El Jardín de Mocos

El Jardín de Mocos

Hace un par de semanas llegó ese horripilante, indeseado, odiado momento para los papás “apegados” como yo: el comienzo del pequeño en la guardería. Guarde, centro educativo, o jardín de infancia. Ciertamente el nombre resulta indiferente, el disgusto te lo llevas con cualquiera de ellos. Por cierto, si tuviera que elegir yo el nombre, tiraría más por “Jardín”, pero no “de infancia”, sino “de mocos”. Sí, “Jardín de Mocos”. No había visto tanta mucosidad suelta desde la segunda parte de Cazafantasmas. Tanto es así que acabo de comprar en eBay una de las mochilas con pistola incorporada para usarla cada noche, después del baño. Pero lo de los mocos es otro tema en el que ya me sumergiré más adelante.

Para la mayoría de los padres y madres que conozco, dejar al pequeño en la guardería, separarlo del calor del hogar, con mamá y/o papá todo el día, es como una penitencia que se inicia ya desde mucho antes de la llegada del fatídico día. ¿Pero y para los padres apegados, qué? Que “si soy un mal padre”, que “vaya caca de sistema que me obliga a llevar al niño a la guarde con tan poca edad”, que si  trato de consolarme con un “bueno, le vendrá bien porque así se relaciona con otros niños”… etc. Todo eso nos asalta la cabeza como cuando sorbes con fuerza un granizado de limón.

Algunos tienen (no es mi caso) la opción alternativa de dejar al niño con una de sus abuelas/os. En estos casos es el 50% de los progenitores el que padece un altísimo grado de culpa. “Con lo bien que estaría en la guardería…”. Ya dice el refrán que nunca llueve a gusto de todos.

El caso es que llegó el primer día. Yo, como buen padre “apegado”, apenas pude conciliar el sueño durante la madrugada. Después de despertar al niño a una hora a la que él simplemente no sabía que el mundo estaba vivo, señora Mamá y yo lo llevamos a la guarde. Mi niñito entró como Pedro por su casa, como el que entra al parque de bolas del Ikea. Bendita ingenuidad infantil. Ojalá no la hubiésemos perdido nunca los adultos. Así, podríamos ir por ejemplo a una gastroscopia con la sonrisa en la cara y jugando con los instrumentos y haciéndole pedorretas al médico, en lugar de ir “apretaditos” y con cara de apocalipsis a la prueba.

Hay que reconocer que las aulas para los bebés están muy bien preparadas. ¡Tienen tanto en tan poco espacio que es difícil estar triste ahí dentro! Cocinitas, coches, marionetas, piezas de lego gigantes… vamos, las oficinas de Google en versión infantil. Encima tienen interruptores de luz, tiradores de persianas… ¿qué más se puede pedir? Esto sin duda ayuda a los niños a retrasar el duro golpe de la separación… hasta el día siguente, cuando ya saben lo que va a pasar al ratito de llegar.

Saturno se sintió mucho mejor padre en el cuadro de Goya que yo cuando, al día siguiente, nos marchamos de la guardería y el niño lloró, y lloró como si no hubiera mañana. ¡Qué mal! Y, claro, te tienes que contener, porque ciertamente es peor para el niño que acudas a abrazarle con medio litro de lágrimas en las bolsas oculares. Así nos marchamos, con ganas de hablar personalmente con Rajoy y decirle que “España va muy mal” si tenemos que dejar a nuestras criaturitas tan pequeñas en una guardería y hacerles pasar por semejante sufrimiento.

Por suerte, el disgusto sólo le duró un momento, y después se puso a jugar con el resto de niños. Seguramente su juego favorito fue el trasvase de mucosidades, porque a los dos días ya cayó malo el hijo… y también el padre. ¡Por si teníamos poco con los disgustos! Si ya me sentía mal por dejar al niño en la guarde, ¿cómo debo sentirme por ver que se pone malo con fiebre por los virus que allí coge?

Menos mal que en el centro de salud la pediatra nos consoló cariñosamente diciéndonos: “¡Uy! Pues iros preparando, porque esto le va a durar todo el tiempo que esté en la guarde“. Qué maja…

¡Socorrooo!

(Imagen de cabecera via ShutterStock)

Himar Viera

Apasionado de la crianza basada en el respeto y el cariño. Entusiasta y estudiante de Psicología. Mi mayor logro: ser padre. Me ha cambiado la vida.

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Experiencias

8 comentarios

  1. Uffff, compañero. Qué mal trago tiene que ser. Por suerte creo que aún nos queda para pasar por él, pero a veces lo pienso y me entra hasta ansiedad, no te digo más ;-) Mucho ánimo con esta nueva etapa y con los resfriados que la acompañarán. Un abrazo y bienvenido!

    • ¡Hola Adrián!

      Tengo que admitir que, aunque el momento de la separación es horrorosa, parece ser que luego el peque se relaja y disfruta. Come y duerme con normalidad, y eso me tranquiliza. Y, sobre todo, el haber escogido el sitio más acorde posible con nuestra manera de criar. Esto también me está ayudando mucho.

      Pero nada como los cuidados de papá o mamá. Disfruta, porque en realidad es un privilegio. Aunque esto ya me consta que lo sabes :-)

      ¡Un abrazo, compi!

  2. BuggyMama dice:

    Ay!! Cómo te entiendo! Yo pasé por ello y no pude soportarlo, la llevé a una Madre de Día porque no me gustaba. ¿Qué edad tiene tu hijo? Yo ya estoy temblando porque el bichito va al cole el año que viene…

    Un abrazo, mucho ánimo y muchos mimos a tu hijo!

    • Hola BuggyMama. El peque tiene ahora mismo 19 meses. Al menos, y como le decía a Adrián, lo llevamos a un sitio que nos gusta mucho. Por cierto, en este caso sí tienen enseñanza hasta los 6 años, y no se me pasa por la cabeza llevarlo a ningún “colegio” (entendido como colegio convencional, público o privado) antes de que los cumpla.
      ¡Muchas gracias por tus ánimos y cariños! :-)

  3. Pedro dice:

    Para nosotros el trago ha sido igual de duro y entiendo que igual de salado (por lo de los mocos). De hecho, nuestra pequeña Martina, después de dos semanas de adaptación -no sé muy bien si para ella o para nosotros- se puso malita enganchando una gastronteritis (12 horas en urgencias) con una bronquiolitis (probablemente contraida en las propias urgencias). Ha perdido casi un kilo y aunque vuelve a mamar con ganas y a comerse los purés en el jardín de mocos (por cierto, post aparte merecería el tema de ¿por qué en la guarde sí come y a mí me cuesta siempre un disgusto y no lo consigo en casa?), la vuelta a su rutina diaria de acudir al “Jardín de Mocos”, sigue siendo un mini trauma diario, lo mejor para comenzar el día vamos…
    Gracias por este blog, acabo de conocerlo y me encanta.

    • ¡Hola Pedro! Perdona la tardanza en responder a tu comentario.

      Si a Martina acaba pasándole como a mi pequeño, verás que llega un día en que, sorprendentemente, ya no llora al entrar. Y si tiene un gancho “especial” con su “profe”, incluso le echará brazos. Es cuestión de tiempo… pero, como bien dices, es peor nuestra adaptación que la suya.

      Lo que tardará más en desaparecer es el que se ponga malita… Inevitable, y se lleva aún peor (al menos en mi caso) que tener que dejarlo en la guarde. También a esto tenemos que adaptarnos, especialmente si somos padres primerizos.

      Lo de la comida… ya sois varios los lectores que tocáis este tema y será sobre lo que hable en mi siguiente post (en cuanto tenga tiempo de escribirlo… :-/).

      ¡Muchas gracias a ti por leer y comentar! Para mi es un placer que te guste el blog, especialmente siendo papá (que seguimos siendo minoría, todavía, en el “mundo web”).

  4. Karla dice:

    Tengo un hijo de 32 meses y los familiares y amigos me dicen que es muy sociable y simpatico, porque va a la guardería desde muy pequeño, en la familia hay otro niño de la misma edad, pero que no se comporta como mi hijo y dicen que es porque él no va a la guardería, que cosas no?

    • Hola Karla,

      Gracias por dejar tu comentario :-) Bueno, es complicado que un aspecto de la personalidad tan importante como es la sociabilidad del niño se base únicamente en la variable si va o no va a la guardería. Yo pienso que las guarderías tienen sus pros y sus contras, especialmente contras cuanto más precozmente el bebé se ve “obligado” a separarse de la madre o cuidador principal. Por otro lado, está claro que favorecen su sociabilización, pero no creo que la determinen en última instancia.

      Sea como sea, te felicito por ese peque tan sociable y simpático. ¡Un saludo para él y otro para ti! :-)

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