Cómo conseguí (y tú también puedes) una transición pacífica a su habitación

Cómo conseguí (y tú también puedes) una transición pacífica a su habitación

Crianza respetuosa Experiencias

Mi hijo mayor pronto cumplirá los tres años. Hasta hace algo más de un mes, dormía con nosotros en nuestra cama. Pero por un problema de humedades en el dormitorio tuvimos que “mudarnos” a otra habitación. Fue entonces cuando pensé que era un buen momento para que mi hijo durmiera solo en su cama, en su habitación. ¿El único requisito imprescindible que me marqué para lograrlo? Ni el más mínimo trauma durante la transición.

Uno de los aspectos que más me apasionan de criar con apego o de forma respetuosa es que, ante todo, impera el sentido común. Ésa es la razón principal por la que nunca estuve especialmente preocupado en cuando llegara el momento de pasar a mi hijo a su habitación: estaba convencido de que, si el niño se sentía seguro ante el momento del sueño, no tenía por qué tener ningún tipo de aversión a dormir solo en su habitación. Seguir leyendo

Carta abierta a mis lectores

Carta abierta a mis lectores

Experiencias

Una de las mejores cosas de tener un blog personal es que uno puede, si le viene en gana, expresarse libremente cuando lo necesite. Hoy es un día en el que usaré este sitio con ésa, la finalidad de desahogarme. A modo de carta abierta.

En el día de ayer, en medio de otra jornada como las ya habituales, con un ritmo casi frenético de gestión de tiempos y en los que apenas tienes tiempo ni para sentarte a leer relajadamente, en mi bandeja de entrada apareció un nuevo mensaje enviado a través del blog. No es el único, en ese sentido sigo considerándome muy afortunado. A pesar de la nula actividad por mi parte en PaternidadConApego durante los últimos meses, el “goteo” de suscripciones al blog, mensajes y visitas sigue siendo casi constante. Y son números lo suficientemente grandes como para abrumarme. Seguir leyendo

Iniciarse en el porteo: fulares y mochilas portabebés para madres y padres

Iniciarse en el porteo: fulares y mochilas portabebés para madres y padres

Experiencias

Hoy os voy a hablar de un complemento que, hace tan solo un par de años, no pensé que fuera a ponerme nunca: una mochila portabebés. No porque las viera con recelo, sino porque simplemente no veía en qué podía aventajar eso del porteo (así se llama coloquialmente al uso de estos sistemas) a los carritos convencionales. Por supuesto, así pensaba antes de convertirme en padre, porque ahora, como suele ocurrir en todo lo relacionado con la paternidad, veo las cosas de otra forma. Si estáis pensando en adquirir uno de estos sistemas de porteo, si ya tenéis uno y queréis ampliar la información o si simplemente queréis conocer sus principales ventajas y beneficios, este post es para vosotros.

A día de hoy creo que es una de las mejores inversiones que hemos hecho en casa para los niños. Ni cunas, ni cochecitos, ni cámaras de vigilancia, ni andadores. Nada como la mochila portabebés. ¿Por qué? Voy a tratar de enumeraros en este post algunas de las principales ventajas de este sistema, así como también algunos aspectos que conviene conocer para elegir apropiadamente un fular o mochila portabebés. Todo ello con la ayuda de Laura, de la tienda online especializada en portabebés Pajarito Pinzón.

Ventajas y beneficios del porteo

Para mi, las dos grandes maravillas de estos sistemas son: la comodidad y el contacto tan directo que ofrece tanto al niño como al padre o madre. Para mí, este aspecto fue toda una revelación, porque no es hasta que lo “llevas encima” cuando entiendes que este invento está muy bien pensado para padres apegados.

Pero hay más. Para Laura, “portear tiene los mismos beneficios que el contacto piel con piel con los bebés, lo que pasa es que un portabebés nos hace todavía más cómodo este contacto”. Aparte de los beneficios o ventajas de tipo más práctico, como tener las manos libres para poder hacer otras cosas (atender a otros hijos, tareas en casa, etc.) o la libertad de acceso, Laura enumera los siguientes beneficios:

  • Favorece el desarrollo adecuado de la cadera y la columna vertebral del bebé, al llevarlo en la posición recomendada.
  • Ayuda a los bebés a regular su temperatura.
  • Facilita la lactancia materna.
  • Regula el metabolismo del bebé (ritmo cardíaco y respiratorio, digestión).
  • Ayuda a los bebés a conciliar el sueño con más facilidad.
  • Los padres pueden detectar y atender con más rapidez las necesidades del bebé (hambre, sed, pañal sucio,…) al tenerlo tan cerca.
  • Favorece la estimulación temprana, ya que al ir en el portabebés pueden explorar y descubrir cosas nuevas desde un lugar seguro, teniendo la opción de refugiarse o descansar.
  • Ayuda reducir los cólicos del lactante.
  • El bebé está más integrado en la rutina diaria.
  • Ayuda a crear una relación más estrecha (un apego seguro) entre padres e hijos.
  • Cuida la espalda del porteador.

Hoy en día no es tan difícil encontrarnos en la calle con un padre o una madre porteando a sus hijos. Aunque a priori podría parecerlo, para Laura este hecho no es una cuestión de modas, sino que su uso cada vez mayor está relacionado con dos aspectos: “cada vez hay más gente consciente de la necesidad que tanto los bebés como los adultos tienen del contacto físico y de sus beneficios gracias a la labor que muchos profesionales, blogs de maternidad y paternidad, redes sociales, revistas, etc. están realizando a la hora de informar a las familias”, mientras que por otra parte “existe una necesidad de conciliar trabajo/familia/actividades (tanto para hombres como para mujeres) y el porteo te da la oportunidad de atender perfectamente a tu bebé y hacer otras cosas a la vez“. Esta última es una de las razones por las que, opina Laura, muchos tienen su primer contacto con el porteo.

Ante todo, comodidad y ergonomía

Ahora bien, tengo que reconocer que cuando en casa nos aninamos a comprar algún sistema de porteo nos abrumó un poco la variedad que existe en el mercado. Mochilas, fulares, bandoleras, mei tais… Ante tanta diversidad de opciones cabe preguntarse, ¿son todas adecuadas para el niño? A nosotros en su día ya nos comentaron que no, que no todos los sistemas respetan la fisiología del bebé ni tampoco cuidan la espalda del que portea. Laura lo corrobora, y además explica que “podemos diferenciar entre mochilas portabebés ergonómicas y las que no lo son” (las conocemos coloquialmente como colgonas). “Las ergonómicas ayudan a que la postura del bebé mientras es porteado sea la adecuada (piernas en ‘M’ o ‘ranita’, espalda en forma de C y vías respiratorias libres) y reparten el peso de forma equilibrada entre hombros, espalda y cadera del porteador, haciendo que no sufra la espalda”.

Comparativa porteo: colgona vs ergonómica

Las mochilas colgonas podemos identificarlas porque “el bebé va con las piernas estiradas y un poco separado del porteador (la sensación es que va como colgado, de ahí el nombre), recayendo todo su peso sobre su zona genital, y el peso para el porteador no está repartido de forma equilibrada”. La seguridad de un portabebés “depende en su mayor medida de su correcto uso, ya que es el adulto quien debe velar porque la postura del bebé sea la adecuada y que las actividades y movimientos que hace no pongan en riesgo al bebé”.

¿Y cuánto cuestan?

He de confesar que cuando conocí los precios en los que “se mueven” las mochilas y fulares portabebés no me parecieron nada elevados. Siempre tuve claro que algo que vas a usar para cargar con kilos de amor durante muchas horas a la semana debe estar muy bien acabado y reforzado, además de brindar todas las comodidades para que hagamos un uso cotidiano de él. Laura nos pone un poco al día a este respecto: “en el caso de las mochilas ergonómicas los precios rondan entre los 90 y los 120 euros, algunas más económicas y otras más caras, pero son artículos que pueden usarse hasta que el bebé pese 20 kilos aproximadamente”. En el caso de los fulares elásticos y tejidos, mei tais, bandoleras de anillas, etc., “la gama de precios se amplía, desde los 40 euros“.

 

De entre todos los sistemas disponibles, nosotros en casa nos decantamos por la que nos parecía más práctica y cómoda para nuestras circunstancias. Queríamos una mochila muy resistente, que nos durara mucho tiempo (hasta los cuatro años, al menos) y que fuera cómoda para los dos, el porteador y el niño, y que además permitiera portear en las dos posiciones, por delante y por la espalda. Nos decantamos por la Boba, y tan contentos estamos con ella que hemos comprado la versión más actual (la Boba 4G) para nuestro segundo hijo.

Pero sin duda la mejor parte de la inversión es la respecta a la parte afectiva. Como “padre apegado” que soy, siempre he dicho que las madres tienen una gran suerte al poder llevar a su hijo dentro. Obviamente es muy diferente llevar a tu hijo en tu interior que llevarlo en una mochila portabebés. Pero créeme: no he encontrado nada más parecido. Te animo a que lo pruebes. Me lo agradecerás.

 


Los 5 aspectos más importantes a la hora de elegir una mochila portabebés

  1. Asegúrate de que permite la posición ranita recomendada.
  2. Hay mochilas para diferentes etapas, edades y pesos, asegúrate de que se adapta al peso, etapa evolutiva y desarrollo de tu bebé.
  3. Es necesario que incorpore algún sistema para sostener la cabeza en los primeros meses o cuando los más mayores se duermen (algún reductor o capucha).
  4. Es conveniente que tengan los tirantes y cintura acolchados para mayor comodidad y cuidar tu espalda.
  5. Infórmate de los accesorios que incorpora: capucha, adaptador para recién nacidos, bolsillos, estribos, etc. Y cuáles de ellos te van a ser realmente útiles.

 

Y para 2015: más paternidad con apego

Y para 2015: más paternidad con apego

Experiencias Preparación para la paternidad

Hoy quiero compartir con vosotros algo que ya sé desde hace algunos meses: el 2015 será en el que empezaré a practicar (aún) más paternidad con apego. Concretamente, el doble. Porque a comienzos de año nacerá mi segundo hijo.

Y utilizo el masculino como género no marcado, porque ciertamente ni la mamá ni yo tenemos ni idea del sexo del bebé. No es que vayamos a un hospital del pleistoceno, no, sino que no lo sabemos por voluntad propia. Ya lo hicimos así durante el embarazo del primero y siempre hemos tenido claro que lo haríamos con cualquier futuro hijo.

Por cierto, seguramente penséis “¡pero cómo podéis aguantar las ganas de saberlo! ¡Yo no podría!”, porque nos lo dicen muy a menudo. Pero lo cierto es que no nos cuesta nada en absoluto, sino todo lo contrario, lo pasamos mal cada vez que vamos a una ecografía, ¡por si al médico se le escapa, o por si le da por mostrarnos en primer plano un posible paquetillo! Yo, salvo en las primeras, directamente miro para otro lado y me limito a preguntar “pero entonces todo bien, ¿no?”. No necesito saber nada más.

Llamadme raro, pero yo prefiero esperar al momento mismo del nacimiento para conocerlo/a en todo su ser. Me parece frío enterarme del sexo en una sala oscura, por boca de un hombre o mujer al que prácticamente desconozco, y muchas semanas antes de verle su carita todavía. Y más cuando me da exactamente igual que sea niño o niña. “¿Pero y entonces cómo vais a saber qué ropa comprar o cómo preparar la habitación?”. Con la grande que es la paleta de colores, ¿por qué nos empeñamos en pensar siempre en rosa o azul?

El caso es que espero la llegada del bebé con enorme ilusión, como no podía ser de otra forma. Sin nervios, sin preocupaciones, sin miedos. Con la convicción de que se precisa un sobreesfuerzo, si cabe, para criar a dos niños en comparación con uno. Y con la mirada puesta en el que ya es mi hijo mayor, para que disfrute de la llegada de su hermano/a con la misma ilusión que sus padres.

Quiero terminar esta pequeña entrada en modo ñoño, sentimental, pasteloso, pero creo que siempre es un buen momento (y éste, más) para expresar gratitud. Porque, además, de no ser por esa persona no estaría viviendo tan intensamente la paternidad, incluso puede que ni la estuviera viviendo en absoluto, porque jamás me planteé tener hijos hasta que la conocí, por albergar en su interior y haber albergado a lo mejor que he hecho en mi vida, y porque gracias a ella he encontrado cómo amar puede hacerme más feliz incluso que ser amado.

Resistencia ante el impulso de pegar (en hijos y padres)

Resistencia ante el impulso de pegar (en hijos y padres)

Crianza respetuosa Equilibrio personal y familiar Experiencias

“He estado indagando en el motivo de que mi hijo pegue y hay varias causas. Una de ellas en el cole. Sale muy violento del cole a diario, porque allí juegan pegándose. Y con 20 niños en clase, las profes no dan más de si. Yo alguna vez le he dado algún azote, hace mucho que ya no lo hago, se me escapó alguno instantáneo cuando la hermana era muy bebe y la hacía daño intencionadamente. Es que ni lo pensaba, me salía automático, era como un instinto de protección. Luego lloraba yo y me arrepentía, pero claro, el daño ya estaba hecho. Y a lo mejor él siente que si a él le puedo pegar, él puede pegar a la hermana.” — Miriam

Me produce mucha tristeza que en algunos colegios permitan que los niños jueguen pegándose. Comprendo que para un único docente controlar a 20 o 25 niños simultáneamente puede ser muy difícil, pero esto no viene a ser más que un indicador más de que algo no está funcionando bien en las escuelas. Obviamente, “jugar” pegando influirá de algún modo en el niño. Pero ni siquiera en ese caso un niño emocionalmente equilibrado mostraría tendencia a querer pegar a su hermana. Debe haber algo más en su interior que le hace sentir la “necesidad” de hacerlo. Seguir leyendo