No me come: alimentación forzada y conflictos

No me come: alimentación forzada y conflictos

Crianza respetuosa Equilibrio personal y familiar

Uno de esos “grandes temas” de la crianza sobre los que he cambiado radicalmente mi concepción previa es la alimentación de los hijos. Confieso que hasta hace pocos años creía que era necesario, para educar convenientemente a los hijos en lo que alimentación se refiere, obligarles o forzarles para que coman lo que se les pone sobre la mesa, toda la cantidad que se les pone y a la hora a la que se les pone. Ahora veo con enorme claridad que estaba muy, muy equivocado.

Los adultos solemos imponer a los niños qué, cuánto y cuándo deben comer. A partir de esta premisa, en muchos casos aparecen en el hogar problemas (algunos de gravedad) relacionados con la comida que afectan profundamente a la relación con nuestros hijos en ese momento tan cotidiano y habitual de cada día. Se suele escuchar entonces en boca de los padres la famosa expresión: “mi hijo no me come“. Una frase que, casi sin que reparemos en ello, esconde al mismo tiempo el origen y la solución del problema. Seguir leyendo

Y para 2015: más paternidad con apego

Y para 2015: más paternidad con apego

Experiencias Preparación para la paternidad

Hoy quiero compartir con vosotros algo que ya sé desde hace algunos meses: el 2015 será en el que empezaré a practicar (aún) más paternidad con apego. Concretamente, el doble. Porque a comienzos de año nacerá mi segundo hijo.

Y utilizo el masculino como género no marcado, porque ciertamente ni la mamá ni yo tenemos ni idea del sexo del bebé. No es que vayamos a un hospital del pleistoceno, no, sino que no lo sabemos por voluntad propia. Ya lo hicimos así durante el embarazo del primero y siempre hemos tenido claro que lo haríamos con cualquier futuro hijo.

Por cierto, seguramente penséis “¡pero cómo podéis aguantar las ganas de saberlo! ¡Yo no podría!”, porque nos lo dicen muy a menudo. Pero lo cierto es que no nos cuesta nada en absoluto, sino todo lo contrario, lo pasamos mal cada vez que vamos a una ecografía, ¡por si al médico se le escapa, o por si le da por mostrarnos en primer plano un posible paquetillo! Yo, salvo en las primeras, directamente miro para otro lado y me limito a preguntar “pero entonces todo bien, ¿no?”. No necesito saber nada más.

Llamadme raro, pero yo prefiero esperar al momento mismo del nacimiento para conocerlo/a en todo su ser. Me parece frío enterarme del sexo en una sala oscura, por boca de un hombre o mujer al que prácticamente desconozco, y muchas semanas antes de verle su carita todavía. Y más cuando me da exactamente igual que sea niño o niña. “¿Pero y entonces cómo vais a saber qué ropa comprar o cómo preparar la habitación?”. Con la grande que es la paleta de colores, ¿por qué nos empeñamos en pensar siempre en rosa o azul?

El caso es que espero la llegada del bebé con enorme ilusión, como no podía ser de otra forma. Sin nervios, sin preocupaciones, sin miedos. Con la convicción de que se precisa un sobreesfuerzo, si cabe, para criar a dos niños en comparación con uno. Y con la mirada puesta en el que ya es mi hijo mayor, para que disfrute de la llegada de su hermano/a con la misma ilusión que sus padres.

Quiero terminar esta pequeña entrada en modo ñoño, sentimental, pasteloso, pero creo que siempre es un buen momento (y éste, más) para expresar gratitud. Porque, además, de no ser por esa persona no estaría viviendo tan intensamente la paternidad, incluso puede que ni la estuviera viviendo en absoluto, porque jamás me planteé tener hijos hasta que la conocí, por albergar en su interior y haber albergado a lo mejor que he hecho en mi vida, y porque gracias a ella he encontrado cómo amar puede hacerme más feliz incluso que ser amado.

Cuando unos papás se convierten en héroes: Lucha con Leo

Cuando unos papás se convierten en héroes: Lucha con Leo

Experiencias

Por mi hijo sería capaz de llegar al fin del mundo, si hiciera falta“. ¿Qué padre o madre no ha dicho -o pensado- esto alguna vez? Por suerte, para muchos de nosotros esto sólo se queda tan sólo en una frase, en una idea, y nunca trasciende hacia una necesidad real. Pero hay casos (demasiados) en los que sí lo hace.

Siempre, y especialmente desde que soy padre, me han despertado una enorme admiración esos padres que tienen la maldita mala suerte de tener que luchar contra alguna de las llamadas “enfermedades raras” en sus hijos. El espíritu luchador y una fe inquebrantable, alimentados por el altruismo y el amor más puro que puede conocerse, convierte a estos padres en unos verdaderos héroes. Dedican sus vidas a buscar una solución mejor para sus hijos, les cueste lo que les cueste. Seguir leyendo

Por qué la crianza con apego SÍ les prepara para el mundo exterior

Por qué la crianza con apego SÍ les prepara para el mundo exterior

Crianza respetuosa Equilibrio personal y familiar

A raíz de la entrada “10 alternativas a las ‘consecuencias’ cuando tu hijo no coopera“, un seguidor del blog escribió el siguiente comentario:

“¡Hola! Me encanta leer este tipo de consejos y los veo en su mayoría como una gran alternativa a la educación tradicional; choco un poco porque me preocupa que al practicar únicamente este tipo de crianza el niño se tope con un muro de intolerancias en el mundo exterior, donde la gente no tiene la paciencia que sus padres le dan, ni sus maestros la sabiduría emocional, o sus compañeros el tacto de un adulto y él que esta acostumbrado a un ambiente distinto sufra.(…)”. Seguir leyendo

Diez pasos para amar incondicionalmente

Diez pasos para amar incondicionalmente

Equilibrio personal y familiar

“La lección última que todos tenemos que aprender es amar incondicionalmente, lo que incluye no únicamente a los demás, sino también a nosotros mismos.” — Elisabeth Kubler-Ross

Todos sabemos que los niños necesitan amor incondicional para desarrollarse adecuadamente. Pero, ¿cuántos de nosotros nos sentimos capaces de darlo? No podemos, simplemente, dar algo que no llevamos dentro. Amar a tus hijos comienza con amarte a ti mismo.

Si no tuviste una infancia perfecta, o si eres más irritable que compasivo, ¿debes rendirte en el propósito de ser un buen padre? No. Diferentes estudios muestran que siempre podemos crecer interiormente, hasta convertirnos en más amorosos con nosotros mismos y con los demás. De hecho, el camino más rápido para ensanchar nuestros corazones es la paternidad, porque el amor por nuestros hijos nos motiva a crecer. (Te sacrificas y trabajas duro más por tu hijo que por ti mismo, ¿verdad?) Seguir leyendo