Omisión de privilegios como modo de castigo

Omisión de privilegios como modo de castigo

Como comentario a la entrada ¿Significa la crianza respetuosa dejar a los niños hacer lo que quieran?, un seguidor del blog escribe:

“Me ha gustado bastante este articulo, lo considero muy util ahora en mi faceta de padre primerizo. Sin embargo, en el tema de los castigos discrepo un poco. Lo que pasa es que es una cuestión de vocabulario, mas que castigos yo abogaría por “privilegios que no obtienes por no hacer las cosas bien”, en lugar de “consecuencia negativa de algo mal que has hecho”. Pero claro está que es necesario que el niño comprenda lo que está bien y lo que no y que razone, aunque el razonamiento sea “me voy a quedar sin salir por no haber hecho las cosas bien”, a lo que se le puede dar la vuelta y puede entender “si hago las cosas bien hechas, a parte de que soy bueno y me hace sentir bien, encima me van a dejar salir”. Yo sí que estaría a favor de estos “castigos”, aunque la palabra sea malsonante, pero siempre aplicados desde el lenguaje positivo y razonando mucho, no “porque lo digo yo”, si no “porque tú mismo sabes que eso no ha estado bien”. Espero haberme explicado…” — Joan

Joan aborda un punto interesante en su mensaje en relación a la educación de los hijos, en general, y a los castigos en particular. Coloquialmente todos tenemos más o menos claro lo que se considera castigo, y es algo así como una consecuencia negativa, no natural -no usamos la palabra castigo si nos electrocutamos por meter los dedos en el enchufe-, a una acción (u omisión) en una determinada conducta.

Si profundizamos un poco más en el tema de los castigos, desde la psicología se entiende como castigo la presentación de un estímulo aversivo ante una determinada conducta (básicamente lo mismo que la definición coloquial). La definición que propone Joan, “privilegios que no obtienes por no hacer las cosas bien” se conoce como “entrenamiento de omisión“. De cualquier manera, ambas son técnicas de modificación de la conducta que se usan habitualmente y que solemos englobar dentro de los castigos.

Independientemente del nombre que le pongamos, en cualquier forma de “castigo” se producen en el niño dos tipos de motivaciones que le llevarán a hacer las cosas de otra manera en futuras ocasiones: una motivación intrínseca y otra extrínseca. La intrínseca es la que hace al niño comprender que es mejor hacer las cosas de una determinada manera por las consecuencias que esta tendría, de manera natural, sobre si mismo y sobre el medio. No me gusta a mi usar los adjetivos “bueno” o “malo”, porque lo hacemos desde la perspectiva de nosotros, como padres, sin pararnos a pensar en que el niño muchas veces no entiende por qué haciendo esto soy “bueno” y lo otro “malo”. Por otro lado, la motivación extrínseca es la que impulsa al niño a hacer las cosas de una determinada manera ya no por las consecuencias naturales de sus actos, sino por evitar (castigos) o recibir (premios) una determinada respuesta por parte del exterior. De esta manera, los niños que son criados de forma respetuosa (sin castigos ni premios) muestran una alta motivación intrínseca y muy baja extrínseca.

Está comprobado que las personas preferimos realizar nuestras acciones por motivación intrínseca (hacer o dejar de hacer esto me hace sentir bien conmigo mismo) que por motivación extrínseca (hacer o dejar de hacer esto me supondrá un premio o un castigo, de naturaleza externa). Un niño que ha sido criado potenciando su motivación extrínseca (como los niños que han sido castigados o premiados) suele esperar cosas “a cambio” tras sus conductas. Un ejemplo típico es el trabajador que no se siente completamente realizado ante un sobreesfuerzo laboral si su jefe no le reconoce públicamente, en lugar de sentirse satisfecho por el esfuerzo realizado en si mismo. En el lado contrario, el niño que ha omitido conductas indeseables por el hecho de no recibir un castigo tenderá a llevarlas a cabo una vez desaparezca el estímulo aversivo (el castigo o la persona que le castiga).

En la entrada “Los castigos y sus efectos” expongo las consecuencias indeseables, muchas veces difícilmente apreciables, de cualquier tipo de modificación de conducta desde la perspectiva conductista. Asimismo, en la página “Educar sin castigar” enumero algunas pistas para las personas que decidan optar por una manera más respetuosa de educar.

Y tú, ¿qué opción prefieres para educar a tu hijo?

(Imagen de cabecera via ShutterStock)

Himar

Apasionado de la crianza basada en el respeto y el cariño. Entusiasta y estudiante de Psicología. Mi mayor logro: ser padre. Me ha cambiado la vida.

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Crianza respetuosa Experiencias

5 comentarios

  1. Mariel dice:

    Por primera vez me ha resultado un poco confuso lo que planteas, Himar.
    Yo separo entre “Consecuencias naturales” y “No naturales”.
    Tomo el ejemplo que plantea tu lector:
    “si hago las cosas bien hechas, a parte de que soy bueno y me hace sentir bien, encima me van a dejar salir”…
    Salir o no salir, no es una consecuencia natural de su acción. Es una decisión adulta, en respuesta a lo que el adulto considera que es un mal comportamiento. Es de todas formas un castigo, pongamos el nombre que pongamos.
    Una consecuencia natural sería:
    “si no ordeno mi habitación, luego no voy a poder encontrar mis juguetes”.
    Allí no se pone en juego la bondad del niño (la cual, para mí, jamás está en discusión), ni entra la visión del adulto.
    Me encanta el tema y los invito a ti y a tu lector a que podamos seguir intercambiando!
    Un abrazo, Mariel

    • ¡Hola Mariel!

      Creo que tanto tú como yo “hablamos el mismo idioma”, Mariel. Estoy 100% de acuerdo con tu comentario. Creo que has entendido esta entrada como si yo propusiera omitir ciertos privilegios como alternativa a los castigos. Pero mi intención era dejar claro que, sea como sea el modo de reforzamiento de los castigos (y las consecuencias lógicas son, como bien dices, igualmente castigos), no son efectivos porque no despiertan en el niño una motivación intrínseca.

      Siento que no lo haya dejado tan claro en el texto :-(

      ¡Muchas gracias por comentar!

      • Mariel dice:

        Si, si, me quedaba clara tu intención, lo que me costó comprender fue la explicación de lo intrínseco y extrínseco. Tal vez es que estamos diciendo lo mismo pero de distinta forma :)

  2. Gui ʚïɞ dice:

    Agregaría, sin ánimo de ofender al papá cuya respuesta dio origen a este post, que el no cambiar los hechos sino la forma de comunicar las cosas es también una forma de subestimar el intelecto del niño, quizás a una tierna edad su forma de expresar el “no premio” le resulte, pero el niño no demorará en manifestar explícitamente que está siendo castigado “…pero si no lo hago no me dejarás salir…” dejando en evidencia que es un castigo expresado de otra forma.

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