No llores

No llores

Lo escucho constantemente. “No llores”, “¡Pero si eso es una tontería! No llores por ello”, y otras variantes con el mismo mensaje. En ocasiones la solicitud del progenitor abandona la calma para pasar a la amenaza o al castigo: “Como sigas llorando te quedas sin ir al ‘burger'”.

¿Qué tiene el llanto del niño que nos causa la necesidad de extinguirlo, por el medio que sea y por los argumentos que sean? Desde un punto de vista biológico estamos genéticamente programados para responder ante el llanto de nuestros hijos (en especial las madres, pero también puede ocurrir en los padres) a nivel fisiológico (variaciones del ritmo cardíaco, conductividad de la piel). Aunque estos efectos se van mitigando a medida que el niño crece, probablemente como fruto de la habituación, nunca llegan a desaparecer del todo.

Bien, el llanto de nuestros hijos provoca reacciones fisiológicas autónomas. ¿Y qué ocurre con el aspecto psicológico? ¿Por qué nos sentimos motivados a evitar que el niño llore? Quizás se deba a que empatizamos con él, esto es, nos ponemos en su situación y comprendemos que lo está pasando mal, por lo que nos sentimos motivados a ayudarle o atender sus necesidades. Pero en casos como el del padre o madre que amenaza a su hijo con quedarse sin ir al “burger” si no deja de llorar, ¿lo hacemos por ayudarle o atender sus necesidades?

Dentro de un marco más global, existe un interesante debate (al menos para aquellos a los que nos gusta la Psicología) sobre los motivos que subyacen en una actitud empática como la que se produce cuando nuestro hijo llora. Por un lado, se defiende que los motivos que nos impulsan a calmar el llanto son de tipo altruista, es decir, nuestra motivación es aliviar el estado emocional del niño. En el lado opuesto se argumenta que lo que verdaderamente nos impulsa a aliviar su malestar es el beneficio personal que nos supone que el llanto del niño desaparezca, por lo que no estaríamos hablando de una motivación altruista, sino egoísta.

En mi opinión, estas posturas aparentemente incompatibles son, en realidad, complementarias. En ocasiones actuamos (en infinidad de situaciones sociales, ya no sólo con nuestros hijos) con una motivación altruista y en otras con una motivación egoísta. ¿Cuál de las dos te resultaría más apropiada para criar a tu hijo? En mi caso, lo tengo claro. Y pongo la mano en el fuego (virtual) porque coincide con la tuya.

En el ejemplo del “burger”, el padre tiene una motivación claramente egoísta. Es importante recalcar lo siguiente: no digo que el padre sea egoísta, sino que, en ese caso concreto, está motivado de forma egoísta. Puede ser porque tenga prisa, porque no quiera que el niño “arme un escándalo”, o porque simplemente ha tenido un mal día en el trabajo y oír al niño llorar le ponga nervioso a él.

Bloqueando las emociones

¿Te has fijado en cómo la sociedad, en general, trata de reprimir por todos los medios el llanto de los niños? No siempre es ofreciendo como premio ir a una hamburguesería (o retirándola como castigo), sino que se suelen emplear elogios (“qué niña tan mayor, que ya no llora”) o incluso muestras de afecto (por ejemplo, un beso) como “recompensa” a que el niño deje de llorar.  En las jugueterías venden esos carteles (con los personajes favoritos del niño) destinados a cumplir ciertos “objetivos”, entre los que no suele faltar el “No lloraré”.

Independientemente de la aceptabilidad, por parte de los adultos, de las sensaciones que han llevado al niño a llorar, el llanto supone una vía de escape, un desahogo a su malestar, y por lo tanto no sólo debería no ser reprochado, sino que debería alentarse si el niño muestra claros deseos de hacerlo. Si nuestra pareja llega un día a casa llorando desconsoladamente, ¿le exigiríamos que dejara de llorar? No importa el motivo, ya sea por el estrés acumulado o por un fallecimiento de una persona querida, porque ha perdido el empleo o porque lo que ha perdido es un objeto de mucho valor sentimental (aunque para nosotros sea “sólo un objeto”). Cualquiera que sea la razón, no debemos reprimir el llanto.

El niño a quien sus padres le piden habitualmente que no llore aprende que expresar los sentimientos no es adecuado, y que lo mejor es reprimirlos y guardarlos en su interior, creando con ello un caldo de cultivo de futuras inseguridades y problemas emocionales incluso en la edad adulta. En cambio, expresar abiertamente sus sentimientos sin que estos sean cuestionados o minimizados por sus padres aporta al niño seguridad, aumento de su autoestima y un refuerzo muy importante del vínculo afectivo entre padres y niño.

Una persona cercana me contaba hace poco que su hijo se pone “pesado” porque llora cuando está muy cansado, “y en realidad no le pasa nada”. Es una contradicción, ¡claro que le pasa algo!: está cansado. Y el niño no gestiona su cansancio de la misma manera que un adulto (por ejemplo, metiéndose en la cama sin llorar o ayudándose de otras herramientas cognitivas que el niño todavía no tiene).

¿Conoces o has experimentado algún caso en el que el llanto de un niño fue reprimido y te pareció inadecuado? Cuéntanos tu experiencia.

(Imagen de cabecera via Shutterstock)

Himar Viera

Apasionado de la crianza basada en el respeto y el cariño. Entusiasta y estudiante de Psicología. Mi mayor logro: ser padre. Me ha cambiado la vida.

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Crianza respetuosa

15 comentarios

  1. BuggyMama dice:

    Tienes mucha razón, pero he de confesar que cada vez que mi hija llora siento como un vacío en el estómago y no puedo evitar pedirle que no llore…

    • ¡Hola BuggyMama!

      ¿Cómo no vamos a sentir ese vacío en el estómago, si lo último que queremos es ver a nuestro hijo sufrir, por el motivo que sea? Pero sobre nosotros juega un papel importante el peso de la educación que hemos recibido, que tiende a etiquetar el llanto como algo malo, negativo, a evitar.

      Evitando el llanto no se consigue un mejor bienestar. Más bien todo lo contrario: llorar puede no solucionar el problema, pero sin duda ayuda a quien llora a sentirse mejor.

      ¡Muchas gracias por pasarte y comentar!

  2. Interesante artículo. Me gustan tus posts porque ahondan en aspectos psicológicos que aportan un valor añadido a alguien que (como yo y muchos otros mortales) vive la psicología como algo lejano. En nuestro caso la peque aún es demasiado peque, nunca mejor dicho. Intentaré controlar mis reacciones cuando sea más mayor. Aunque yo haya tenido uno de esos días en que te supera la vida… :-P

    • ¡Hola Un Papá en Prácticas!

      Encantado de que te gusten mis publicaciones. Me encanta la paternidad y me encanta la Psicología, así que de ahí que salgan estos “engendros” de posts, en el que mezclo mis conocimientos sobre ambos aspectos.

      Te confieso que a mi también se me ha escapado alguna vez un “venga, no llores”, teniendo mi peque más o menos la misma edad que la tuya. Es normal que se nos escape. Pero tan pronto como lo he dicho me he dado cuenta de lo absurdo (e ineficiente) que es pedirle algo así a tu hijo (y si encima tenemos en cuenta que todavía no nos entiende, aún más :-D).

      Muchas gracias por pasarte, dejar tu comentario y por compartir el post en las redes sociales. ¡Ah! Y yo también disfruto con tus posts (peloteos aparte ;-D).

  3. Muy buen post. A mi también se me ha escapado el venga no llores más de una vez… incluso el “si no pasa nada” pero tienes razón, luego lo piensas y te das cuenta de que el peque está llorando por algo importante para él, aunque a ti te parezca que no es nada

  4. mariel dice:

    muy bueno! casualmente escribí sobre el tema hace unas semanas, abordando también la perspectiva energética. estamos 100% de acuerdo. yo creo que tratamos con todas nuestras fuerzas de evitar que lloren, porque su llanto nos conecta con nuestro propio “niño herido”.

  5. Sonia dice:

    Dicen que los adultos no aguantan el llanto de los niños porque les recuerda al de su propio niño interior. Aquellos que no mantienen un vínculo fluído con su niño interior, que no pueden/saben escucharlo, no soportarán escuchar a los niños llorando como sí lo podría hacer un adulto que ha sabido recoger al niño que hay en él y atender a sus necesidades.

    Muy interesante post…ya vi por ahí que te llamó la atención algunos de los comentarios sobre la tabla de “recompensas”. Sabía que resultaría polémica, por eso quise publicarla….hay tantas opciones para criar a nuestros hijos!! Cada padre va encontrando la suya propia y eso me parece bien. Pero mejor me parece cuestionar lo que nos venden, darlo vuelta, hacer algo que tenga más que ver con lo que sentimos que con lo que “debería ser”.

    Un abrazo y preciosa tu web!
    ¿La has diseñado tu?

    • ¡Hola, Sonia!

      Esa relación entre nosotros y nuestro “niño interior” nos debe servir todavía más, si cabe, para comprender la necesidad de respetar las emociones de nuestros hijos; de no tratar de minimizarlas o censurarlas, sino de aceptarlas y acompañarlas.

      Sí, la tabla de recompensas que publicaste el otro día me horrorizó (aunque tristemente estoy acostumbrado a ver cosas parecidas). Me inspiró para hablar sobre ese tema en un futuro post.

      Me da mucha alegría verte por aquí y que te haya gustado la entrada. ¡Muchas gracias por tus comentarios!

  6. María del socorro cruz González dice:

    hola
    Tengo 3 hijos de 8,3 y bebe de 9 meses.
    El Niño de en medio poco antes que naciera su Hno. dejo de llorar y reprime sus sentimientos.
    El es un niño que casi no demuestra su afecto pero le gusta recibirlo.
    Cuando lo regaño o incluso que le dado con el cinto no derrama ninguna lagrima ni siquiera grita. Solamente se queda atacado sol llorar o gritar y eso me preocupa.
    Yo en muchas ocasiones con tal de que no despierte al bebe yo le dicho cuando se enoja por algo silencio no vallas a llorar etc.

    Por favor que puedo hacer ayuda
    Lo llevo al psicólogo???

    • María,

      Creo que a veces lo honesto es que hagamos una introspección en nuestra manera de educar, y pensemos qué consecuencias podemos esperar a partir de ella. Si reprimimos la expresión de los sentimientos de nuestro hijo en ciertas situaciones, ¿cómo vamos a esperar que en otras no lo haga?

      Si me permites, con todo el cariño, te recomendaría que la orientación profesional la buscárais para vosotros mismos a la hora de educar, no sólo para el niño (para él puede que también sea necesaria, no lo sé).

      Por favor, no peguéis a vuestro hijo, bajo ninguna circunstancia, nunca. Comprended que hacerlo, lejos de ayudar, es buena parte del problema. En esta entrada publiqué por qué castigar no es una buena idea. Y dadle prioridad absoluta a restablecer la conexión con vuestro hijo. Si él ve en sus padres alguien en quienes puede confiar (ante toda situación) y ante quienes puede expresar toda su carga emocional sin temor a ninguna reprimenda, con el tiempo perderá ese bloqueo, que por otra parte es muy, muy perjudicial para su presente y su futuro.

      Muchas gracias por dejar tu opinión.

  7. Mama de princesas dice:

    Gracias por compartir una enseñanza tan positiva , tengo tres princesas y no resisto cuando alguna llora , usualmente digo q no tienen motivo cuando lloran y no es por un golpe o algo grave , ahora seré más cuidadosa en la verdadera raíz de su llanto.
    Como puedo hacer consultas a varias inquietudes que tengo sobre cómo educarlas bien ?,

    Cordialmente,

    Mama de princesas

  8. Carolina dice:

    Buenas noches, mi nombre es Carolina, hoy día ya soy una adulta de 31 años, cuando estaba pequeña un día me tropecé y me lastime, quice llorar pero mi madre no me dejo, me dijo que no llorara, que era una niña fuerte, yo no tengo memoria de ese evento para ese entonces yo tenia un mas de un año, lo se porque mi madre alguna vez se preocupo debido a que yo no soy una persona expresiva (incluso nunca lloro delante de mi madre, no soy capaz y.. Evito en la medida de lo posible llorar en publico y cuando lo hago me siento un poco avergonzada); entonces le dijeron que algo me había pasado, y mi madre contó la historia y la alcance a escuchar (tenia 10 años). Hoy día me cuesta terrible expresarme, cuando se trata de sentimientos lo que tengo en mente no soy capaz de pasarlo a palabras, es como si fuese otro idioma. Las personas me toman por seca, por fría, pero estoy lejos de serlo, nunca he sido una persona afectuosa (excepto con mis mascotas). Por mi experiencia de vida puedo asegurar que es contraproducente inhibir el llanto del niño.

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