(c) Sean Molin · http://www.flickr.com/photos/seanmolin/
(c) Sean Molin · via Flickr

Emplear los castigos como herramienta en la crianza de los niños es tan habitual, y tan socialmente aceptado, que se recurre a ellos de forma casi sistemática, sin detenernos a reflexionar sobre todas sus consecuencias en el niño (y también en nosotros mismos). Pero, ¿por qué se castiga a los niños? ¿Es realmente el castigo todo lo eficaz que se suele creer? ¿Es la óptima vía, acaso única, para educar correctamente? Voy a desarrollar y tratar de resolver éstas y otras cuestiones sobre los castigos y sus efectos.

¿Por qué se castiga?

“Una conducta seguida de una consecuencia agradable tenderá a reforzar la asociación entre la consecuencia y el estímulo, mientras que si es seguida de una consecuencia aversiva, tenderá a debilitar dicha asociación.” — ‘Ley del efecto’, de Edward Thorndike

(c) Philip Howard

A mediados del siglo XX, diversos factores propiciaron el auge de los métodos de crianza cada vez más orientados exclusivamente en la conducta. Por un lado, la corriente psicológica conductista gozaba de gran popularidad no sólo entre los psicológos, sino también entre los pediatras y la sociedad en general. Por otro lado, la creciente incorporación de la mujer al trabajo favoreció que los padres y madres pasaran cada vez menos tiempo con sus hijos.

Como consecuencia de todos estos factores, los padres se decantaron por unos métodos de crianza más rápidos que los tradicionales hasta entonces, con el abrigo de la opinión de psicólogos y pediatras de la época. Los procesos mentales, las emociones y las motivaciones de los niños se consideraban irrelevantes; la única forma de educar “exitosamente” era mediante el reforzamiento entre estímulos y respuestas, y nada más. Y nada parecía más útil, rápido y eficaz para controlar la conducta de los hijos que los castigos, es decir, la contingencia de un estímulo aversivo a las conductas indeseables.

Hoy en día, el castigo sigue siendo una práctica muy predominante entre los padres. El conductismo hace tiempo que dejó de considerarse, por si sola, la aproximación apropiada en estudio de la psicología, pero los castigos, ya sean físicos o psicológicos, todavía perduran. Sigue resultando un método eficaz para muchos padres que no “tienen tiempo” de emplear otros métodos más centrados en el propio niño que en su conducta, o para padres que no conocieron siquiera que existen otras alternativas. Además, muchos padres consideran el castigo como una herramienta igualmente eficaz para ejercer autoridad ante sus hijos.

Dependiendo de su edad y la etapa del desarrollo en que se encuentre, el niño puede no contar todavía con los recursos cognitivos necesarios para comprender las razones que los adultos les argumentan para corregir sus conductas (por ejemplo, un niño de tres años al que se le explica que un jarrón no debe romperse porque es un objeto valioso no tiene la capacidad de comprender lo que el adulto intenta explicarle, e intentará volver a experimentar con el jarrón de forma natural). En otras situaciones, explicarle por qué ha de corregir cierta conducta puede requerir un cierto tiempo de asimilación por parte del niño para su adecuada comprensión. En todas estas situaciones, el castigo generalmente es efectivo y rápido porque no requiere recursos cognitivos complejos: los bebés pequeños ya son capaces de asociar una consecuencia aversiva a una determinada acción producida, y es el miedo a esa consecuencia aversiva lo que les motivará a no llevarla a cabo. Las ratas de los experimentos clásicos en Psicología ya aprenden esto con tan solo unos pocos días de vida.

¿Qué se considera un castigo?

Los castigos pueden agruparse básicamente en dos tipos: el castigo corporal o físico y el castigo no físico. La Convención de los Derechos del Niño de la ONU[1] define como castigo físico “todo castigo en el que se utilice la fuerza física y que tenga por objeto causar cierto grado de dolor o malestar, aunque sea leve“.

Así, ejemplos de castigos físicos son: pegar a los niños (“manotazos”, “bofetadas”, “palizas”), con la mano o con algún objeto (azote, vara, cinturón, zapato, cuchara de madera, etc), dar puntapiés, zarandear o empujar a los niños, arañarlos, pellizcarlos, morderlos, tirarles del pelo o de las orejas, obligarlos a ponerse en posturas incómodas, producirles quemaduras, obligarlos a ingerir alimentos hirviendo u otros productos (por ejemplo, lavarles la boca con jabón u obligarlos a tragar alimentos picantes)[1].

Los castigos no físicos son aquellos que, no siendo corporales, son igualmente crueles y degradantes[1]. Ejemplos de castigos no físicos son: castigos en los que se menosprecia, se humilla, se denigra, se convierte en chivo expiatorio, se amenaza, se asusta, o se ridiculiza al niño. El “rincón de pensar” (aislar o apartar a un niño para que “reflexione” sobre lo que ha ocurrido), ignorar al niño, o amenazarle (“si no te comes la verdura no iremos al cine esta tarde”) están dentro de esta categoría.

En España, el castigo físico es ilegal desde el año 2007[2], tanto en las escuelas como en el hogar. También es ilegal en Chile, Costa Rica, Uruguay y Venezuela, además de otros muchos países de habla no hispana[3].

 ¿Por qué no deben emplearse los castigos?

Por la misma razón que no empleamos el castigo con otros adultos. Los castigos, ya sean físicos o no físicos, son degradantes, humillan y someten a una persona. Y esto es así para todas las edades, no sólo para los adultos. Son el fracaso de nosotros, como padres, en encontrar una solución más adecuada a las necesidades de nuestros hijos, bien sea por nuestra falta de comprensión ante dichas necesidades, o bien por nuestra indisposición hacia una crianza “sin horarios”.

Los castigos tienen graves efectos sobre el niño, pero también sobre los padres (y la sociedad, en general). Estos son algunos de los efectos negativos en el niño:

  • Enseñan a ser víctima. Acepta los castigos como algo natural y que debe acatar sin rechistar.
  • Enseñan a ser violento. Al validar sus padres el castigo, el niño será más proclive a castigar en su edad adulta. Si el castigo es físico, además, tenderá a mostrar conductas agresivas con los demás, con sus parejas y con sus familias, puesto que considera la violencia como un modo adecuado para resolver los problemas.
  • Enseñan a ser sumiso. El niño (y futuro adulto) no cuestionará las normas establecidas, aunque pueda considerarlas injustas. Se limitará a cumplirlas sin defender su punto de vista.
  • Enseñan a no razonar. “No debo pegar a mi hermana porque me castigarán”. Aunque el castigo se acompaña, en ocasiones, de explicaciones sobre la conducta indeseada, para el niño es prioritario evitar el castigo antes que comprender dichas razones.
  • Aumentan la ansiedad y estrés.
  • Disminuyen la autoestima. “No hago nada bien”.
  • Impulsarán al niño a repetir la conducta indeseable en cuanto quien le castiga no esté presente.
  • Promueven el sentimiento de venganza. “Hoy me has pillado, pero mañana no lo harás”.
  • Degradan gravemente los vínculos emocionales entre el niño y sus padres. “No me comprenden, no puedo confiar en ellos”. Cuando, por ejemplo, un niño es castigado con “el rincón de pensar”, se está dejando aislado al niño precisamente cuando más necesita la presencia y guía de sus padres para comprender sus sentimientos y lo inapropiado de su conducta.
  • Promueven el miedo hacia sus progenitores. El niño obedece porque tiene miedo de ser castigado, y por extensión, acaba sintiendo miedo también hacia la figura de sus padres.
  • Invitan al niño a desahogar su frustración con otros niños (pegando, insultando, gritando, etc.) o con animales (maltratando, desmembrando, etc.) en ausencia de sus padres.

Estos son algunos de los efectos negativos en los padres:

  • Generan un sentimiento de ansiedad y culpabilidad. Aunque los padres consideren que el castigo “era lo correcto” o que “no les quedaba más remedio”, los padres suelen experimentar ansiedad y culpa por haber castigado.
  • Pueden dar pie a una escalada en la intensidad de los castigos. Cuando en el niño se desarrolla un sentimiento de rebeldía, o cuando un determinado castigo deja de ser efectivo, se tiende a incrementar la intensidad de los mismos, facilitando la aparición de castigos físicos o de humillaciones graves en el niño.
  • Generan un sentimiento de distanciamiento con el niño. Al verse afectada la confianza hacia sus padres, el niño se distancia emocionalmente de ellos, lo cual es fácilmente perceptible por los padres.
  • Degradan las relaciones familiares. Con el tiempo, las tensiones de las situaciones de castigo propician la aparición de problemas entre el resto de miembros de la familia.

¿Se puede educar sin castigar?

De la misma manera en que siempre existirán alternativas a castigar a un adulto, también las habrá para evitar castigar a un niño. Nadie en su sano juicio castigaría a su marido, a su suegra o sus empleados; puede divorciarse o puede despedir a sus empleados, pero no puede castigarles.

La disciplina positiva constituye un método mucho más adecuado tanto para los padres como para el niño, al partir de la premisa de que las relaciones entre padres e hijos deben basarse en el cariño y el respeto mutuo. No se trata de ser permisivos (ni excesivamente autoritarios), sino de ser firmes respetando los sentimientos y necesidades de unos y otros.

En la página Educar sin castigar podrás encontrar algunas pistas para enseñar a tus hijos de manera respetuosa, firme y cariñosa.


Referencias:

1. Informe del Comité de los Derechos del Niño (2006) [Ir].
2. Artículo El bofetón queda fuera de la ley (El País) [Ir].
3. Legalidad del Castigo físico (Wikipedia) [Ir].

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31 comentarios

  1. Sonia dice:

    Hola,
    Lo primero, antes de comentar nada, es rectificar un error en la entrada. Dices que el castigo es reforzamiento negativo. Esto es erróneo. El castigo puede ser positivo (cuando la conducta va seguida de un estímulo aversivo) o negativo (cuando la conducta evita la presentación de un estímulo apetitivo) y va encaminado a disminuir la probabilidad de emitir de nuevo la conducta que lo precede. En cambio, el reforzamiento negativo aumenta su probabilidad y supone la evitación o eliminación de un evento aversivo.

    Dicho esto, indicas que el conductismo hace tiempo dejó de considerarse la aproximación adecuada en psicología. Si bien esto es cierto, también lo es que todas (o casi todas) las terapias que se aplican en la actualidad (basadas en evidencia) tienen sus bases en principios estudiados por el Análisis Experimental de la Conducta (ciencia cuya filosofía es el conductismo), hay que reconocerlo.

    Me crea bastante confusión la asociación que haces entre conductismo y castigo. B. F. Skinner, ya en 1953 en su libro Ciencia y Conducta Humana, dedica un capítulo completo al castigo y a sus efectos adversos. Entre ellos se encuentran algunos de los que enumeras: su limitación a la situación actual, sentimiento de culpabilidad en situaciones similares aunque aceptables o conductas evitativas del castigo (sumisión). También en ese mismo libro se proponen alternativas al castigo, como por ejemplo el reforzamiento POSITIVO de conductas incompatibles. No obstante, hace tiempo que el estudio del castigo ha sido relegado, algo a mi parecer erróneo; puesto que no hay mejor forma de evitar sus posibles efectos secundarios o encontrar alternativas efectivas que el conocimiento de los mecanismos que operan en torno a él.

    De todas formas, como se deduce de mi argumentación, el castigo existe y existirá, no sólo el físico, sino en todas sus formas ¿No es castigo también acercar el dedo a una llama y quemarse? ¿una mirada desaprobatoria, el divorcio o despedir a un empleado? ¿Decir que no se haga algo aunque sea muy amablemente? La noción de estímulo aversivo es amplia y siempre que se presente contigente a una conducta es considerada castigo.

    Por último, te invito a que profundices un poco más en el conductismo, puede que encuentres más puntos en común con tu postura de los que imaginas. Si no, al menos podrás hacer una crítica de él con información de primera mano.

    Un saludo.
    Sonia

    • Hola Sonia,

      Muchas gracias por aportar tu punto de vista.

      Lo primero que me gustaría decirte es que, como habrás podido comprobar, esto es un blog de paternidad. Y, aunque me encanta la Psicología (y la estudio en profundidad), no pienso ahogar a mis lectores con aspectos técnicos ni explicaciones profundas sobre esta disciplina. Por supuesto, esto no significa que me invente o me saque de la manga las conclusiones, sino que trato de sintetizarlas y plasmarlas de forma que llegue a todos los lectores, estén o no interesados en la Psicología misma.

      Dicho esto, lamento no saber muy bien si me estoy dirigiendo a una titulada en Psicología, a una estudiante, o a una interesada en la materia, ya que no lo has mencionado, lo que me habría servido para adaptar mejor mi respuesta a tu perfil. Yo, como ya constato en la cajita del autor del blog, soy estudiante de Grado en Psicología. De cualquier modo, te comentaré que en este post no trato de explicar las raíces del conductismo ni tampoco del análisis experimental de la conducta. Estoy hablando de niños, y, como bien sabes, el conductismo skinneriano fue fundamentalmente estudiado con animales de laboratorio (ratas, palomas, etc.). Y una de las grandes críticas al conductismo siempre fue haber dado por supuesto que los principios de conducta que subyacen en los animales de laboratorio son idénticos en los seres humanos. Lo que me a mi me interesa en este blog, y creo que puede interesar más a los demás, son los principios en los que se basa el conductismo, y estos no son otros que los citados en la entrada, es decir, el estudio de la conducta humana como una relación entre estímulos y respuestas, y nada más, rechazando los aspectos cognitivos, sociales, emocionales, etc.

      Efectivamente, en Psicología un “castigo” es una contingencia positiva; positiva porque la respuesta se acompaña (relación positiva) de un estímulo aversivo. Lo que tú llamas castigo negativo es en realidad el entrenamiento de omisión (o reforzamiento diferencial de otras conductas, RDO). Si hasta a algunos estudiantes de Psicología nos supone un tanto paradójico que un castigo sea un refuerzo “positivo”, ¿no le parecerá muy confuso a una persona sin mayor interés por la psicología? Como te decía en el párrafo anterior, esto es un blog de paternidad, no de psicología, y trato de adaptar conceptos complejos a un lenguaje “mundano”, si prefieres llamarlo así.

      Tu comentario acerca de que la práctica totalidad de las terapias que se emplean hoy en día están basadas en los principios del Análisis Experimental de la Conducta es del todo sesgado. Corrientes psicológicas hay muchas, y terapeutas al abrigo de cada una de ellas muchos más. Pero la comunidad científica tiene desde algunos años una visión mucho más global de la psicología humana, englobando aspectos que van mucho más allá del reduccionismo conductista, como son los aspectos emocionales, cognitivos, sociales, etc. Por cierto, el Análisis experimental de la conducta no es un ciencia, sino un paradigma dentro de la corriente conductista de, ahora sí, la ciencia de la Psicología.

      A mi no se me ocurriría negar las valiosas aportaciones que el conductismo ha hecho a la Psicología, de ninguna manera. Pero tampoco las del Psicoanálisis, las de Frenología, o las de cualquier otro acercamiento al estudio de la mente. Pero eso no significa que tengan que considerarse válidas para siempre. De hecho, la verdadera ciencia se basa en el principio de falsación, como seguramente sabrás. Los estudios más recientes dan un importante valor a factores que van mucho más allá de las asociaciones entre estímulos y respuestas, y entre estímulos, respuestas y reforzadores. Tu opinión sobre que es un error que el estudio del castigo se haya relegado es eso, tu opinión, como yo puedo tener otra.

      El dedo y la llama, la mirada desaprobatoria, el divorcio, etc… No quisiera repetirme demasiado. Son castigos desde el ámbito de la Psicología, pero desde fuera de él son más fácilmente entendibles como consecuencias (naturales unas y “lógicas” otras).

      Por último, no sé cómo agradecerte que me hayas animado a obtener esa “información de primera mano” a la cual me remites. Te felicito por esa capacidad tuya, sin duda muy alejada del conductismo y más propia del esoterismo, para tener conocimiento de cuánto he profundizado (o no) acerca del conductismo :-)

      Un saludo

      NOTA: edito para corregir “reforzamiento positivo” por “contingencia positiva”.

      • Sonia dice:

        Hola Himar

        Perdona por tardar tanto en volver a comentar.

        Entiendo que este es un blog de lo que es y que tu última pretensión es “ahogar” a tus lectores con infinidad de términos que no entienden. Tampoco era mi intención con el anterior comentario. Pero si detecto un error, considero que lo lógico es que advierta a su autor de ello. Dicho esto, podías haber simplificado diciendo simplemente castigo, sin meterte en reforzamientos.

        No he indicado mi condición, , porque no considero necesario recurrir a un argumento de autoridad para dar validez a mis afirmaciones. Por lo tanto, no lo voy a hacer. La información está al alcance de todo el que quiera y tenga interés en encontrarla.

        Entiendo que en este post no pretendas explicar las raíces de ningún paradigma, pero si te refieres a alguno de ello, lo mínimo que puedes hacer es hacerlo con rigor. Así que contestaré de forma somera a las afirmaciones que haces:
        -No, el conductismo no sólo estudia con animales y no es solamente una asociación E-R
        -Los principios son extrapolables, y no es algo que diga Skinner, sino Darwin: las diferencias con cuantitativas, no cualitativas.
        -Y por último, no, el conductismo no niega las emociones, etc. simplemente no les otorga un estatus especial por ser inaccesibles. Por ejemplo, a nadie le da por pensar que la gravedad es diferente en Australia sólo por que no esté allí.

        Bien, sí, lo que yo y muchos llamamos castigo negativo se llama RDO, es el mismo fenómeno. No he usado ese término para no liar más el asunto. Un castigo no es un refuerzo, un castigo es un castigo. Cuando me he referido a las terapias he puntualizado “basadas en evidencia”. La terapia “constelaciones familiares” efectivamente no se basa en dichos principios, pero claro…tampoco es que haya evidencia alguna de su efectividad.

        Por último te corrijo otro par de errores. El Análisis Experimental de la Conducta sí es una ciencia, puesto que tiene un objeto de estudio y un nivel de análisis propio y se apoya en los mismos principios que otras ciencias naturales: determinismo, monismo y materialismo. Si quieres o no considerar al conductismo como paradigma, según lo definición de Khun, es perfectamente discutible, discusión extensible a si lo son otras corrientes dentro de la psicología. Por otro lado, mezclas churras con merinas, los axiomas en los que se basan las ciencias naturales son los que he comentado antes. El falsacionismo es una corriente epistemológica como lo es la verificación, es un criterio de demarcación, no un paradigma.

        Creo que me he extendido demasiado. Mi intención era simplemente remarcar que el conductismo no es castigo y que quedara constancia de que tal asociación es absolutamente parcial y errónea.

        Reitero mi ofrecimiento a que profundices más. Tu comentario me reafirma en mi hipótesis de partida. ;)

        Un saludo,
        Sonia

  2. Vicente dice:

    A mí me parece muy bien que con un afán didáctico se simplifiquen contenidos psicológicos en este tipo de foros, pero una cosa es simplificar y otra confundir. No es una cuestión del nivel de profundidad sino de rigor. ¿Qué es eso de que un castigo es un refuerzo positivo? ¿No querrás decir que en el castigo existe una contingencia positiva? ¿De verdad consideras que la frenología ha aportado alguna información valiosa a la explicación del comportamiento humano?
    Sobre el alcance del conductismo skinneriano, me parece que una cosa es que en la investigación básica (la de laboratorio) se utilicen principalmente animales y otra que Skinner sólo se preocupase por ellos. Sería interesante que se leyese, por ejemplo, “Tecnología de la Enseñanza” (http://www.conductitlan.net/b_f_skinner/b_f_skinner_tecnologia_de_la_ensenanza.pdf).
    Por último, el supuesto rechazo del conductismo, que usted cita, a aspectos cognitivos, emocionales y sociales en la explicación del comportamiento humano es un malentendido más de los que por tanto circular se toman como verdad. Para Skinner, el pensamiento (capítulo XVI) y las emociones (capítulo X) también eran conducta y, por tanto, objeto de estudio natural de la psicología. En su libro “Ciencia y Conducta Humana” aborda estos fenómenos de manera abierta y le dedica un capítulo completo a la influencia de la Sociedad (capítulo XIX).
    Un saludo.

    • Hola Vicente,

      Gracias por notificarme el error con lo de “reforzamiento positivo”. No obstante, creo que es evidente, si atendemos a la continuación de la frase (“[…] positivo porque la respuesta se acompaña (relación positiva) de un estímulo aversivo […]”), que en realidad no quise decir “refuerzo” sino “contingencia”.

      También denoto ganas de buscarle “tres pies al gato” en el comentario “¿De verdad consideras que la frenología ha aportado alguna información valiosa a la explicación del comportamiento humano?”. En primer lugar, en mi comentario dejé claro que las aportaciones de todas las aproximaciones al estudio del comportamiento hay que valorarlas aunque ya no se consideren válidas o adecuadas. En segundo lugar, a mi no me gusta rechazar ningún aspecto histórico del estudio de la Psicología, por muy disparatados que pudieran ser los fundamentos de cada época y/o autor. Todo forma parte del conocimiento y todo aporta. Lamento que tú (mi blog es de lectura relajada, y prefiero emplear el “tú”; valgan de antemano mis disculpas si esto te disgusta) no aprecies el valor de todas y cada una de dichas aproximaciones.

      Con todo el respeto: como ya decía más arriba, éste no es un blog para profundizar sobre Skinner, ni sobre el análisis experimental de la conducta. La práctica totalidad de las teorías psicológicas hasta la fecha son objeto de críticas por parte de sus detractores, una crítica que no ha venido más que a enriquecer el conjunto de la disciplina. Tú puedes tener tu opinión al respecto, yo tengo otra, y ni yo digo que tú no seas riguroso con tu opinión, ni tampoco admito que tú me digas que yo no lo soy con la mía. Acepto de buen grado cualquier crítica constructiva, pero acusarme de falta de rigor porque haya intentado simplificar la explicación de un fenómeno no lo considero aceptable.

      Seguro que en infinidad de blogs, foros, etc. de internet puedes encontrar un rincón donde mostrar lo que parece tu defensa a ultranza del conductismo skinneriano. Éste, simplemente, no es el lugar apropiado.

      Un saludo.

      • Vicente dice:

        Hola Himar:
        Yo también soy, al igual que tú al parecer, un firme defensor del uso de alternativas al castigo para suprimir comportamientos indeseables. Creo que en tu entrada señalas una buena lista de inconvenientes, y la suscribo completamente.
        Me parece evidente que este no es un blog para profundizar sobre Skinner y que tu intención es claramente divulgativa y orientada principalmente a padres. No obstante, no me hubiese animado a comentar si no hubieses vertido ciertas opiniones del todo incorrectas. Y que yo las etiquete como incorrectas no es una apreciación mía, en mi anterior comentario he señalado de manera precisa los textos directos donde puede comprobarlo por ti mismo.
        Aplaudo la iniciativa que has tomado con este blog e, insisto, estoy de acuerdo con el contenido al respecto de los inconvenientes del uso del castigo. Si ese era tu objetivo, creo que lo has cumplido, el mío era dejar constancia de que algunas afirmaciones que has hecho respecto al conductismo simplemente no son ciertas.
        Un saludo.

  3. Rosangela dice:

    Saludos Himar, otra vez por aquí.
    Me ha llamado mucho la atención uno de los ejemplos de los castigos no físicos. Y es que en momentos de berrinches algunas veces hemos optado por ignorar la conducta. Me gustaría saber que alternativa me sugieres.
    Me ha pasado que mi hijo de 3 se impacienta por algo y le explico lo que debemos hacer, bien sea esperar porque aún no está lista la comida, o que no puede ir a tal sitio por es peligroso, intento ofrecerle otra opción para que hagamos juntos; pero después de esto el insiste en gritar y sentirse frustrado, opto por ignorar su rabieta y luego se calma. Pero creo entender que esa es también una forma de castigo.
    Como te comenté en el otro post. Decidí terminar por completo con todo tipo de castigo, aún cuando hayan sido leves, y retomar como había sido antes el camino que no se en que punto desvirtuamos. Y esta duda me ha rondado todo el día.
    Gracias. De nuevo

    • Hola de nuevo Rosangela,

      Si te parece, voy a responder a este comentario en una nueva entrada del blog, ya que me gustaría desarrollarla un poco en profundidad.

      Por favor, estate atenta a las próximas entradas.

      De nuevo, ¡gracias por comentar!

      • Rosangela dice:

        Hola Himar..
        Encantada con tu sugerencia.. Estaré pendiente.. Confieso que me estoy estrenando con esto de los Blogs.. El tuyo es el primero que sigo..
        Y curiosamente también empece estudios de Psicología, pero me di cuenta que a veces se centraban mucho en el problema en si y como llamarlo que en una solución. Por ello la deje y me dedique al Turismo donde también ayudamos un poco a la gente que nos visita.
        Gracias de nuevo por tu bella vocación aquí en la web. Es refrescante leerte, además de gran ayuda.
        Espero tu nueva entrada.

  4. Ysabel Sanchez Campos dice:

    Me encanta recibir buenos consejos ya que tengo dos niños, un varoncito de cinco y una bebe de 6 meses, Dios te de mucho mas sabiduría e inteligencia para guiarnos a nosotros los padres, para que se corte toda idea errónea que utilizamos hacia nuestros niños que en vez de ayudarlos los dañamos, bendiciones.

  5. Joss dice:

    Totalmente lógica la explicación, gracias!

    ¿Tengo una duda, qué opinas del “time out” tan empleado en las escuelas?

    Tengo una hija de 5 años en Preescolar 2 y la envían mucho, ya he hablado con la maestra sobre mi punto de vista al respecto y ahora lo hace con menor frecuencia. Creo que es una tontería aplicarlo para todo en lugar de saber qué hay detrás de la conducta del niño, que en el caso de mi hija es la llegada de un bebé dentro de poco, me parece una forma de exhibir y etiquetar a los niños, una pésima forma de “mostrarles” lo que no se debe hacer sin dejarles en claro el por qué y las verdaderas consecuencias.

    • Hola Joss. Por favor, perdona la tardanza en responder a tu comentario.

      Para mí, el timeout no sólo es inefectivo, sino que además tiene consecuencias indeseables sobre el niño y su relación con nosotros. La pregunta es, ¿en qué creemos que piensan los niños cuando están en el tiempo fuera, en la silla de pensar, o en cualquiera de sus diferentes variantes? Porque cuando el niño pasa por esa situación no piensa en qué debe hacer para comportarse “mejor”, sino qué debe hacer para que no vuelva a recibir el castigo (sí, esto es lo que es, un castigo) del timeout.

      Y, como bien dices, en el timeout nunca se acude a la raíz del problema. El adulto, al no encontrar formas más eficaces para guiar mejor al niño en su conducta, pretende que el niño haga lo que él es incapaz de conseguir con todo su razonamiento de adulto, es decir, explicarle el verdadero motivo por el que las cosas se deberían hacer de otra manera.

      Me alegra mucho que los padres de niños que sufren los timeouts, el rincón de pensar, etc., alcéis la voz y mostréis vuestra inconformidad. Por desgracia, son métodos que están tremendamente extendidos, pero me horroriza mucho más el pensar que los padres no hagamos nada por evitarlos.

      ¡Muchas gracias Joss por leer y escribir tu experiencia!

  6. Azul dice:

    Me van a perdonar pero no concuerdo con ninguno de sus puntos de vista,muchas veces los niños no entienden con una sola llamada de atención,no promuevo el castigo físico pero sin embargo hay niños que se pasan bastante de la raya y por más que les hablen,les castiguen y les traten de hacer entender por las buenas no entienden y con una buena nalgada(siempre y cuando sea como ultimo recurso)se calman por un buen rato aunque claro tampoco se trata de lastimar ni golpear brutalmente solo se trata de que reaccionen pues más que la nalgada en si es la actitud(pero por eso esta la regla de la nalgada segura,para no discernir los derechos y la integridad de tu hijo sin causarle algún mal),los niños necesitan límites y el castigar no les afecta en nada,el ponerlos 5 minutos en un rincón no es tanto como castigo más bien dicho es ponerlos a que reflexionen sobre su comportamiento,el castigarlos una semana sin televisión por ejemplo tampoco es humillarlos o denigrales pues si el niño no entiende de alguna manera le tienen que hacer reaccionar,a mi me educaron así y nunca fui una niña insegura,reprimida,agresiva o violenta,creo que se están yendo a bordes muy extremos.

    • Hola Azul,

      Por favor, perdona que haya tardado en responder a tu comentario. Lo que no voy a hacer es perdonarte, como dices al comienzo de tu mensaje, por expresar tu opinión ;-) Cosa que te agradezco desde ya. Todas las opiniones son interesantes.

      Pero más allá de las opiniones puede haber algunos aspectos que no se deben ni discutir. Una de ellas es que el castigo físico es un delito en la mayoría de países de habla latina. Como detallo en el texto, la ONU tiene una posición muy clara a este respecto. Y si la tiene es porque, obviamente, tiene conciencia de que existe un daño importante sobre los niños cuando se les castiga, y más aún si este castigo es de carácter físico (como la “buena nalgada” que nombras en tu comentario).

      Dices que “siempre y cuando sea como último recurso”. ¿Quién define cuál es el último recurso? Porque para unos padres ese último recurso podría ser, por ejemplo, cuando el niño no ha hecho caso tres veces seguidas a lo que se le ha pedido. Para otros, pueden ser cinco veces. O, incluso, para otros puede no ser nunca. ¿O es que no se trata de números, sino de cuando no sabemos hacerlo de otra forma, y a esto lo llamamos “último recurso”? Más adelante dices que esa nalgada no debe “discernir los derechos de los niños”, “sin causarle algún mal”. Los derechos de los niños ya están siendo violados en cuanto cometes un delito contra su integridad moral o física. Y en el texto ya cito algunos ejemplos enumerados por la ONU que atentan contra tales derechos.

      Pero cuando se me quitan, sinceramente, las ganas incluso de contestar a tu comentario es cuando afirmas categóricamente que “el castigar no les afecta en nada”. Hay evidencias, pero tú prefieres “creer” que no les afecta en nada.

      Permíteme que termine con una cosa más: dices que a ti te educaron así y… Tantas veces que he escuchado esta frase. Y yo, con todo el respeto del mundo te digo: a ti te educaron así y… justificas, aunque sólo sea en ciertos casos, la violencia.

      Muchas gracias de nuevo por leer y dejar tu comentario. Un saludo.

  7. Luna dice:

    Estoy totalmente de acuerdo,de esa misma manera me educaron a mi y de esa misma manera estoy educando a mis hijos,sin golpes ni gritos no castigos,con disciplina positiva,con el buen ejemplo y sobre todo con el amor y respeto,el dialogo,comprensión y la comunicación hacia nuestros hijos de esa manera podremos crear seres de bien,capaces de razonar por si mismos y pensar sin ser siempre ”sumisos” y llenos de inseguridades o miedos.No podría estar más de acuerdo pero eso me encantan sus artículos.

  8. Guani dice:

    Qué salada Azul, dice que la educación que recibió no la ha hecho agresiva ni violenta y a la vez defiende pegar a los hijos. Es tan obvio que casi provoca ternurita, pobreta.

    • Yo tengo muy claro que sí deja huella sobre nosotros y en la manera en que afrontamos en el futuro la crianza de nuestros propios hijos. El efecto de la normalización es muy fuerte, especialmente cuando estamos desarrollando nuestros principios básicos durante los primeros años.

      Pensándolo detenidamente, es un pensamiento bastante lógico: si tengo claro que mis padres me querían y de vez en cuando me pegaban, ¿cómo iba a pensar que no aplicaron ese castigo físico por mi bien? Y si lo hicieron por mi bien, ¿cómo iba a ser dañino para mi? En esta reflexión está la base de esa conocida opinión de “pues a mi me pegaron una bofetada a tiempo y no me pasó nada”. Pero que sea un pensamiento lógico no significa que no pueda depurarse. En la búsqueda de esto último estamos :-)

      Gracias, Guani, por leer y dejar tu comentario :-)

  9. Marisol dice:

    Qué desagradable la gente que se empeña en corregir a todo el mundo con ideas copiadas de sus miles de libros que han leído y sus estudios universitarios…..les tengo una noticia: hoy cualquier persona tiene un título universitario! La cosa es simple: no hay que golpear a los niños. Cientos de generaciones han sido golpeadas y castigadas y este mundo se nos cae a pedazos. Yo creo que hay una relación directa entre niñ@s maltratad@s y adult@s maltratador@s…..de otras personas, de animales, de la naturaleza. El artículo muy bueno. Corregirlo con seudointelectualismo es odioso. Saludos!

    • ¡Bravo! Todo se resume como lo has hecho tú: NO-GOLPEAR-A-LOS-NIÑOS. Ojalá todo el mundo tuviera tan claro como tú la relación tan directa que existe entre padres agresivos e hijos agresivos.

      Gracias por pasarte por aquí y por tu comentario :-) ¡Un saludo!

  10. Maryory dice:

    Hola… Tengo un niño de tres años y ocho meses el cual su comportamiento me preocupa ya que ha sido diferente al de sus hermanos. en ocasiones se molesta y hasta nos ha levantado la mano y por todo cuenta la maestra que le pega a los compañeros en la escuela. Se le habla, se ignora, se le castiga, en fin… siento que he agotado las herramientas

  11. Irma Cecilia Reyes dice:

    Hola Himar,

    He leido tu blog durante mucho tiempo, pero mi hijo no sabe afrontar estos tipos de ayudas… yo personalmente no soy de las madres que lastima a sus hijos con castugos, pero aun asi a empezado con rebeldias.

    Muchas gracias.

  12. Ivette Martínez Díaz dice:

    Hola, recién tropiezo con este blog, y me ha sido de mucha utilidad todo lo que he leído, propiamente el artículo y también todos los comentarios, me ha hecho feliz el de Marisol, pues expresa también mi punto de vista. Quiero felicitarte por tu blog, yo colaboro también para uno de psicología y es verdaderamente difícil cuando algunos se empeñan en ver de sol solo las manchas, un saludo afectuoso y suerte con tus estudios y tu blog, me ha gustado. Mua

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