cuando es un papá (varón) en el que me escribe me alegra muchísimo! :)

  8. Soemy dice:

    Excelentes artículos, para mi ha sido un eterno peregrinar lo que he vivido con mi hijo desde los 3 años, he recorrido muchos psicólogos y neurólogos y leyendo e investigando puedo darme cuenta que los principales a cambiar somos los padres.

    Me duele mucho todo el daño que le he hecho a mi hijo, él actualmente tiene 10 años, ha sido diagnosticado con trastorno de ansiedad, trastorno de la comunicación pragmática y una pincelada de asperger (así lo dice el papel), mi duda es aún puedo revertir ese daño, ya que en la desesperación lo he llegado a golpear y a castigar (aclaro que nos prometimos mi esposo y yo no volverlo a hacer, ya llevamos 6 meses de cero golpes); estoy haciendo un gran esfuerzo por tenerle paciencia ya que en ocasiones es muy agotador, pero estoy entendiendo que además de como lo he tratado lo he dañado al llenar su mundo con pantallas ya que el neurólogo me dijo que si eso lo mantenía tranquilo, pues que se las dejara pero si noté que lo volvía mas agresivo y menos sociable (aclaro que ya cambié de doctor) y también estoy intentando rebajarle el tiempo de exposición a dichas pantallas y dedicarle mas tiempo de convivencia con la familia y que tenga actividades al aire libre.
    Aún con todos estos errores cometidos tenemos solución?

    • Himar Viera dice:

      Soemy, aunque con retraso, no quiero dejar pasar la oportunidad de responder a tu comentario. Vuestro caso me ha impresionado.

      Sobre la recomendación del neurólogo no voy a opinar porque yo, desde luego, no soy neurólogo. Me limitaré a decir que no estoy, en absoluto, de acuerdo. Yo sí considero que hay que limitar la exposición de los niños a estos aparatos, especialmente cuando hay otra serie de problemas que afectan a las relaciones interpersonales.

      Siento mucho todo lo que habrá vivido vuestro hijo. Pero también siento el pesar tan enorme que debéis sentir ahora vosotros, que habéis tomado conciencia del problema. Siempre hay solución, pero por supuesto los traumas pesan sobre nuestra espalda. Únicamente lo digo para que aceptéis que vayan a estar ahí durante mucho tiempo, probablemente durante todas vuestras vidas. Esto no quiere decir que no se pueda restablecer una conexión fuerte entre vuestro hijo y vosotros, claro. Pero tened en cuenta que el esfuerzo que requerirá por vuestra parte, y también la paciencia, serán enormes. Pero, ante todo, por favor, no volváis a golpear jamás a vuestro hijo. Nunca.

      Os deseo mucho ánimo y mucha fuerza. Las personas merecemos una segunda oportunidad. Dos padres preocupados por el futuro (y el pasado) de su hijo también la merecen, sin duda.

  9. Lula dice:

    Me encanta esta visión de la paternidad. Tengo un hijo de casi 3 años y medio y otro de 6 meses. Intento educar sin castigar, pero a menudo siento que lo hago fatal, que se me escapa de las manos y el mayor hace lo que quiere y tardo una eternidad en conseguir que haga cualquier cosa y a menudo acabo tirando de él para llevarlo a lavar los dientes… Y con frecuencia tengo dudas. Por ejemplo, se pone a pintar la pared. Lo primero que hago es quitarle el boli. A la fuerza, porque no lo quiere soltar, y luego intento razonar con él. O se pone a gritar para despertar al hermano. Me lo llevo lejos e intento decirle con cariño que a él no le gusta que lo despiertenleCreo que hago mal, pero Y últimamente estoy muy preocupada porque empezó el cole y mordió a una niña…
    Siento que no acabo de hacerle sentir lo mucho que lo quiero

  10. Lula dice:

    Vaya, me quedó el comentario a medias. Continúo. El caso es que no sé cómo actuar cuando después de intentar empatizar y ofrecer alternativas, no colabora. No cumple lo que dice: dice que lavará los dientes cuando yo acabe, pero cuando acabo, no quiere. No sé qué hacer en estos casos. Al final insisto, insisto, insisto… ¿Cómo hago respetar ese límite, por ejemplo?
    Otra duda importante: ¿dónde puedo consultar cómo evoluciona su capacidadcon la edad? Creo que me agobiaria mucho menos si supiera quécosas puede entender y cuales no. Yo pensaba que hace tiempo que entendía que no se debe romper un jarron…
    Mil gracias. Un saludo

  11. Ariel dice:

    Hola! Me gustó mucho el artículo e instintivamente es lo que trato de aplicar con mi peque de 4 años, pero me encuentro frente a situaciones que me superan, por ejemplo: “No le pegues a las plantas” y a los cinco minutos vuelve a pasar corriendo y le pega un gran manotazo rompiedo dos o tres hojas. Lo siento, le explico la importancia de las plantas, la belleza de sus hojas, cuánto nos gustan a su madre y a mí y al rato vuelve a hacer lo mismo. Lo que sigue es el grito (“BASTA!”) y el “hoy no miras tele” o alguna otra cosa por el estilo. También frente a situaciones en las que no puede realizar su voluntad (no lo dejamos comer más galletas, no lo dejamos cruzar solo la calle), nos insulta y nos pega (jamás hemos hecho esto con él, ni con otras personas, salvo alguna vez al volante que me escucha gruñirle a algún conductor descriteriado). Es un niño increíble, sano, inteligente, muy dulce (nos dice cuánto nos ama y nos abraza muchas veces por día) pero tiene ese otro aspecto que se nos hace muy difícil de manejar. ¿Alguna recomendación que puedas darnos? Desde ya, muchas gracias!

  12. Elizabeth dice:

    Hola!
    Gracias por tu blog tan útil para nosotras las madres. Tengo un hijo de 15 años que no coopera y hasta ha llegado a insultarme, empujarme y tratar de pegarme y ahí es cuando me doy cuenta que he hecho las cosas muy mal con mi hijo. Realmente necesito tu ayuda

  13. Elizabeth dice:

    Estoy practicando el diálogo con mi hijo y está vez ha resultado muy bien. Con mi hijo mayor siempre lo hice pero con mi hijo menor lo olvidé y estar leyendo tu blog me hizo enfocar en la paciencia, diálogo y ahora voy a enfocarme en la constancia

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