El sacrificio de la paternidad

El sacrificio de la paternidad

Durante muchos años antes de ser padre estuve convencido de que una de las razones más poderosas para “esperar” a tener hijos es, sin duda, el sacrificio que supone cambiar drásticamente ciertos aspectos de tu vida, como la rutina, el tiempo libre, etc. Ahora que ya soy padre, me doy cuenta de que no estaba equivocado… pero sólo en parte.

La cuestión sobre la que se centra esta entrada del blog no es si efectivamente estos ámbitos sufren variaciones tras la llegada de la paternidad, puesto que esto es algo obvio. Pero, ¿es realmente un sacrificio ser padre?

Sin ánimo de ponerme quisquilloso (os lo voy a ahorrar, quiero cuidar a mis lectores), consultando el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, un sacrificio es, entre otras acepciones:

sacrificio.

(Del lat. sacrificĭum).

5. m. Peligro o trabajo graves a que se somete una persona.
6. m. Acción a que alguien se sujeta con gran repugnancia por consideraciones que a ello le mueven.

Por suerte, no conozco a ningún padre o madre que, habiendo hecho alguna vez alusión a lo “sacrificado” de tener hijos, se haya referido a alguna de las acepciones de la RAE. Como sucede con otras muchas palabras, las personas tenemos una especie de “diccionario alternativo” en nuestra mente, y en el que la palabra sacrificio suele significar, más bien, algo así como “esfuerzo que, en contra de la propia voluntad, se desempeña en una acción o tarea“.

Salvo desgraciados casos, las personas tienen hijos porque así lo desean. Incluso quienes usan la etiqueta del sacrificio en este contexto lo desearon también. Entonces, ¿se trata únicamente de un problema semántico, una vulgar forma de hablar, alejada del sentimiento real? De forma generalizada, por desgracia, no. Los seres humanos tenemos cierta tendencia natural hacia las rutinas, por no hablar de la importancia que conferimos a nuestro tiempo libre. Cualquier “cosa” que interfiera en ello, modificándolo, nos produce rechazo en mayor o menor medida. Esto ocurre incluso ante cambios importantes “a mejor”: nos hacen salir de nuestra rutina y nos provocan desplacer, que tratamos de contrarrestar hasta alcanzar un equilibrio.

¿Es posible que hayamos subestimado la magnitud del cambio, y que la frustración consecuente la etiquetemos como sacrificio?

Por ejemplo, dejar un trabajo para estudiar una carrera universitaria se considera un “sacrificio”, y nos hace sentirnos inseguros, al menos, al principio. Con el tiempo, nos vamos adaptando a la nueva situación. Sin embargo, estos cambios de rutina son realmente consecuencias (lógicas) de nuestra propia voluntad: ya no estoy trabajando porque decidí retomar los estudios. Naturalmente, tener un hijo trae consigo un gran cambio, especialmente cuando se trata del primero. Pero, ¿qué podríamos esperar? ¿Es posible que hayamos subestimado la magnitud del cambio, y que la frustración consecuente la etiquetemos como sacrificio?

Nuestra sociedad orientada en exceso al consumo y a la producción nos ha llevado a restarle valor a la interacción con nuestros hijos. Lejos de como una fuente de apoyo, éstos son vistos, en muchas ocasiones, como un obstáculo para la necesaria desconexión del frenético ritmo de vida. Cambiar un pañal, leer un cuento, bañar o simplemente tener al niño en brazos se considera un contratiempo, una violación de nuestro ansiado período de descanso. Por el contrario, en sociedades menos urbanizadas difícilmente solemos escuchar a un padre o una madre decir que “se sacrifica” por su familia. Los métodos tradicionales emparejan más sólidamente a los hijos con su figura de apego (madre o padre).

¿Por qué no interpretar esos pequeños momentos precisamente como una herramienta más para relajarnos, desconectar y disfrutar? En el caso de los recién nacidos, por ejemplo, en muchas ocasiones padres y madres lamentan la poca interacción que existe entre un recién nacido y ellos (“sólo comen, duermen y hacen caca”, se suele escuchar). Sin embargo, muchas veces no aprovechamos -o quizá no sabemos identificar- las oportunidades que tenemos para hacerlo.

Efectivamente, estaba equivocado en algo. Ser padre me ha enseñado que tener hijos sí representa un enorme cambio, pero también que no es ningún sacrificio, sino una gran responsabilidad, deseada y buscada, ante la que no tengo ninguna clase de sentimientos negativos. Desde que nació mi hijo, mi rutina diaria ha experimentado una gran transformación; no obstante, sigo disfrutando del mismo tiempo libre que antes. La única diferencia es que, ahora, lo comparto y disfruto con él.

¿Y para tí? ¿Supone un sacrificio ser padre o madre?

(Imagen de cabecera: Tampa Band Photos via Flickr)

Himar Viera

Apasionado de la crianza basada en el respeto y el cariño. Entusiasta y estudiante de Psicología. Mi mayor logro: ser padre. Me ha cambiado la vida.

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Crianza respetuosa Equilibrio personal y familiar Preparación para la paternidad

2 comentarios

  1. R. dice:

    A mí la maternidad me vino totalmente por sorpresa… Me explico, era la típica mujer trabajadora, libre, independiente, salía y entraba cuando consideraba, vivía sola… veía al que hoy es mi marido en las tardes, y los fines de semana, salíamos a correr y montar bicicleta.

    Mi único contacto cercano con bebés había sido algún Nenuco que tuve de pequeña…

    Nos pusimos muy felices de ser papás, tanto es así que ahora estamos esperando el segundo, pero mis primeros meses como mamá primeriza fueron muy difíciles, veía que tenía que “sacrificar toda mi libertad” para cuidar un bebé que no sabía como funcionaba y no entendía. Poco a poco me fui dando cuenta de todo lo que la maternidad me estaba trayendo, la evolución que tuve como ser humano, y no me imagino hacer nada sin ellos!!!

    Sacrificio? Cuando lo pienso… NINGUNO!!

    • Hola R.,

      Tu caso es el claro ejemplo de lo que trataba de transmitir con esta entrada. Y es que la interpretación que le damos los padres a la paternidad / maternidad influye directamente sobre nuestra actitud ante la llegada de los hijos.

      Me ha gustado mucho tu comentario :-) ¡Muchas gracias!

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