La madre del año

La madre del año

Crianza respetuosa

Hace días que quería haber escrito esta entrada, exactamente desde el mismo 30 de abril, cuando todos pudimos ver en periódicos, televisiones, etc., una noticia titulada en la mayoría de los casos como “La madre del año“, que narraba el caso de una madre que sacaba a golpes a su hijo de una manifestación de protesta en Baltimore, Estados Unidos.

Por si acaso el lector no conoce la historia, la resumo brevemente: durante el transcurso de los disturbios raciales de la citada ciudad, y concretamente en una protesta contra la policía, una señora llamada Toya Graham reconoce que uno de los encapuchados adolescentes que tiraban piedras era su hijo. La mujer reacciona entonces sacándole de la manifestación entre gritos y collejas. Todo ello retransmitido en directo por las cámaras de televisión.

Con mucho menos que lo ocurrido en este incidente un acontecimiento se convierte en tendencia en las redes sociales en cuestión de minutos. Poco después del aluvión de tuits y publicaciones con la noticia se sumaron los medios de comunicación de todo el mundo. Toya Graham, una señora que humilla y agrede verbal y físicamente a su hijo en plena calle se convertía entonces en “la madre del año”.

Voy a ser directo: hay una cosa que me parece aún más lamentable que la actitud de esa madre, y es el aplauso mundial de la comunidad en internet. Y voy a volver a ser directo, antes de que alguno me suelte en su mente mientras lee estas líneas aquello de “no saquemos las cosas de quicio”: pongamos que en lugar de ser un hijo el agredido fuese una hija. Y pongamos también que en lugar de ser la madre la agresora fuese el padre. ¿Estaría también sacando las cosas de quicio? ¿Habría tenido la misma aceptación una situación idéntica, al fin y al cabo, como habría sido en ambos casos (progenitor reprendiendo a su descendiente)?

Y sí, tengo sentido del humor y puedo entender que exista cierta sorna en eso de “madre del año”. Pero no me vale. No me vale porque es la normalización de un hecho censurable lo que conduce a la indiferencia de los demás ante hechos similares. Es cierto que en el estado de Maryland, al que pertenece Baltimore, el castigo físico es legal en el hogar (no así en las escuelas), pero está claro que esa gran cantidad de tuits, retuits y publicaciones en Facebook no salen de Maryland, sino de bastante más cerca. Eso con independencia de que lo legal no equivale siempre a lo ético.

Por supuesto que la actitud violenta del chico es reprobable, y sin duda merece por parte de un padre o madre el poner todos los esfuerzos por erradicar este tipo de comportamientos entre los miembros de la familia. Pero ¿cómo puede ser efectivo el método de educar en la no violencia con acciones violentas? ¿Cómo enseñar que los derechos de los demás deben ser respetados si los propios no lo son?

Me pregunto si alguien se ha detenido por un momento a pensar en cómo puede sentirse el chico por haber sido humillado públicamente, ante cientos de millones de ojos, por parte de quien más espera que le respete (uno de sus padres). Cómo se sentirá en el instituto, entre sus amigos, etc.  Digo puede, porque obviamente desconocemos cómo es el ambiente de ese joven en su hogar. Pero me pongo en la peor situación: el chico es un rebelde violento que en el hogar no hace más que ponerle las cosas muy difíciles a sus padres. ¿Es la violencia, verbal o física, la mejor manera de buscar la colaboración de un hijo así?

No, esa señora, o mejor dicho su actitud en ese momento, no es merecedora de la distinción de “madre del año”. Y aunque aborrezco este tipo de calificativos, la “madre del año” habría sido para mi la mujer que, al reconocer a su hijo lanzando piedras en la manifestación se acerca a él, trata de hacerle razonar por todos los medios y le pide de forma respetuosa que abandone la protesta. Que enseña a su hijo que la peor manera de combatir la violencia es la violencia en sí misma. Que hace autocrítica sobre las circunstancias que han podido llevar a su hijo hasta esa manifestación, en lugar de ir de plató en plató concediendo entrevistas.

Pero eso, una madre que actuara así, no sería tendencia en ninguna red social.

Resistencia ante el impulso de pegar (en hijos y padres)

Resistencia ante el impulso de pegar (en hijos y padres)

Crianza respetuosa Equilibrio personal y familiar Experiencias

“He estado indagando en el motivo de que mi hijo pegue y hay varias causas. Una de ellas en el cole. Sale muy violento del cole a diario, porque allí juegan pegándose. Y con 20 niños en clase, las profes no dan más de si. Yo alguna vez le he dado algún azote, hace mucho que ya no lo hago, se me escapó alguno instantáneo cuando la hermana era muy bebe y la hacía daño intencionadamente. Es que ni lo pensaba, me salía automático, era como un instinto de protección. Luego lloraba yo y me arrepentía, pero claro, el daño ya estaba hecho. Y a lo mejor él siente que si a él le puedo pegar, él puede pegar a la hermana.” — Miriam

Me produce mucha tristeza que en algunos colegios permitan que los niños jueguen pegándose. Comprendo que para un único docente controlar a 20 o 25 niños simultáneamente puede ser muy difícil, pero esto no viene a ser más que un indicador más de que algo no está funcionando bien en las escuelas. Obviamente, “jugar” pegando influirá de algún modo en el niño. Pero ni siquiera en ese caso un niño emocionalmente equilibrado mostraría tendencia a querer pegar a su hermana. Debe haber algo más en su interior que le hace sentir la “necesidad” de hacerlo. Seguir leyendo