No me come: alimentación forzada y conflictos

No me come: alimentación forzada y conflictos

Uno de esos “grandes temas” de la crianza sobre los que he cambiado radicalmente mi concepción previa es la alimentación de los hijos. Confieso que hasta hace pocos años creía que era necesario, para educar convenientemente a los hijos en lo que alimentación se refiere, obligarles o forzarles para que coman lo que se les pone sobre la mesa, toda la cantidad que se les pone y a la hora a la que se les pone. Ahora veo con enorme claridad que estaba muy, muy equivocado.

Los adultos solemos imponer a los niños qué, cuánto y cuándo deben comer. A partir de esta premisa, en muchos casos aparecen en el hogar problemas (algunos de gravedad) relacionados con la comida que afectan profundamente a la relación con nuestros hijos en ese momento tan cotidiano y habitual de cada día. Se suele escuchar entonces en boca de los padres la famosa expresión: “mi hijo no me come“. Una frase que, casi sin que reparemos en ello, esconde al mismo tiempo el origen y la solución del problema.

Qué es y qué no es forzar a los niños a comer

Empecemos por el principio. ¿Qué se considera forzar al niño a que coma? ¿Es lo mismo meterte la cuchara en la boca cuando no quiere comer que pedirle que se coma todo lo que hay en el plato, o que decirle que si no come no tomará helado de postre?

La respuesta es, en realidad, de sentido común. Inducir, por el medio que sea, que el niño coma algo en contra de su voluntad manifiesta es forzarle a comer. Pedirle amablemente (sin chantajes, sin reiterarnos en la insistencia) que coma un poco más no es forzarle, aunque a veces cueste aceptar que el niño, simplemente, no quiera comer más. En cambio, meterle la cuchara en la boca cuando se niega a comer es forzarle, y también lo es chantajearle con un helado o hacerle “el avioncito” si antes nos ha hecho saber que no quiere comer más.

Por qué forzar a los niños a comer es una práctica tan común

Antes de abordar este problema en la crianza de los hijos considero importante comprender por qué forzar a los niños a la hora de alimentarles es una práctica común y habitual entre muchos padres. Ojalá me equivocara al afirmar que conoces, al menos, un caso cercano de familia en donde los padres alimentan a sus hijos de manera forzosa. Las que siguen son las principales razones:

Nuestra propia experiencia. En primer lugar, como ocurre también en casi cualquier tema relacionado con la crianza de nuestros hijos, un papel importante lo juegan las propias experiencias de nuestra infancia. Si nuestros padres nos obligaron a comer, ya fuera de forma esporádica o habitual, se nos habrá quedado grabada la idea de que forzar a nuestros hijos para que coman es, aunque desagradable, un método válido y eficaz. Si pensamos que fueron episodios muy traumáticos “pero necesarios, ya que eran por mi bien”, en el fondo estamos justificando esta práctica. No todo lo que persigue un bien resulta en un bien, y este tema es un ejemplo de ello.

Herencia cultural. A pesar de la enorme evidencia científica que existe hoy en día, todavía una gran cantidad de padres considera que, al igual que se pensaba antiguamente, el niño, “cuanto más gordito, más sano está”. Y esta creencia está tan extendida que no dejas de encontrar a sus predicadores por todas partes: en nuestro propio entorno familiar, en el trabajo, entre nuestras amistades, etc. Quizás la consecuencia más triste de esta herencia es que a prácticamente nadie le sorprende ver cómo unos padres obligan a comer a sus hijos en un restaurante, normalmente con amenazas y gritos.

Ajuste de planes y horarios. Muchos padres no se preocupan en absoluto por conocer si sus hijos realmente tienen hambre o no. Los padres hacen sus planes (o siguen los de otros adultos) y establecen sus horarios, y esperan que los niños se adapten a ellos. A veces, el ajuste se realiza en función del hambre que tienen los propios adultos, sin detenernos a evaluar si nuestros hijos pueden estar hambrientos o no. Incluso con las cantidades podemos cometer el error, pensando que nuestro hijo tiene un estómago lo suficientemente grande como para albergar más o menos la misma cantidad de comida que nosotros.

Miedo a un desarrollo físico inadecuado. Quizás ésta sea la razón de mayor peso para los padres que alimentan a sus hijos forzosamente. “Es imposible que no tenga hambre, ¿tendrá algún problema de desarrollo?”. “Si no le enseño cuándo, cómo y qué debe comer no podrá desarrollarse saludablemente”. Ese miedo se traduce, en realidad, en desconocimiento y desconfianza sobre cómo funciona un organismo ya no sólo humano, sino de cualquier especie. Biológicamente, desde que nacemos estamos programados para buscar alimento, digerirlo (algunos alimentos antes, otros después) y excretar sus desechos. Estamos equipados con diversos mecanismos que nos permiten saber cuándo nuestro estómago está lleno y cuándo nos sentimos saciados. Y, a pesar de todo ello, seguimos pensando como si el cuerpo no estuviera preparado para su principio más fundamental: la supervivencia. Como si tuviéramos que forzar al organismo a comer más de lo que él considera adecuado, “por su propio bien”.

Los Algunos pediatras y los dichosos percentiles. Bueno, quiero ser honesto y no incluir en el mismo saco a todos los pediatras, porque me consta que muchos no son partidarios de forzar al niño a comer. Pero sí es cierto que, ya sea directa o indirectamente, otros inoculan en el cerebro de los padres la idea de que el pequeño tiene que ser alimentado a toda costa, por una supuesta cuestión “de salud” así entendida también por los padres y que, en muchos casos, dista mucho de estar verdaderamente en juego. Yo mismo lo he vivido.

Tabla de percentiles OMS
Tabla de percentiles de la OMS para niños de 0 a 6 meses.

El asunto de los percentiles es particularmente ilustrativo a la hora de poner de relieve el sesgo que cometen muchos padres en lo que a la alimentación del niño se refiere, y sobre el que echo mucho en falta explicaciones más detalladas por parte de los profesionales de pediatría. Aunque probablemente ya lo sabéis, las tablas de percentiles son unas gráficas publicadas por la OMS, que relacionan las variables sexo y edad con el peso y la estatura del niño en torno a una media obtenida de una muestra poblacional aleatoria de niños sanos. Ojo, que insisto: niños sanos. Si nuestro hijo está en el percentil 55, significa que, si pusiéramos a 100 niños sanos de la misma edad y sexo en una escalera ordenados por pesos ascendentes, nuestro hijo dejaría “por debajo” a 54 niños sanos más delgados que él, y tendría “por encima” a 45 niños sanos más gordos que él. Todos ellos sanos, desde el niño con el percentil 1 hasta el niño con el percentil 100. Pues bien, imagina que tu hijo está en el percentil 97. ¿Te sentirías preocupado o feliz por cómo “está comiendo” tu hijo? ¿Y si estuviera en el percentil 3? ¿Preocupado o feliz?

Lo curioso es que, aunque muchos se sentirían más seguros con el niño en el percentil 97 que en el percentil 3, ninguno de los dos casos representaría a un niño con problemas -ni necesariamente con salud- en el ámbito alimenticio. Se trata de una estadística que tiende, como suele ser habitual, hacia una “normal”. No existe ningún problema en un niño que está en el percentil 3 durante todo su desarrollo, de la misma manera en que no hay ningún problema en que haya adultos que miden 150 centímetros y otros 200. La verdadera utilidad de estas tablas radica en detectar fluctuaciones importantes de percentil en distintos momentos del desarrollo de un niño. Por ejemplo, si en la revisión de los 12 meses el bebé está en el percentil 65 y en la de los 18 meses en el percentil 3, entonces sí puede ser preciso evaluar más a fondo la situación para detectar algún posible problema en su desarrollo.

Cuando un niño sano se niega a comer

Ningún niño sano se niega a comer si tiene hambre, con la salvedad, claro está, de que la comida que se le ofrece en un momento concreto le desagrade. Si la hora de comer se ha convertido en un trauma para toda la familia, entonces es deseable tratar de enmendar la situación lo antes posible.

Exploremos la evolución del problema desde su génesis. En algún momento de su vida, el niño, a pesar de que su cerebro (concretamente una estructura llamada hipotálamo ventromedial) ha sido lo suficientemente estimulado por la ingesta de alimentos como para producir la sensación de saciedad, es forzado -consciente o inconscientemente por parte de los padres o cuidadores- a comer más de lo que realmente necesita; o bien es obligado a comer algo que no le gusta o que en ese momento no le apetece (¿acaso a los adultos no nos pasa? ¿por qué rechazamos que a los niños también les pase?). Ambas situaciones producen malestar en el organismo del niño. La repetición continuada de episodios como estos repercute negativamente en su predisposición ante el momento de comer.

Cuando hablo de forzado consciente o inconsciente por parte de los padres, me refiero a que, efectivamente, muchas veces éstos no reparan en que están obligando a sus hijos a comer más de lo que éstos quieren. Con los bebés, por ejemplo, el llevar a rajatabla los horarios y cantidades de las tomas, generalmente de biberón que nos han recomendado, puede dar lugar a los episodios más tempranos de alimentación forzada. ¿Te imaginas que tuvieras que comer exactamente 370 miligramos de comida, cada 3 horas, incluso aunque estuvieras durmiendo y tuvieras que despertarte? En algunos momentos agradecerás la comida… y en otros no. Pero como el cerebro de los bebés más pequeños no tiene totalmente desarrollada todavía la función de transmitir saciedad, el niño traga y traga hasta que, literalmente, no le cabe nada más en el estómago, y lo tiene que regurgitar.

Cuchara avión. Foto tomada de Vinçon.
Un utensilio más peligroso de lo que parece, la “cuchara avión”. Foto tomada de Vinçon.

Otros ejemplos de forzado generalmente inconscientes son el del “avioncito” (hacer creer al niño que la cuchara es un Boeing 747 que no tiene más sitio para aterrizar -y desembarcar- que su boca) y el que yo llamo “engatusamiento emocional” (emplear frases del tipo “ésta por el abuelito…” para evocar en la mente del niño la figura de un ser querido, y así aprovecharnos de su consecuente estado emocional “positivo” e introducirle la comida con facilidad). Con respecto a estas dos estrategias, planteo dos reflexiones: 1) si nos vemos en la necesidad de distraer al niño para que coma, ¿no será que siemplemente no tiene más hambre o que no le apetece lo que le estamos ofreciendo?, y 2) si estas técnicas no fueran manipulativas, ¿por qué no valen para cuando los adultos tenemos falta de apetito, o ni tan siquiera con niños más allá de la época preescolar? Si sólo sirven en los primeros años, significa que nos estamos aprovechando de la inmadurez del organismo del niño para introducirles más comida de la que tienen ganas de tragar.

Un día, el niño rehúsa enérgicamente comer, lo cual dispara las alarmas en los padres, quienes por otro lado suelen ya ver con preocupación los “problemas” alimenticios. El adulto insiste para que coma, aumentando con ello el nivel de estrés del niño, lo que agrava la situación. El pequeño siente cada vez más aversión hacia el momento de comer por lo desagradable de la situación. En pocos días, el estrés se dispara y el problema finalmente toma relieve.

En este punto suelen aparecer los premios y/o los castigos para tratar de enderezar el rumbo. Frases del tipo “si te lo comes todo, te daré un helado”, o “si no te lo comes hoy no vamos al cine”. Muchas veces parece que funcionan, y los padres respiran aliviados. Pero no es más que la tranquilidad en el ojo del huracán. Queremos “enseñar” al niño lo importante de una buena alimentación, pero lo único que está aprendiendo es que, para conseguir el premio (helado) o evitar el castigo (ir al cine), es obligatorio engullir primero la comida principal, aunque no le apetezca. Pero el tiro sale por la culata, porque, en realidad, estamos aumentando el rechazo del niño al plato de comida mediante su uso como herramienta para conseguir un premio o evitar un castigo. Los premios y los castigos no enseñan al niño por qué debe hacer algo, sino qué debe hacer para obtener o esquivar una consecuencia. La motivación no es la comida, sino la propia consecuencia externa. Y, por supuesto, llega un día en que estos “trucos milagrosos” para que el niño coma dejan de funcionar.

Se entra entonces en una especie de círculo vicioso: el niño come menos, o no come, porque es forzado a comer, lo que hace aumentar la preocupación y el estrés de sus padres, quienes le fuerzan con más insistencia, y esto no hace sino aumentar el rechazo por parte del niño. Incluso algunos alimentos que antes “funcionaban” definitivamente dejan de hacerlo.

La continuación de este ciclo suele conducir a los vómitos. A pesar de que vomitar es una experiencia que cualquiera de nosotros podríamos calificar como muy desagradable, algunos padres interpretan el vómito como “una provocación más” por parte del niño (por cierto, aunque el niño lo hiciera para “manipular”, ¿cómo de traumática tiene que ser su experiencia con la comida como para tener que recurrir a algo tan desagradable como vomitar? Para reflexionar…). En este estadio del problema, la situación ya se ha convertido en un grave problema.

Consecuencias de forzar a los niños a que coman

Estoy seguro de que los padres que alimentan a sus hijos forzosamente tienen la certeza de que es lo mejor para el niño. Sin embargo, la obsesión por alimentarles de cualquier forma no les deja ver con claridad ciertas consecuencias negativas que son, muchas veces, de sentido común.

Un niño que es obligado a comer desarrollará necesariamente aversión al momento de comer, y a la comida misma, de igual manera en que los adultos la desarrollamos cuando nos obligan a hacer una actividad en contra de nuestra voluntad de forma continuada. Como consecuencia de ello, la conexión entre el niño y sus padres se debilita gravemente, y esto tiene consecuencias indeseables en éste y en todos los demás aspectos de la crianza. Todos sabemos que las personas influimos más en aquellos otros con quienes nos unen vínculos emocionales estrechos. Destruir o dañar parte de ese enlace afectivo hará que el niño no sienta interés o que directamente muestre rechazo por colaborar con nosotros.

Otras consecuencias no tan fácilmente visibles son los daños psicológicos que podemos llegar a generar en el niño, como la vergüenza (“¿Ves como Pepito es un niño bueno y se lo ha comido todo?”), la culpa (“¡Ay, con al cantidad de niños que desearían poder comerse tu plato!”), la impotencia o la indefensión (“No importa lo que quiera, haga o diga. Me van a forzar igual”). Imagina que tu médico te recomienda hacer deporte para bajar un poco de peso y, de paso, el colesterol y prevenir así problemas vasculares; para alentarte a hacer ejercicio, tu pareja te hace comentarios del tipo “El vecino sale todos los días a hacer deporte y fíjate qué cachas está”, “Eres un poco vago y por eso estás así”, o “Lo tuyo es un caso perdido”. ¿Sería justo que te hicieran sentir así, independientemente del fin deseado? ¿Acaso te haría sentir más motivado para hacer deporte?

Y aún más difíciles de ver son las consecuencias a futuro de forzar a los niños a que coman. En un estudio científico del año 2002[1] se encuestó a un total de 140 estudiantes universitarios que declararon haber sido obligados a comer alimentos que no les gustaban durante su infancia. Los encuestados afirmaban recordar esos episodios como detonantes de conflictos interpersonales y de afecto negativo o rechazo. En particular, el aspecto más aversivo de esas situaciones lo encontraban en la sensación de pérdida de control y de indefensión.

Pero también sobre los propios alimentos que fueron forzosamente administrados generan rechazo en la edad adulta. En el estudio citado anteriormente, el 72% declaró que no volvería a comer esa comida voluntariamente. Dicho estudio concluye, por tanto, que la combinación de comidas desagradables y los conflictos interpersonales tienen como consecuencia el rechazo a largo plazo del alimento obligado a ingerir. Yo, personalmente, añadiría que ese rechazo también puede generarse con independencia del sabor agradable o desagradable del alimento, sino por la propia asociación alimento-conflicto.

Estrategias para no forzar a los niños a comer

Hay un dicho que considero muy cierto y aplicable en cualquier aspecto de nuestras vidas: más vale prevenir que curar. Y cuando nos referimos a cualquier aspecto en el que la confianza interpersonal entra en juego, la importancia de prevenir cobra aún más sentido, porque todos conocemos por nuestra propia experiencia que la confianza es algo así como un gran castillo de naipes: cuesta mucho construirla, pero muy poco destruirla.

Por eso, es mucho más conveniente empezar desde el principio (¡sí, desde el nacimiento mismo!) a alimentar de forma respetuosa. Pero si el problema ya ha aparecido y queremos revertir la situación, debemos saber que, aunque se necesita más paciencia y tiempo, nunca es demasiado tarde para solucionar los conflictos a la hora de comer.

Tanto a la hora de prevenir como de curar las consecuencias de la alimentación forzada, éstas son algunas ideas que pueden ayudarnos.

  • Nunca obligues al niño a comer. Parece lógico empezar por esta estrategia, ¿no? Nunca, jamás, obligues al niño a comer. A las personas no siempre nos apetece comer cuando “se supone” que deberíamos estar comiendo. Si aceptamos que esto ocurre con nosotros mismos, ¿por qué no lo aceptamos en los niños?
  • Si lo has hecho en el pasado, recupera su confianza. Si hasta ahora le has obligado a comer, hazle saber que estás arrepentido por pensar que forzarle sería lo mejor para él. Pídele perdón (es muy importante mostrar a nuestros hijos que a veces nos equivocamos) y dile que quieres “empezar de nuevo”. Necesitarás tener paciencia durante los primeros días hasta que tu hijo recupere la confianza y pierda el miedo al momento de comer.
  • Ningún niño sano deja de comer si tiene hambre. Ojo, no lo digo yo. Lo dice la naturaleza, ni más ni menos. No hay organismo sano que se niegue a ingerir alimento cuando lo necesita. Si no, ese organismo no se adaptaría al medio y su especie habría desaparecido de la faz de la Tierra. Si tu hijo no quiere cenar, no te preocupes, no se va a morir; es que no tiene hambre. Verás con qué ganas desayuna la mañana siguiente.
  • Olvídate de los horarios. En especial durante los primeros meses del bebé, lo importante es que el niño se alimente de forma saludable, no que lo haga cada tres horas y cuarenta y cinco minutos (¿qué otra especie animal se alimenta con esta rigidez horaria?). Si habéis optado por la lactancia materna (¡enhorabuena!), es tan sencillo como ofrecerle regularmente el pecho al niño, que ya comerá si le apetece y si no lo usará de chupete. Si no ha habido éxito con la lactancia, ofrécele alimento regularmente pero no te obsesiones con que tiene que tomarse todo el biberón. Si lo rechaza, no insistas, ofréceselo un poco más tarde. Y, por favor, no despiertes al bebé para que coma. Se despertará con tanta hambre que ya se preocupará él de hacértelo saber.
  • Respeta su ritmo. En mi trabajo suelo comer con un compañero. Él suele tardar unos 15 minutos en comer y yo unos 40, de media. Las personas comemos a diferentes ritmos, y los adultos nos respetamos entre nosotros. ¿Por qué no respetar entonces también los ritmos de los niños? Algunos días tu hijo tardará más de lo habitual, posiblemente porque no tenga el mismo hambre que en otras ocasiones. Sé paciente y espera a que diga “ya he terminado”.
  • Ten listo un alimento alternativo (saludable). Especialmente cuando introducimos un alimento o simplemente una receta nueva, ten a mano una alternativa en caso de que no le guste (¿a ti te gustan absolutamente todas las comidas nuevas que pruebas?). ¿Te preocupa que no coma sano? Adecua la alternativa al plato nuevo (por ejemplo, si el plato nuevo es a base de verduras, ten listo otro plato con verduras cocinadas como a él le gustan). Si no has tenido tiempo de preparar la comida alternativa, no pasa nada, pero acepta que el plato nuevo pueda no gustarle y no le obligues a comérselo. Y no olvides: la alternativa debe ser saludable; aunque la pasta lo es, comer pasta seis días a la semana no lo es.
  • Respeta sus gustos. ¿Te gustan absolutamente todos los alimentos que hay en un supermercado? Si es así, enhorabuena, eres alguien extraordinario. Porque lo “ordinario” es que a las demás personas no nos gusten todos los alimentos. Y también es normal que lo mismo ocurra en los niños. Si has probado diferentes formas de cocinar las acelgas y ninguna le gusta a tu hijo, lo más probable es que no le gusten las acelgas, las prepares como las prepares. Prueba con otra verdura parecida.
  • Elaborad juntos una lista de comidas que le gustan. Puedes organizar la lista en función del tipo de alimento (verduras, pescados, carnes, legumbres, pasta… etc.), para así asegurarte que la dieta es lo suficientemente variada. Puedes ilustrar los alimentos de la lista con fotos de los propios platos. A veces, algo tan simple como preguntar qué le apetece y adaptarnos a ello hace que el momento de comer sea mucho más placentero para todos.
  • No uses premios ni castigos con la comida. ¿Crees que una buena forma de inculcar la pasión por la lectura sería ofrecer un premio cada vez que tu hijo leyese un libro? El placer (y la salud) por la alimentación es algo que debe motivar en sí mismo a tu hijo a la hora de comer, y no el helado de después. Además, no te funcionarían durante mucho tiempo… En su lugar, explícale de un modo en que pueda entenderlo (en función de su edad) por qué comer saludablemente nos ayuda a estudiar, a jugar, a estar alegres… etc.
  • Conviértete en su ejemplo. Es mucho más fácil que tu hijo “se anime” a comer judías salteadas si ve que sus padres las comen a menudo. Por el mismo motivo, si no cuidas demasiado tu propia alimentación y comes a menudo comidas poco saludables, será más difícil que el niño quiera seguir una dieta distinta a la tuya.
  • Comed juntos siempre que sea posible. Una costumbre muy arraigada en España es la de servir las comidas a los niños primero y comer nosotros, los padres, después. Aunque entiendo sus aspectos prácticos, no me parece la mejor idea. Para las personas, comer es mucho más que un acto biológico: es también un acto profundamente social. Y también lo es para los niños. Disfrutarán mucho más de las comidas si lo hacen disfrutando de la compañía de toda la familia.
  • Comed lo mismo siempre que sea posible. Predigo que pedirle que coma lentejas mientras tú comes una pizza cuatro quesos familiar con doble de beicon y mozzarella no te arrojará los mejores resultados. La tendencia natural de los hijos es a comer el mismo alimento que comen sus padres. Aprovéchala.
  • Involúcrale en la cocina. Si se siente parte de la elaboración de las recetas, se sentirá más motivado a querer comérselas. No es necesario pedirle que corte la verdura en juliana; basta con que nos “ayude” a verter la harina a un cuenco, a echar un poco de sal, a remover, etc. ¡Y no olvides comprarle un delantal para niños! Le encantará.
  • Déjale experimentar con las comidas. Hacia el final del primer año y hasta los dos o tres, los niños sienten mucha curiosidad por los alimentos y les encanta experimentar con ellos. Sí, les encanta guarrear. No entienden nuestra obsesión por tenerlo todo impoluto, sólo quieren aprender y aprender. Muchas veces, su curiosidad es tan grande que, ante nuestras prisas e insistencia para que coma, se frusta y llora desconsoladamente. Esto puede conducir a que sufra ansiedad ante los sucesivos momentos de comer. Si, en cambio, encuentran la comida como algo divertido, todo será mucho más fácil.

Pero ninguna de estas ideas funcionarán si no te comprometes a no forzar a tu hijo a comer, empezando desde hoy mismo. Tampoco serán útiles para ti si no abordas este problema con una mentalidad abierta a conocer cómo otra manera de alimentar a tu hijo es más conveniente para él y, en general, para todos.

Puede que tengas la idea inmutable de que obligarle a comer es necesario para su correcto desarrollo, te diga yo lo que te diga. Si piensas así, es difícil para mi convencerte de lo contrario. Pero si tienes la mente abierta (y ciertamente la crianza de los hijos lo merece), te animo a que busques evidencias científicas sobre este tema. Y, sobre todo, que escuches el aspecto emocional de todo este problema, y cómo tu sentido común y lo más profundo de tu corazón te invitan, en el fondo y a pesar de lo que has aprendido hasta ahora, a hacer las cosas de otra manera. A alimentar con amor y respeto.


Referencias:
[1] You will eat all of that!: a retrospective analysis of forced consumption episodes

Imagen de cabecera vía Shutterstock.

Himar Viera

Apasionado de la crianza basada en el respeto y el cariño. Entusiasta y estudiante de Psicología. Mi mayor logro: ser padre. Me ha cambiado la vida.

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Crianza respetuosa Equilibrio personal y familiar

28 comentarios

  1. Marujismo dice:

    Un post completo, completo. Estoy de acuerdo en todos y cada uno de los puntos. Lo de los percentiles… En fin. Nunca he entendido lo de que los niños coman antes y los adultos después. Me parece mucho menos práctico y negativo para que se involucren en las rutinas cotidianas.
    Nosotros somos fieles defensores de esta forma de alimentar a Mara. Al final, ella sabe lo que quiere comer y no nosotros. ¿O acaso ella sabe lo que tengo que comer yo?
    :-)

    • ¡Hola Marujismo! ;-)

      Lo de percentiles genera tantísima confusión a veces que eso se traduce en miedo y angustia. No todos los pediatras se preocupan por explicar a los padres qué son y para qué son.

      Genial tu reflexión sobre la alimentación de Mara. Es una señorita con mucha suerte ;-)

      ¡Enhorabuena, padrazos! :-) ¡Y a ver si nos conocemos ya! :-D

  2. Marujismo dice:

    Por cierto. Me acabas de inspirar para un completo post sobre el BLW y las dichosas frasecitas que hemos tenido que escuchar (y escucharemos).

  3. Susana dice:

    Hola! Comparto al 100% tu opinión sobre la alimentación pero me gustaría compartir un matiz que le da una pequeña vuelta a este tema. Con nuestra hija quisimos hacer las cosas bien desde un principio y optamos por informarnos y seguir la corriente de baby lead weaning (dejar que el bebé coma lo que quiera y en trozos, nunca papillas ni cucharas en la boca).
    El caso es que nuestra hija es de las pequeñajas que se niegan a comer. Y no está en el percentil 3 sino en el 0,1. Así que cuando día tras día le pones el plato de comida delante, se mete un bocado lo traga (con suerte) y no quiere más, te preguntas si no estarás equivocándote, si no deberías de mandar todos los libros de alimentación respetuosa a la basura y emplear otras tácticas. Así que agradezco mucho tu post de hoy para darme un poquito de fuerzas y seguir por esta senda aunque sea en contra de abuelas, vecinas, amigos y demás.
    Cada día me repito que algún día empezará a comer un plato de comida y que es normal que con 2 años sólo quiera teta. Pero la verdad es que cuesta hacerse a la idea y más cuando sales fuera a una comida familiar o de amigos y tienes que ver las caras de desaprobación y los ojos en blanco de los expertos de turno (¿pero no come de nadaaaa? pues el mío se come unos platos de puré de verduraaaas!).
    En fin, que muchas gracias y muchas felicidades por tu blog.

    • Hola Susana,

      Sé que no es fácil lo que voy a pedirte, pero tienes que mantenerte fuerte y firme con tus decisiones (sean las que sean) ante tus familiares, amigos o conocidos. Al fin y al cabo, tú eres quien decide sobre la crianza de tu hija y los demás no deberían influirte. La gente es libre de opinar, muchas veces lo hacen sin saber que pueden hacer daño, pero tú no puedes impedirles que lo hagan. Lo que sí puedes (¡y debes!) hacer es no permitir que sus opiniones te afecten. La próxima vez que te hagan algún comentario que te incomode sobre la alimentación de tu hija, diles amablemente: “agradezco mucho que quieras aportar tu opinión, pero en este tema prefiero hacer las cosas a mi manera. Comentarios como el tuyo me hacen sentir incómoda, y te rogaría que no cuestionaras cómo decido alimentar a mi hija”.

      Ya “de puertas para adentro”: lo más importante es que tu hija, coma la cantidad de comida que coma, esté sana. Si el único “problema” es que está en un percentil bajo (y este percentil se ha mantenido en el tiempo), no te agobies, hay niños que realmente comen muy poco. Por supuesto que pronto comerá del plato.

      Muchos ánimos y gracias por compartir tu experiencia :-) ¡Un abrazo!

    • Maria del mar dice:

      Hola, tengo una niña de dos años y no quiere probar la comida desde hace dos meses, solo toma leche de crecimiento. Al leer tu comentario he visto que a tu niña le pasaba lo mismo y quiero preguntarte, si ya ha empezado a comer comida? Y como ha sido el proceso? Te agradeceria mucho que me contestaras, gracias de antemano

  4. Me ha parecido un post muy muy interesante, así que enhorabuena (como siempre) por tu artículo. La verdad es que este tema me parece siempre un tema conflictivo… tanto por las dificultades que entraña alimentar a un bebé/niño en sí desde el respeto, como por las opiniones externas, que creo que en este aspecto de la crianza son mucho más fuertes porque son los momentos que se comparten más habitualmente con la familia. Creo que resistir a la presión social y familiar en este punto es muy muy difícil, sobre todo, en los casos en los que los que aconsejan defienden (desde la experiencia de su “eficacia”) que si no obligas al niño a comer no comerá de nada y lo estás malcriando (y hacen que te cuestiones si lo estás haciendo mal). Sé que de la teoría a la práctica (como en todo) hay un abismo… y toca vivirlo para poder opinar. Así que te agradezco que abordes este tema para reflexionar y que animes a otros padres y madres a empezar/continuar con la alimentación respetuosa. Un abrazo!

    • ¡Laura! :-)

      Muchas gracias, de verdad. Tu opinión siempre es muy importante para mi. Me alegro de que hayas encontrado interesante la entrada. Mi objetivo en este post era dirigirme exclusivamente a los padres, es decir, exponerles el problema a ellos directamente, a pesar de que soy consciente de que la presión social es muy fuerte. Creo que lo prioritario es que los padres tengan claro qué quieren ellos para sus hijos, y no dejarse influenciar por los demás es, aunque también muy importante, secundario. O así debería ser, aunque en la práctica no siempre lo es.

      Tengo pendiente preparar una entrada centrada exclusivamente en las presiones sociales a las que los padres y madres solemos estar sometidos, porque desde luego es un foco muy habitual de problemas.

      ¡Un abrazo muy fuerte, Laura! Gracias por hacerme llegar tu opinión :-)

  5. Espectacular el post. Como dije Marujismo, completo, completo. Ay, si nosotros nos tuviésemos que preocupar por los percentiles. Mara está en el setenta y pico de altura, pero en el 10 de peso. Por suerte, la nueva pediatra nos miró y nos dijo, “es lo normal viendo como sois vosotros”. Aunque se hubiese puesto seria y nos hubiese querido preocupar, no lo hubiese conseguido, porque estamos muy informados, pero por desgracia no todos los padres lo están. Y luego llegan las confusiones, los nervios…

  6. Mariel dice:

    Excelente post, como siempre :)
    Aporto un matiz que creo que es importante: el valor emocional que tiene la comida, tanto para el niño (separarse de mamá) como para los padres.
    A mí, en particular, me tocó un niño que sólo quiere comer pollo con puré. Siendo una madre que colecciona libros de cocina (y que los usa!!), creo que no es casual, jeje.
    Abrazo!

      • Mariel dice:

        Por supuesto, pero creo que la comida en particular, al menos en nuestra cultura aquí en Uruguay, tiene un valor enorme en cuanto a la carga emocional que conlleva. Los adultos no comemos por hambre la mayoría de las veces; lo hacemos porque estamos deprimidos, ansiosos, enojados… No voy a colgarme con todo el tema de la compensación oral porque eso es para un post ;) Pero creo que está bueno tenerlo en cuenta, cuando nos enfrentamos a un niño que “no quiere” comer.

  7. Raquel dice:

    Hola!!

    Yo estoy preocupada porque la hora de la comida con mi sobri se ha convertido en un infierno para él mismo y sus papás. No quiere comer absolutamente nada nunca salvo golosinas y galletas. Cuando llega la hora de la comida entra como en una especie de estado de crisis o de pánico, pone excusas para no ir a la mesa, otras veces sin saber que es empieza a llorar que eso no le gusta.

    Creo que la situación la ha generado esa misma manera de forzarle a comer amenazándolo, llegando en ocasiones el pobre a llevarse un correazo; y por otro lado que no le dan la oportunidad de probar cosas nuevas, de entrada sus propios padres se cierran y dicen “que eso no le gusta”… Y lo catalogan de “mañoso”, en lo personal no creo que las etiquetas lleven a algo bueno a las personas.

    Mi esposo y yo con nuestra hija le dejamos que pruebe de todo, y varias veces. La primera experiencia que tuvo ella con el tomate parecería que no le gustó, pero no desistimos, se lo hemos dado a probar en diferentes ocasiones sin forzarla. Supongo que la primera vez que alguien come algo nuevo es raro que te guste y más si es una textura nueva…

    El caso es que quiero ayudar a mi sobrino y no sé cómo!!

    • Hola Raquel,

      Para que puedas ayudar a tu sobrino, antes debes intentar ayudar a sus padres. Hacerles saber el peligro que conlleva (para su salud no sólo psicológica, sino también física) que el niño coma únicamente golosinas y galletas (raro será que no tenga caries ya…). Y también ayudarles a gestionar mejor (y mucho más respetuosamente) las crisis a la hora de comer, las cuales es muy probable que, como dices tú, hayan sido generadas por las propias tensiones y amenazas.

      Pero lo fundamental es que los padres estén dispuestos a querer solucionar la situación y no limitarse a callar al niño dándole de comer golosinas o galletas, o castigos físicos en el peor de los casos. Si no aceptan la ayuda exterior, te será muy difícil poder hacer algo por tu sobrino, desgraciadamente.

      En un caso como el tuyo, yo trataría de hablar con mi hermano o hermana (padre o madre del niño) en primer lugar, expresándole mi seria preocupación por la situación y toda mi buena disposición a tratar de ayudar. A partir de ahí trataría de que ambos se informaran sobre las causas que pueden haber llevado a la situación actual, y las pautas para corregirla.

      Muchas gracias por dejar tu comentario, Raquel. Deseo que tu sobri pueda comer sin traumas pronto.

  8. paula dice:

    Que lindo todo lo que has explicado!!! Mis padres me obligaban a comer cuando era chica por q no subía de peso y no estaba dentro de los parámetros normales, pero estaba sana!!! luego de visitar médicos, psicólogos y curanderos nada funcionaba….asiq no les quedo otra que aceptar que no necesariamente tenía que comer las cantidades que ellos querían. En la actualidad hay alimentos que no como por que al haberme obligado no les tome mucho cariño…ahora soy madre de dos niños y a veces me siento en esa situación de que no quieran comer pero trato de no entrar en pánico!!!! Saludos!!!

    • ¡Hola paula!

      Tu caso es especialmente ilustrativo: no sólo por las consecuencias que hoy como adulta tiene el que te obligaran a comer de niña, sino también el hecho de que las cantidades “óptimas” de alimento dependen de cada niño, y pueden variar muchísimo.

      Muchísimas gracias por leer y comentar. Por favor, perdona la tardanza en responder a tu comentario. ¡Un saludo!

  9. herloger dice:

    hola,
    soy nueva en tu blog. Una amiga me lo ha recomendado. Pero no soy nueva en lo que es la educacion con apego. Estoy leyendo varios de tus post que he encontrado muy interesantes y he caido sobre este.
    A ver si me podeis dar consejo en una cosilla. Tengo dos hijos que funcionan totalmente distinto a la hora de comer, hasta aqui todo normal. Con el pequenyo tenemos mas “problemillas”. Es bastante irregular en las comidas. A menudo no quiere comer nada, otras come lo que otro dia te ha rechazado. Es un poco como una loteria, hoy se lo come otro dia no. Es bastante escueto en lo que se refiere a gustos. Yo intento darle lo que le gusta e intento al mismo tiempo introducir nuevos alimentos sin mucho exito. En la guarderia como mas bien poco y siempre me llaman la atencion por ello. No tiene ningun problema de salud, esta sanote y lleno de energia. El gran dilema que tenemos entre su padre y yo es el del postre y las cosas dulces. Yo respeto que no quiera comer, que no le apetezca, no le guste, no tenga hambre, este cansado o lo que sea que le pase por su cabezita. Pero a la hora del postre, siempre quiere y nunca se lo salta. Cosa que hace que su padre y yo no estemos de acuerdo. El dice que si no tiene hambre para la comida no tiene hambre para el resto. Y yo no estoy de acuerdo en privarle de comer el postre si le apetece. Mi marido piensa que si el ninyo realmente no tiene hambre, no deberia querer tampoco el postre y que nos toma el pelo y se va a mal acostumbrar. Yo no lo creo. Pero si que se hace dificil este momento porque pasa muy a menudo y como yo me preocupo bastante por una alimentacion sana y variada aunque las cantidades sean pequenyitas, tampoco creo que sea muy sano que coma yogures, compotasy frutos secos solamente. No sé, es un tema que no veo muy claro. A ver si me podeis ayudar. Muchas gracias.

    • Hola herloger, un placer para mí que hayas conocido el blog. Bienvenida :-)

      En cuanto a la primera parte de tu mensaje, en lo relativo a la cantidad de comida que ingiere, lo más importante es lo que tú has dicho: no tiene ningún problema de salud y está lleno de energía. No todas las personas necesitan la misma cantidad de comida para mantenerse en un estado físico pleno. Así que aquí yo descartaría problema alguno.

      El otro tema… entiendo que es complicado, y pienso que los dos, en realidad, tenéis razón. Pero yo te comento lo que haría yo en una situación similar con mis hijos: aunque no evaluaría su conducta como un intento de tomadura de pelo, sí podría entender que el niño sabe que puede obtener con relativa facilidad los alimentos con altos contenidos en azúcares como suelen ser los postres. Y no cabe duda de que éstos suelen ser más apetitosos que los platos principales. Mi primer impulso probablemente sería como el tuyo, es decir, no negarle nada si quiere comérselo; sin embargo, creo que a continuación entendería que permitirle comer sólo postres iría en contra de una buena educación en salud alimentaria.

      Por supuesto, distinto sería si el niño comiera sin problemas los platos principales y quisiera repetir postre. Ahí no tendría dudas y seguramente siempre le daría la opción de repetir. Tú has dicho algo muy importante y que puede ser la clave: es importante que obtenga todos los nutrientes básicos, aunque sea en cantidades pequeñitas.

      No sé qué edad tiene este hijo, pero yo te diría que intentaras hablar con él (por supuesto, al principio parecerá que ni atiende a lo que le estás diciendo; es normal) y decirle que, para poder seguir estando sano, es necesario que coma “aunque sea un poquito” de los platos principales “ANTES de poder comer el postre”, y añadiría que “si solo comes postres, te saldrán agujeros en los dientes y podrán enfermar”. Insisto, no es fácil, pero creo que es el primer paso que yo daría en una situación como la tuya.

      En cualquier caso, e insisto en ello, lo que yo me quitaría de la cabeza es que el niño lo hace por tomaros el pelo. Porque aunque lo hiciera de forma maquiavélica, al fin y al cabo lo haría porque nosotros hemos ido propiciando esa repetición con el tiempo. Tener la percepción de que el problema está sólo en el niño no me parece justo ni tampoco eficiente a la hora de mejorar la situación.

      Muchísimas gracias de nuevo por contar tu experiencia :-)

  10. herloger dice:

    Gracias por tu respuesta. Paul va a hacer 3 anyitos ya. Y si, le hablamos de la importancia de comer sano y variado y que los dulces, que sabemos que son muy buenos de sabor, se tienen que limitar porque son malos para la salud, los dientes, etc. Pero al ninyo no parece inmutarle mucho. Imagino y espero que cuando vaya creciendo lo entienda mejor. Porque hasta el dia de hoy, las comidas en casa han sido en gran numero, una batalla. Como siempre comemos juntos los 4, y el ambiente suele ser crispado. Gajes del oficio.
    Lo de tomarnos el pelo es un decir. Yo se que el ninyo no esta maquinando encontra nuestro pero a veces, parece que sabe lo que hace y que conseguira lo que quiere, que es el postre sin comer antes lo que no le entusiasma tanto.

  11. Carme dice:

    El post me ha encendido la bombilla, he detectado la causa, ahora necesito la solución. Mi hija de 20 meses se niega a comer, la comida y la cena. No hay problema con desayuno y merienda. Hasta hace un mes comía estupendamente, todos los potito, del sabor que fueran y habíamos empezado a introducir sólidos, pan, tortilla, garbanzos… Pero me he dado cuenta de que la embutiamos, que no sabia decirnos que no, o vamos esa es la conclusión a la que llego ahora tras leerte. El problema es que no tengo idea de como recuperar la confianza, no quiere probar nada nuevo, incluso rechaza la tortilla que antes le gustaba. Intenta llevarla a la boca y en el último momento dice No. Ahora veo claramente que la he bloqueado. Suerte tengo q aún toma pecho y por ahí se nutre, porque si no… No se si debo ofrecerle alternativas cuando no quiere comer, si lo hago y no le gusta se enfada… Alguna recomendación? Muchas gracias

    • Hola Carme,

      Lo más importante que te puedo recomendar es que tengas mucha paciencia, porque un niño que ha asociado el momento de comer con un rato desagradable tardará un tiempo en ver la comida de otra manera. Tener paciencia significa también darle tiempo para que se anime a probar nuevos alimentos, incluso a volver a comer los antiguos. Puedes ofrecerle (siempre sin forzar) algo que sepas que antes le gustaba, y, si no, puedes tener a mano una alternativa sana. Así, aunque al principio rechace ambos ofrecimientos, irá aprendiendo que: 1) Mamá (o Papá) ya no me fuerzan a comer, 2) si no me apetece una comida concreta, a veces me ofrecen otra, y la más importante, 3) si no como tendré hambre.

      Permítele su enfado. No digo que se lo refuerces, claro, pero tampoco lo invalides. Al final, todo se traduce en recuperar la confianza en el momento de comer y en la interacción con los padres en ese momento hasta ahora traumático.

      Ánimo, aunque ahora lo veas difícil podrás resolver el problema. Muchas gracias por dejar tu experiencia y, por favor, perdona la tardanza en responderte.

  12. Bego dice:

    Buenas tardes…
    Tengo mellizas de 28 meses que son la razón de mi vida, ambas siempre han comido estupendamente, desde la etapa de los biberones ( no pude dar pecho) hasta los purés… Con 24 meses empezaron una nueva aventura en la escuela infantil, una de ellas ya come de todo tanto sólido como purés, trozos de fruta como papillas… Pero mi segundo corazón no quiere sólido y en la escuela infantil la han obligado a comer sólido con un método que dista mucho de la norma, la educadora introducía en su boca la comida con su dedo, la respuesta de mi niña, la lógica, cerrarse en banda y como lo echaba fuera volvían a insistir un par de veces con el mismo método.. Resultado se ha empezado a tirar de pelo y mi niña en menos de cinco días tiene la frente llena de calvas…. Hemos hablado con ellos y les hemos dicho que NO queremos que la den sólido en el centro y que ya nos encargaremos nosotros como padres de introducir el sólido en su dieta, poco a poco y sin hacerla sufrir y su respuesta ha sido que de vez en cuando hay que obligarles un poquito…. desde hace 4 días ya no la obligan a comer con ” su método ” y hoy es la primera noche en 10 largos días que no se tira del pelo…. En casa con muchísimo cariño y paciencia la estamos introduciendo el sólido probando con nuevas texturas y algún que otro trozo en sus purés y con muy buena aceptación, sin llantos, sin miedos y eso sí con una sonrisa en su cara.

  13. Cristina dice:

    Buenas tardes quería consultar mi problema con mi pequeño tiene 2 años recién cumplidos pero no quiere comer nada más que patatas fritas,hace unas semanas atrás solo quería espaguetis y me pase como 15 días variándole los espaguetis con espinacas ,carnes ,pollo etc.hasta que se puso malo con una gripe y desde entonces solo quiere patatas fritas no se qué hacer le hago sopas,purés de verdura,arroz no quiere nada el quiere comer con la mano y solo pero la demás comida no la coge ni por asomo no la quiere y estoy preocupada por qué tenía anemia leve de no comer variado claro y el médico me dio un jarabe de hierro pero bueno espero me pueda ayudar muchas gracias.

  14. Sergio dice:

    Hola Himar,

    me ha encantado leer varias entradas de tu blog. He ido cambiando poco a poco mis convicciones para educar a mi hijo a lo largo de sus tres años de vida (en breve 3 años y 2 meses) y, en algunas fui dándole la razón a mi mujer: el método estivil me duró 15 minutos para darme cuenta que no podía ser, y busqué info, etc.
    El problema lo estamos teniendo ahora con la comida. Nuestro hijo come de todo, y en la guardería nos decían que no había otro alumno como él: pescado, verdura, ensaladas, sopas…cualquier cosa. Come de todo y bien. Normalmente en la mayoría de casas que vamos, se come lo que ponen; pero el problema lo estamos teniendo ahora mismo en nuestra casa con cada una de las comidas que le ponemos en la mesa.

    Le ha dado por no querer prácticamente ninguna, salvo algunas comidas de cuchara (y no siempre) le sientas en la mesa, dice que no y se va. Antes de leerte a ti, tenía claro que no quería forzarle a comer nada, cosa que mi padre si hacía conmigo. Pero también tengo claro que no debo sustituir una comida por otra, cuando son comidas que sé que las come sin problema. Otra cosa es un plato nuevo, que pueda parecerle poco apetente, teniendo en cuenta lo pequeño que es. Pues como te iba diciendo, él dice que no quiere, y se va. Juega, mira la tele, la tablet, o lo que sea. A veces se queda dormido, y cuando se despierta, o pide salchichas, o papilla, o lo que le venga en gana. Mi mujer siempre cede y le da lo que le pida, yo le digo que así no conseguimos nada, que no me gusta ser estricto, pero creo que nos está toreando en este tema, porque nos ve débiles. Si a él le gusta todo, debería comer en los plazos de comida, porque una cosa es no ser estricto en horarios, y otra que no quiera comer, y a las 16 horas te pida salchichas. También le digo que no le dé nada entre horas, a veces viene del cole comiendo una galleta enorme de la panadería, y claro, luego pasa bien sin comer. Igual que el tema de que a mi mujer le daba igual que comiera mirando la tablet.

    Yo he pensado que es mejor que a la hora de comer, estando los 3 en la mesa (suelo trabajar en casa, y mi mujer está en paro y comemos juntos normalmente) darle lo que hay para comer todos. Si no quiere no le fuerzo, y a la hora de la merienda dar la merienda, y a la de la cena darle la cena, pero no lo que él pida cuando quiera, porque así no conseguimos nada. Creo que la batalla es más con mi mujer, porque estoy convencido que si él ve que no hay más cáscaras, comerá cuando tenga hambre lo que toca….

    Pero claro, tengo miedo a estar siendo autoritario, y no estar haciendo lo correcto, y encima son todo discusiones con mi mujer, que lo primero que me dice es que no va a dejar al niño pasando hambre. Ya le digo que hambre no pasa, que si tiene hambre comerá, que sabemos que come de todo.

    En fin, espero que puedas guiarme en todo este lío. No sé cuando empezó a torcerse todo para que no quiera comer nunca lo que le damos.

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