Por qué la crianza con apego SÍ les prepara para el mundo exterior

Por qué la crianza con apego SÍ les prepara para el mundo exterior

A raíz de la entrada “10 alternativas a las ‘consecuencias’ cuando tu hijo no coopera“, un seguidor del blog escribió el siguiente comentario:

“¡Hola! Me encanta leer este tipo de consejos y los veo en su mayoría como una gran alternativa a la educación tradicional; choco un poco porque me preocupa que al practicar únicamente este tipo de crianza el niño se tope con un muro de intolerancias en el mundo exterior, donde la gente no tiene la paciencia que sus padres le dan, ni sus maestros la sabiduría emocional, o sus compañeros el tacto de un adulto y él que esta acostumbrado a un ambiente distinto sufra.(…)”.

Una de las mayores preocupaciones de los padres que desean una crianza basada en el cariño y el respeto para sus hijos, pero que todavía albergan algunas dudas al respecto, se refiere a si este estilo de crianza preparará al niño “lo suficiente” para afrontar las desavenencias del mundo exterior (fuera del hogar). Parece como si la mejor manera de que nuestro hijo se desenvuelva con solvencia por un mundo cargado de egoísmo, competitividad, autoridad (legítima o incluso a veces ilegítima) y donde prevalece la conducta de las personas ante sus emociones, sea poner en práctica tales aspectos en casa, y que de ese modo “aprenda, cuanto antes mejor“.

Apoyados en estas ideas, muchos padres justifican entonces los castigos (a veces, incluso físicos), la competencia a toda costa, el valor de lo material sobre lo inmaterial, la escasa utilidad de expresar las opiniones ante una figura autoritaria, etc. Como consecuencia de ello, sus hijos aprenderán que la violencia puede ser adecuada en determinadas situaciones de descontrol (castigos físicos), que es más importante lo que haces que lo que piensas o sientes, que debes intentar adelantarte siempre a la jugada de tu “adversario” en la “lucha” de la vida, que debes callarte y asumir las órdenes de las figuras de autoridad, etc.

Sin embargo, los valores que se enseñan en el hogar por cualquier método de crianza de hoy en día no tienen siempre correspondencia en nuestra sociedad: muchas personas estafan, roban, agreden, violan, insultan, abandonan a sus mayores, maltratan a personas y animales, no respetan los turnos, no ceden un asiento a personas con derecho a ello, no aceptan a personas de otras razas, tiran colillas al suelo, pintan grafitos en las paredes. ¿Cómo preparamos al niño para que acepte este tipo de conductas tan -indeseablemente- presentes en nuestra sociedad, tan alejadas de lo aprendido en el hogar? El propio niño puede ser víctima, en su infancia o en su edad adulta, de cualquiera de estas situaciones. ¿Cómo le preparamos para que pueda superar haber sido víctima de ello? ¿Llevando a cabo esas conductas en casa, y que así aprenda? ¿No sería preferible que aprendiese a gestionar la emoción negativa de ver que estas injusticias están a la orden del día, y adaptarse a ellas?

Criar desde el cariño y el respeto no educa a seres ingenuos que viven en un mundo de fantasía y bienestar paralelo al real, y que serán incapaces de adaptarse (o lo harán con dificultad) al medio. Tampoco enseña que no haya que asumir las normas sociales o las leyes. En realidad, ocurre todo lo contrario: la crianza con apego ofrece al niño las herramientas adecuadas para enfrentarse con éxito a un mundo exigente, en el que sus opiniones pueden no tener correspondencia con la realidad del día a día, pero ante el que sabe cómo manejar correctamente sus emociones para adaptarse adecuadamente. Al mismo tiempo, al conocer bien sus propios sentimientos, enseña a empatizar con los sentimientos de los demás, lo que reforzará la calidad de sus relaciones sociales. A todo esto se le llama inteligencia emocional.

Por otro lado, cuando se teme por si el niño criado de esta forma recibirá muchos “varapalos” al toparse con la realidad del mundo exterior, muchas veces se cae en el error de infravalorar la capacidad del niño para adaptarse a medios cambiantes. ¿Acaso tú, en tu infancia, tenías dificultades para adaptar tu comportamiento cuando ibas a casa de esa tía en la que estaba permitido jugar descalzos, o para aceptar que al cole no se podían llevar los juguetes? Lo que en realidad dificulta a las personas (niños incluidos) adaptarse a medios cambiantes es no superar las emociones enfrentadas resultantes de dicho cambio. Un niño al que en casa le prohíben subirse a los sillones con zapatos con el argumento “porque lo digo yo, y punto” no puede llegar a entender por qué sus primos sí pueden hacerlo en la suya.

Igualmente, un niño educado por métodos más tradicionales (castigos, gritos, abuso de poder, exceso de permisividad, etc.) no tiene necesariamente por qué estar más preparado para desenvolverse en el mundo exterior que aquellos que son criados con apego. Yo fui educado de manera bastante estricta, y comprendí que en casa las normas había que cumplirlas. Sin embargo, especialmente en la adolescencia me mostré muy rebelde ante las normas que yo consideraba injustas en el colegio, el instituto, o en otros ámbitos. Y me costó mucho aceptarlas. Si tuvierais que vaticinar el tipo de crianza que recibieron la mayoría de los presos de las cárceles, ¿apostaríais porque fueron criados con cariño y desde el respeto por sus sentimientos y necesidades? Seguramente no.

Por cierto, se han llevado a cabo múltiples estudios a este respecto. El psiquiatra Alberto Espinosa los analiza en su artículo “Apego y violencia familiar“, en donde concluye, entre otras cosas, que la “función del apego es asegurar el desarrollo de relaciones que protejan del peligro, si esto no se da, el sujeto es más vulnerable a trastornos mentales, a la disregulación afectiva y a ser violento como respuesta a sentimientos de vulnerabilidad y temor al abandono.

El día que cumplamos (confiemos) 80 años, casi cuatro quintas partes de nuestra vida las habremos pasado con preocupaciones, conflictos, responsabilidades, inquietudes. ¿Realmente querríamos que nuestro hijo tampoco disfrute de esa quinta parte de su vida que la infancia le concede, con el único pretexto de que se prepare para lo que le espera? En mi caso, de ninguna manera. ¿En el tuyo?

(Imagen de cabecera via ShutterStock)

Himar Viera

Apasionado de la crianza basada en el respeto y el cariño. Entusiasta y estudiante de Psicología. Mi mayor logro: ser padre. Me ha cambiado la vida.

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Crianza respetuosa Equilibrio personal y familiar

14 comentarios

  1. BRA-VO!
    Ojala todo el mundo supiera asimilar este tipo de cosas y verlo todo con naturalidad, y me incluyo. Al menos intentarlo. Yo lo intento, aunque a veces se fracasa (manejar a mellizos no es excusa, lo sé), pero por insistir, trabajar y volver a intentarlo que no quede. Ojalá pudiera decir que lo conseguimos.
    Lástima que la sociedad muchas veces sea un muro impermeable.
    Saludos. Y enhorabuena por el post ;)

    • Para poder ver este tipo de cosas con naturalidad es necesario desaprender primero, cuestionarnos la idoneidad de los métodos tradicionales, sean en el ámbito que sean. Una vez lo haces, tu mente está mucho más abierta a la hora de buscar la racionalidad de las cosas.

      Nunca se fracasa. Cada error que cometemos nos brinda, si los aprovechamos convenientemente, la oportunidad de mejorar, de afinar la manera en que afrontamos la paternidad, y eso necesariamente repercutirá positivamente en nuestros hijos. La experiencia es que la que nos hará cada vez más ágiles a la hora de recordar lo que realmente queremos para nuestros hijos en esas situaciones difíciles.

      ¡Muchísimas gracias por tu comentario, José M.! Me ha gustado mucho :-)

  2. ¡Bien Himar!
    Si bien aun no encuentro el estudio longitudinal que muestre los beneficios de criar con apego (paciencia… que ando buscando), creo que la forma tradicional no está trayendo muchos beneficios tampoco. Finalmente – que es lo que importa – YO (como padre y pediatra) me siento MUY cómodo criando con apego… Joaquin (cumple 6 en Abril) desde hace un año ha vuelto a dormir conmigo :D
    A ver si mas padres se deciden a “probar”… y luego que comparen y decidan
    Fuerte abrazo
    Yhuri

    • ¡Hola Yhuri!

      Al menos, sí disponemos de estudios (aunque no longitudinales) que muestran que ciertos estilos de apego (los “no seguros”) correlacionan positivamente con conductas antisociales, agresivas, etc. Comprendo que es complicado llevar a cabo este tipo de estudios de manera longitudinal, por su elevado coste. Pero, de cualquier forma, la crianza con apego me parece mucho más respetuosa que los métodos tradicionales, y ofrece un fortalecimiento del vínculo padres-hijo que no encuentro con la misma proporción en tales métodos.

      Me encantan los pediatras que os mostráis abiertamente a favor de este tipo de crianza. En particular, te felicito por haber tomado una decisión como la que cuentas: sin duda es un claro reflejo de que eres un padre “apegado” ;-)

      ¡Muchas gracias por leer, compartir y comentar! :-)

    • Los artículos de la enciclopedia están en el interior de cada padre, de cada madre. Yo sólo trato de serviros de “índice”, para que encontréis en vosotros mismos aquello que realmente queréis encontrar.

      Ojo, qué bien me ha quedado, ¿no? ¡Jajaja! Pero es verdad, es verdad ;-) ¡Muchas gracias Adrián!

  3. mariel dice:

    como siempre, me ha encantado, himar.
    “¿Cómo preparamos al niño para que acepte este tipo de conductas tan -indeseablemente- presentes en nuestra sociedad, tan alejadas de lo aprendido en el hogar?”
    Justamente, ahí está el quid de la cuestión: NO LOS PREPARAMOS PARA QUE LAS ACEPTE. Sino para que se dé cuenta que hay otras formas de hacer las cosas. Y si aprende el respeto y el amor desde casa, eso será lo que tendrá para dar y para exigir.
    Al menos, eso espero ;)

  4. Patricia dice:

    Primera vez que te leo y soy totalmente de acuerdo con tus escritos. Si queremos una vida mejor para nuestros hijos no necesitamos hacerlos sufrir para la vida que les* toca”. Yo los educo en casa y estoy feliz con esa decisión y me siento orgullosa de ellos. Felicitaciones por tu blog.

    • Himar Viera dice:

      ¡Hola Patricia!

      Por favor, perdona la tardanza en responder a tu comentario. Yo también quiero felicitarte por educar con orgullo a tus hijos desde esta perspectiva. ¿Por qué será que todo el que lo hace de forma respetuosa se siente orgulloso de ello? :-)

      ¡Un saludo y gracias por tu comentario!

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